La Generalitat y Ada Colau aniquilan el mercado de alquiler

Gonzalo Baratech
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El precio del alquiler de la vivienda en Barcelona se disparó un 8,2% el año pasado, según los estudios que manejan los portales inmobiliarios. El dato es demoledor. Evidencia el monumental fracaso de las medidas intervencionistas que la Generalitat y el Ayuntamiento de la Ciudad Condal vienen practicando en materia de arrendamientos.

En efecto, los burócratas del Govern se han atribuido la facultad de decretar el canon máximo al que los propietarios pueden poner sus casas en el mercado. Y las consecuencias no se han hecho esperar.

La oferta ha caído en barrena. Muchos pequeños hacendados se han retraído. Ante las dudas que ofrece el panorama, han optado prudentemente por abstenerse, a la espera de tiempos mejores.

Las webs más renombradas de la intermediación residencial calculan que el año pasado el número de habitáculos disponibles en la metrópoli catalana experimentó un desplome del 40%. Debido a ello, no es extraño que las gabelas arrendaticias subieran como la espuma.

El poder político está dominado por un afán de dirigismo autoritario que no augura nada bueno. Se empeña inútilmente en desafiar las leyes de la oferta y la demanda. Y como no podía por menos de ocurrir, ha perjudicado gravemente a aquellos que pretendía favorecer.

El contraste entre Barcelona y la tan denostada capital de España es tremendo. En Madrid los gobernantes rehuyen toda injerencia. Dan prioridad absoluta a la iniciativa privada.

Gracias a esas brisas tonificantes, el valor de los arriendos no se dispara, sino que el año pasado cayó un 1,4%. A título de resumen, los hiper-controlados inquilinatos de Barcelona sufrieron un incremento de casi 10 puntos más que en la Villa y Corte, donde prevalece una liberalización extrema.

Algo similar puede decirse de los trapicheos de Ada Colau. Cuando se postulaba para la alcaldía, alardeó de poseer la varita mágica que acabaría con los especuladores, los fondos buitres y los grupos de presión.

Sus compromisos electorales iban en una doble dirección. Por una parte, poner fin a los desahucios. Y por otra, terminar de una vez por todas con la inflación de los alquileres.

Solo sus acólitos más acérrimos confiaron en que sería capaz de semejantes hazañas. Pero que se sepa, la regidora jefa no está investida de la potestad de derogar las leyes hipotecarias o de fulminar otra ley, la antes citada de la oferta y la demanda.

Ada aseguró asimismo que levantaría cobijos sociales a porrillo. El fruto de sus desvelos no puede ser más deplorable. Las promociones del Ayuntamiento en la práctica apenas se han estrenado, por la potísima razón de que su desarrollo suele llevar años y entraña fuertes dispendios.

Además, la alcaldesa ha preferido dilapidar el dinero de los contribuyentes en untar a sus paniaguados por la vía directa de las subvenciones. A tal mangoneo destinó la bagatela de 420 millones de euros en los últimos seis años.

Otro gallo cantaría a los ciudadanos más vulnerables si ese dineral se hubiera empleado en erigir moradas para ellos. Ante el fiasco garrafal de sus planes, la alcaldesa se sacó otro conejo de la chistera, a saber, los contenedores de barco reconvertidos en “apartamentos”. Se trata de cubículos estrafalarios de 30 a 60 metros cuadrados, instalados en engendros del transporte marítimo, donde los beneficiarios podrán hacinarse con sus familias.

La osadía de la compañera Colau no conoce límites. Como es incapaz de poner fin a la lacra de la falta de alojamientos, de un tiempo a esta parte obliga a los promotores a destinar a hogares protegidos el 30% de los edificios que levanten. El efecto inmediato de semejante disparate es el súbito eclipse de las edificaciones nuevas. Las grandes empresas que actuaban en la Ciudad Condal han desertado en masa y ahora abordan sus millonarias inversiones en plazas menos hostiles, incluida la Comunidad de Madrid.

Juan Antonio Gómez-Pintado, presidente de Asprima y Apce, las dos mayores patronales del ramo, declaró esta semana al diario El Español que los excesos reglamentistas han ocasionado daños letales a Cataluña. “Desde que se fijaron los precios, el producto ha desaparecido del mercado. Cataluña es tabú por la inseguridad jurídica. Allí se da mucha cobertura jurídica a los okupas. Tienen una manera de pensar que no va en contra de las empresas, sino en contra de la sociedad”.

Las lumbreras que regentan los destinos vernáculos han hecho un pan como unas tortas. El desastre sin paliativos que han perpetrado debe servir de advertencia para que ninguna otra Administración siga sus pasos.

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¿Quién es... Gonzalo Baratech?
Gonzalo Baratech

Baratech forma parte de una estirpe periodística catalana de larga tradición. Licenciado en Administración de Empresas por la European University y máster en Social Media Branding & Digital Strategy por La Salle-Universidad Ramón Llull, es coautor del libro Mas-Colell, el ‘minessoto’ que fracasó en política. Ha colaborado en Economía Digital y con anterioridad en La Vanguardia Digital y el diario Avui.