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Felices años 20

José Antonio Bueno
6 min

Los años terminados en uno marcan el inicio de las décadas y de los siglos, aunque tenemos tantas ganas de contar algo nuevo que ya es costumbre adelantar el cambio de década a los años acabados en cero. En esta ocasión nadie querrá al año 2020, por lo que todos abrazamos con entusiasmo la nueva década, la de los años 20, que ahora comienza.

Hace cien años, los años veinte fueron años de prosperidad y crecimiento, los locos años 20, y aunque la década acabó con una gran depresión económica al explotar la primera burbuja especulativa guiada por un banco central, el balance fue muy positivo. Coches, electrodomésticos y hasta el teléfono se popularizaron gracias a una transformación productiva sin igual basada en la innovación tecnológica y, también, a la conciencia de la necesidad de una clase media no ya por justicia social sino para crear un mercado en el que poder vender los cada vez más numerosos bienes producidos en las incipientes cadenas de montaje. Hace cien años nació la sociedad del consumo. Al final de la década se inauguraron los icónicos rascacielos Empire State y el Chrysler, colofón de un proceso de recuperación de una maltrecha economía tras la primera guerra mundial y, oh casualidad, una devastadora epidemia de gripe que acabó con cerca del 5% de la población mundial (la covid de momento “sólo” tiene una letalidad global del 0,023%).

Mirar hacia atrás debería darnos ánimo para ver el futuro con optimismo. El año que comienza debe ser un año de recuperación, si las vacunas no nos dan algún susto, que todo podría ser. Además el virus en sus mutaciones puede que contagie más, pero también se irá debilitando y el número de personas con anticuerpos cada vez es mayor. La epidemia del siglo pasado terminó en verano sin vacunas sino simplemente al alcanzar la inmunidad de rebaño, más del 50% de la población mundial se contagió, y porque el virus se debilitó tras sucesivas mutaciones. En verano, si la vacuna funciona mínimamente, estaremos en un escenario similar. Si en 2020 nuestra economía se ha contraído más de un 10%, crecer algo en 2021 no debería ser muy complicado. Es cierto que tardaremos en volver a los niveles de riqueza de 2019 y mucho más en reconducir la deuda a un territorio razonable pero los próximos meses deberían ser mejores, o cuanto menos, menos malos que los que dejamos atrás.

Hoteles, bares, restaurantes, agencias de viajes, transporte, espectáculos, teatro, conciertos, cines, aviones, trenes, cruceros, … tienen que recuperar la actividad por su bien pero también por el de nuestra sociedad. Y a la recuperación de la actividad debería añadirse el impulso transformador de los fondos europeos, 140.000 millones de euros que no podemos malgastar. Es mucho, muchísimo dinero, prácticamente el doble del neto de lo que recibimos en los 25 primeros años de nuestra permanencia en la Unión Europea. Y con ese dinero hicimos autovías, trenes, paseos marítimos, aeropuertos, polideportivos y rotondas para aburrir. Ahora deberíamos ser capaces de impulsar la digitalización, la transformación energética, la reindustrialización y en definitiva la modernización de nuestra economía que se ha demostrado la más débil y volátil de la Unión Europea. Si algo ha demostrado la crisis actual es que nuestro modelo económico no da para mucho más, hemos de cambiar muchas cosas.

El único gran inconveniente para la recuperación no es el virus ni los riesgos de las vacunas sino la pésima calidad de la gran mayoría de los políticos, entre otras cosas porque muchísimos de ellos solo saben vivir del erario público, sin experiencia en el mundo real y sin otra alternativa vital que perpetuarse en sus poltronas. En Cataluña, además, tendremos elecciones el día de San Valentín, claro está si Junts no manipula aún más la opinión y las aplaza a mayo con el argumento de salvar vidas cuando a lo que aspirarán será a ganar tiempo para estabilizar su nuevo partido y, también, esperar la lotería de la pérdida de la inmunidad europarlamentaria de su líder mesiánico para proyectar su nuevo victimismo contra su archienemigo real a quien acusará de pactista por haber votado a favor de los necesarios presupuestos de 2021. Ojalá esta década sea milagrosa y nos libre también de los populismos que nos atenazan.

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¿Quién es... José Antonio Bueno?
José Antonio Bueno

José Antonio Bueno es ingeniero de formación y consultor de profesión, conocedor de la realidad empresarial catalana, española y europea. Ha realizado proyectos en dos sectores fundamentalmente, automoción y servicios financieros, si bien su especialidad en la gestión de procesos de adquisición y compra de empresas le ha hecho conocer otras realidades empresariales. En verano de 2017 inició un nuevo proyecto empresarial con varios socios nacionales e internacionales, tratando de aunar su bagaje como consultor con el análisis avanzado de datos, dándole un nuevo enfoque a sus servicios coherente con la realidad digital que nos rodea.