El regreso del europeísmo

Joaquim Coll
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“Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho", es una de las citas célebres del discurso que en mayo de 1950 pronunció Robert Schuman, ministro francés de Asuntos Exteriores, en el que proponía la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero. La CECA fue la primera de una serie de instituciones suprenacionales que han dado lugar a lo que hoy es la Unión Europea. Su historia, tras más de setenta años, está llena de vaivenes, de momentos de optimismo rebosante, como sucedió tras la caída del muro de Berlín en 1989, pero otros de profunda depresión, cercanos al derrumbe del proyecto. En este sentido, las dos primeras décadas de este siglo XXI han sido absolutamente nefastas en la historia del europeísmo. No obstante, este 2020 ha marcado un cambio de rumbo que nos devuelve el optimismo.

En 2005, Francia y Holanda rechazaron en referéndum el proyecto de Constitución, precipitando a la Unión hacia una de sus peores crisis de identidad. En 2008, el estallido de la burbuja inmobiliaria y financiera, que se originó en Estados Unidos, castigó muy duramente a los países de la zona euro, sobre todo a Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España (los famosos Pigs), que se enfrentaron a los problemas de su deuda con primas de riesgo insostenibles. La moneda única se tambaleó y la crisis fiscal griega a punto estuvo de provocar su salida de la Unión. Las políticas de austeridad impuestas por la troika no solo pusieron en cuestión los valores fundacionales europeos como la solidaridad, sino que fueron el caldo de cultivo para el crecimiento de importantes fuerzas nacionalpopulistas en la última década, cuyo denominador común es el antieuropeísmo. La llamada crisis de los refugiados tensionó aún más todas las costuras. En 2016, la victoria del Brexit significó la salida por primera vez de un estado miembro y abrió un peligroso escenario de contagio que planeó con fuerza tanto en Francia como en Italia. Imaginen qué hubiera sucedido tras una victoria de Marine Le Pen en las presidenciales de 2017 o si  Matteo Salvini hubiera continuado su marcha victoriosa hacia el poder en 2019. La UE podía haberse ido por el sumidero de la historia.

Y en esto llegó 2020 con la pandemia de la Covid-19, en un momento en que el proyecto europeo se tambaleaba tras dos décadas negras. Pues bien, la UE esta vez ha estado a la altura y ha sido capaz de aprender de sus errores pasados. No solo ha dicho adiós a la austeridad, sino que ha dado una respuesta rápida y efectiva a la hecatombe socioeconómica. El acuerdo de los 27 para movilizar 750.000 millones, principalmente en subvenciones y ayudas para que los estados miembros puedan reconstruir y modernizar sus economías, es un éxito sin precedentes que pocos creían posible en tan pocos meses y que ha superado los obstáculos finales de Polonia y Hungría. En paralelo, la Unión también ha demostrado ser útil en algo tan concreto y esencial ahora mismo como las vacunas. Con la compra unificada de 1.425 millones de dosis, la Unión ha demostrado que es mucho más que un mercado. Con los millones de dosis sobrantes, Europa ayudará también a vacunar al resto del mundo. Finalmente, el despliegue de la campaña de vacunación ha sido un trabajo en común de todos los estados en el que se ha puesto en práctica los valores del europeísmo.

La Unión empezó 2020 arrastrando una crisis existencial sobre sus hombros, insegura ante el riesgo de que su compleja arquitectura embarrancara para siempre, asediada por sus muchos enemigos internos y miedosa ante la posibilidad de que Donald Trump revalidara su presidencia. Pero acaba el año más fuerte y segura. Ha encontrado su identidad en la lucha contra la pandemia, ha sabido cerrar el agónico capítulo del Brexit con dolor pero sin mayores daños y va a beneficiarse en los próximos años del regreso de los Estados Unidos al multilateralismo en asuntos cruciales para el conjunto del planeta como la salud, el comercio o el clima. Sin lanzar tampoco las campanas al vuelo, hay razones suficientes para el regreso del europeísmo.

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¿Quién es... Joaquim Coll?
Joaquim Coll

Doctor en Historia contemporánea y especialista en el catalanismo y las políticas de los siglos XIX y XX. Ganó el Premio Ciudad de Barcelona Agustí Duran i Sanpere en 1998. Colaborador habitual en medios de comunicación.