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El profesor y director del Center of Science and Imagination de la Universidad de Arizona,  Eric Finn / UA

Cuando el futuro puede imaginarse sin catástrofes

El divulgador de la ciencia Eric Finn ve en la pandemia una fuente de oportunidades en campos como la telecomunicación, la salud pública o la educación

8 min

Paul Theroux es uno de los escritores de literatura de viajes más populares de EEUU. Sin embargo, su última publicación en la revista Slate es un relato corto de ciencia ficción titulado  “The Vastation”, donde imagina una futura pandemia tan horrible, que a su lado el Covid-19 parece un chiste.

La historieta de Theroux forma parte del proyecto Future Tense Fiction (Ficción en Tiempo Futuro), una serie de relatos cortos de ciencia ficción que fueron encargados a un grupo variado de escritores, periodistas y otras personas relevantes del mundo de las letras con el fin de que reflexionasen sobre cómo la ciencia y la tecnología cambiarán nuestras vidas.

Portada del libro Future tense fiction / AMAZON
Portada del libro Future Tense Fiction / AMAZON

“Nuestra misión es inspirar la imaginación colectiva para desarrollar futuros mejores”, explica Eric Finn, fundador y director del Centro para la Ciencia y la Imaginación (CSI), centro de estudios vinculado a la Universidad Estatal de Arizona que ha convocado esta original iniciativa literaria.

Creado en 2012, el CSI tiene como objetivo reunir a científicos, artistas, escritores y otros perfiles profesionales del mundo de la cultura y la tecnología para que desarrollen visiones atractivas y convincentes de futuro que logren hacernos realizar cambios positivos en el presente. 

Una historia sobre modificación genética

“Uno de los retos más importantes a los que nos enfrentamos hoy en día es que muy poca gente se siente empoderada para imaginar el futuro. Deberíamos tener todos un sentido sobre la ciencia y responsabilidad hacia el futuro, y eso requiere imaginación. La imaginación es el sistema de encendido de la ciencia, el arte, e incluso de cosas más fundamentales, como la anticipación, la empatía y la resiliencia”, explica Finn.

Doctorado en Literatura Inglesa y Americana por la Universidad de Stanford, Finn admite ser un devorador de novelas de ciencia ficción desde que era un adolescente, pero nunca imaginó que su afición iba a tener un rol tan importante en su carrera:

“Una buena historia de ciencia ficción invita al lector a participar en su mundo. Cualquier persona, sea experta o no, puede leer una historia sobre robots o modificación genética y mantener una conversación, quizás un debate, sobre cómo debería ser el futuro si estas tecnologías se convierten en realidad”, comenta Finn, que antes de fundar el CSI, donde ejerce de profesor en la Escuela de Artes, Media e Ingeniería, trabajó varios años como periodista para varios medios escritos.

“Siempre supe que quería hacer de todo, leer de todo, estudiar de todo. El periodismo fue una fantástica primera carrera para un “generalista” como yo, y hoy puedo decir que estoy muy contento de poder explorar tantas cuestiones a través de la lente del futuro”, añade el académico estadounidense.

Gente en una fiesta con ambiente cyberpunk / UNSPLASH
Gente en una fiesta con ambiente cyberpunk / UNSPLASH

Perspectivas emocionantes

Para Finn, está claro que la pandemia de Covid-19 ha abierto una nueva ventana de posibilidades a la hora de proyectar el futuro.

“Las crisis siempre reclaman nuestra imaginación. Los horrores del Covid-19 nos han forzado a pensar y preocuparnos por desconocidos de una forma que muchos de nosotros no habíamos hecho hasta entonces. Sobrevivir a la pandemia requiere empatía y sentido de comunidad, así como resiliencia individual. La esperanza también es producto de la imaginación”, comenta Finn.

Por otro lado, las crisis “siempre crean oportunidades y esta pandemia nos ha forzado a probar muchos experimentos que antes hubieran sido considerados imposibles”, añade el profesor. Nuestras percepciones sobre telecomunicación, educación a distancia o salud pública, por ejemplo, no volverán a ser las mismas: “Creo que existen perspectivas emocionantes para la gente que vive y trabaja de forma remota, así como nuevas configuraciones que reducirán los viajes innecesarios y mejorarán nuestra calidad de vida”, añade Finn, dando muestras de su particular optimismo hacia el futuro, que ya mostró en su último libro, La Búsqueda Del Algoritmo: Imaginación En La Era De La Informática (Alpha Decay, 2018).

Un sistema de inmunidad cultural

En este ensayo, Finn explica de manera pormenorizada cómo los algoritmos determinan qué contenidos nos muestran las redes sociales o qué recomendaciones nos ofrecen las tiendas online a las que compramos, y, a través de procesos matemáticos, terminan por moldear nuestro gusto y nuestra opinión, sin que esto sea algo traumático. Al contrario, Finn cree que internet ha cambiado nuestra cultura y ha abierto nuevas posibilidades creativas: el uso de Google, la confianza en las recomendaciones supuestamente arbitrarias de Spotify o la manera en que compañías como Netflix se sirven de la gestión masiva de datos para dar con productos televisivos de éxito son solo una pequeña parte de un profundo cambio de paradigma que no ha hecho más que empezar.

Imagen de una ciudad futurista / UNSPLASH
Imagen de una ciudad futurista / UNSPLASH

“Ser pesimista con el futuro es lo fácil”, dice Finn. “Es mucho más fácil señalar todos los defectos de una idea nueva que aportar una idea nueva propia. Es mucho más fácil imaginar el fin del mundo con detalles convincentes de explosiones al estilo Hollywood, que concebir relatos atractivos sobre cómo la humanidad puede prosperar y adaptarse al futuro”, observa. “Sin embargo, necesitamos estas visiones positivas sobre el futuro que nos gustaría ver para que nos sirvan de guía a la hora de tomar decisiones en el presente”, observa.

Ante el auge de los conspiracionistas y negacionistas de la ciencia --especialmente desde el inicio de la pandemia-- Finn cree que hemos logrado conectar el planeta a un mismo “organismo”, un sistema de información de extensión global, pero no hemos desarrollado aún un sistema de inmunidad cultural que nos proteja de los virus y enfermedades de la información. Así que lo mejor que podemos hacer hoy en día “no solo es trabajar para incrementar la cultura mediática y digital, sino también para mejorar el compromiso cívico y la empatía con los demás”, concluye.

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