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Viñeta del libro 'El mar recordará nuestros nombres', que explica cómo España llevó la vacuna de la viruela a Asia y América / PLANETA

La odisea olvidada de llevar la vacuna de la viruela a Asia e Hispanoamérica

Dos libros recuerdan la expedición Balmis, considerada el primer modelo de lucha global contra las pandemias

13 min

El 30 de noviembre de 1803 zarpaba del puerto de A Coruña la corbeta María Pita. En la embarcación iban más de 50 personas, entre tripulación, personal médico y 22 niños huérfanos que eran inoculados de dos en dos cada semana con la vacuna de la viruela para que el virus llegara “fresco” y activo al arribar a las colonias españolas de América y Asia.

Considerada el inicio de la primera campaña sanitaria de alcance mundial, la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, más conocida como la expedición Balmis, fue una campaña impulsada por el rey Carlos IV y encabezada por el médico alicantino Francisco Xavier Balmis con el fin de vacunar de la viruela a la población de los territorios de ultramar.

Objetivo: frenar la pandemia

“En esa época, conseguir en solo seis meses contratar un barco, su tripulación, el equipo médico y concebir el proyecto científico que pensaban desarrollar tiene un mérito increíble”, dijo en una conferencia reciente en Casa América Madrid Luis Enjuanes, virólogo y jefe del Laboratorio de Coronavirus en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC). El reto más grande de la expedición era conseguir que la vacuna llegase en condiciones, ya que viajaban a sitios lejanos donde hacía mucho calor. “Y la solución que encontraron era muy simple, pero práctica: “Llevarla en vivo”. Así que cogieron a 22 niños, a los que inocularían de dos en dos a lo largo de las dos semanas que duraba la travesía para que el virus llegase activo”, detalló el reconocido virólogo, uno de los principales responsables de que en diciembre del año pasado saliera publicada la novela gráfica El mar recordará nuestros nombres (Planeta, 2021).

Coeditada entre la Editorial Planeta, el Ministerio de Ciencia e Innovación (MCIN) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), El mar recordará nuestros nombres es una novela gráfica dirigida al público familiar que narra a través de viñetas ilustradas —en su mayoría protagonizadas por los niños de la tripulación— la expedición organizada por el rey Carlos IV para vacunar de forma masiva las colonias de ultramar, y de esta forma frenar una pandemia que estaba matando a miles de personas y amenazaba con dañar las arcas públicas.

Portada del libro 'El mar recordará nuestros nombres' / PLANETA
Portada del libro 'El mar recordará nuestros nombres' / PLANETA

Actividad sanitaria fundamental

“Las noticias de la epidemia llegaron al Rey en la Navidad de 1802. Si volvía una epidemia como la de 1792 se venía abajo todo el sistema tributario, así que era necesario ponerle freno”, explicó en la misma conferencia en Casa América Susana Ramírez, investigadora de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y coordinadora de La expedición de Balmis. Primer modelo de lucha global contra las pandemias, un libro monográfico publicado por el CSIC en febrero de este año que incluye una veintena de aportaciones de especialistas en historia, derecho, medicina y filología en los que se analizan las diferentes aristas de la expedición. 

“La expedición de Balmis fue una actividad sanitaria fundamental en la historia de la ciencia mundial”, explicó la investigadora de la UCM. “El propio Edward Jenner, el descubridor de la vacuna de la viruela, dijo que esta empresa filantrópica debería pasar a los anales de la historia. Sin embargo, la actividad sanitaria quedó camuflada por las luchas de independencia y no tuvo el reconocimiento que se merecía: España mandó salud a un imperio que se estaba viniendo abajo”, añadió la especialista.

Zendal, la primera enfermera en misión internacional

Para organizar la expedición, el Rey acudió al Consejo de Indias, y este escogió para liderarla al médico alicantino Francisco Xavier Balmis, “un hombre que entonces ya tenía 50 años, con una formación personal y científica consolidada”, explicó Ramírez. Balmis reclutó a su vez a un grupo de personas que fueran óptimas para su proyecto. “Estamos en el contexto de la España ilustrada, con una estructura autoritaria del Estado, y Balmis tenía plenos poderes para hacer lo que quisiera”, añadió. Balmis eligió a sus sobrinos, cirujanos recién egresados de la facultad de Medicina de San Carlos, en Madrid, y luego a Josep Salvany i Lleopart, un médico catalán de unos 30 años con una salud muy debilitada. “No sabemos cómo lo engañó para llevárselo tan lejos. Seguramente, se fue un poco a la aventura”, observó Jiménez, que convirtió la expedición Balmis en su tesis de carrera y ya había publicado otro ensayo sobre el tema en 2004. A bordo de la tripulación médica del María Pita también se sumó la enfermera gallega Isabel Zendal, considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) la primera enfermera en misión internacional de la historia.

Inicialmente, la expedición iba a ser una sola: Madrid, A Coruña, Tenerife, Caracas, México y luego hasta Filipinas. Pero cuando se dieron cuenta de que tenían que conseguir que el virus llegara fresco, al llegar a Venezuela tuvieron que dividirla en dos partes. Salvany se dirigió a la zona meridional del continente americano; Balmis, al norte. El médico catalán, con una salud cada vez más debilitada, fue quien lo pasó peor: a lo largo de los siete años que duró su viaje —en el que aprovechó para construir centros de vacunación y juntas vacunales en todas las ciudades importantes hasta llegar al lado occidental de los Andes— padeció tuberculosis, paludismo, malaria, además de perder la visión de un ojo en Colombia. “Su cuerpo no resistió las subidas y bajadas de los Andes y murió en Cochabamba, Bolivia, en 1810, con apenas 34 años”, recordó Jiménez.

La expedición Balmis, en versión cómic bajo el título 'El mar recordará nuestros nombres' / PLANETA
La expedición Balmis, en versión cómic bajo el título 'El mar recordará nuestros nombres' / PLANETA

Héroes olvidados

“Salvany fue el gran personaje olvidado, hasta hace poco no le dedicaron una placa en la iglesia de Cochabamba donde está enterrado”, explica el ilustrador vasco Javier de Isusi, autor de las viñetas de El mar recordará nuestros nombres y ganador del Premio Nacional de Cómic 2020.

Isusi explica que el formato novela gráfica le permitió dar rienda suelta a la imaginación y explicar la expedición de una forma más literaria y entretenida, que le permitiera conectar con el público más joven. Una de las cosas que hizo fue tratar de explicar la aventura desde el punto de vista de los 22 niños a bordo de la embarcación, “héroes olvidados, igual que Salvany”, entre los cuales estaba el hijo de Isabel Zendal, Benito, un muchacho de 9 años que se crio sin padre.

Relación paternofilial

“No nos debe importar que nadie recuerde nuestros nombres, Benito. Los mayores héroes son siempre anónimos (...) ¡El mar conoce sus nombres!”, le dice a Benito el doctor Salvany (que se hacía llamar Josef Salvani) en una de las viñetas. 

En el libro, Benito establece una relación paternofilial con Salvany, “un hombre muy afable, sensible, que caía bien a todo el mundo”, explica Isusi en referencia al médico catalán, cuyo apellido da hoy nombre al edificio de la Salud Pública Catalana, en el barrio barcelonés del Poblenou.

Niños adoptados y con futuro

Para entender mejor las emociones que corrían a bordo del barco, el ilustrador vasco dice que buscó inspiración en la novela de Javier Moro A flor de piel (Planeta, 2015) que narra la expedición Balmis desde el punto de vista de la única mujer a bordo, Isabel Zendal. Sin embargo, lo que más cautivó a Isusi no fueron las posibles historias de amor y pasión entre adultos a bordo del María Pita, sino la vida de esos 22 niños a quienes les prometieron una educación y un futuro mejor al llegar a América.

“Se sabe poco de esos niños, más allá de que salieron del hospicio de Santiago de Compostela y acabaron en el hospicio de Ciudad de México”, admitió Jiménez, aclarando que para la segunda misión a Filipinas se reclutaron niños mexicanos. Isusi, que ha seguido más de cerca la biografía de alguno de estos niños con la ayuda de un periodista gallego, confirma que muchos de ellos fueron adoptados por familias pudientes de México e incluso uno de ellos llegó a ser catedrático y fundador de escuelas en su país. “Se les hizo promesa de que tendrían una educación al llegar a México, que iban a tener un futuro mejor que el que les esperaba en A Coruña, y parece que la promesa se cumplió”, concluyó Jiménez.

Viñeta de la expedición Balmis en el libro 'El mar recordará nuestros nombres' / PLANETA
Viñeta de la expedición Balmis en el libro 'El mar recordará nuestros nombres' / PLANETA

Una expedición pionera

Para Enjuanes, que se ha encargado de prologar el libro coordinado por Jiménez, no hay duda de que la expedición Balmis fue única y pionera en el ámbito de la salud pública mundial, no solo por querer hacer llegar la vacuna de forma masiva a la población, independientemente de niveles de riqueza y clase social, “sino por la voluntad de planificar la inoculación y formar a los médicos locales para comprometerse en la campaña de vacunación”, dijo, orgulloso de que por fin los héroes de esta expedición vayan saliendo del olvido.

“Tanto Balmis como Salvany tenían muy claro que ‘o nos vacunamos todos o no se salva nadie’”, concluyó.

Una de las viñetas finales de Isusi lo expresa igual o mejor:

“Aunque, en el futuro, las gentes no sepan quiénes fuimos, todos llevarán en su sangre el fruto de nuestra misión. Los mayores héroes son anónimos ¿Sabíais eso? Pero el mar… Ah, el mar… El mar recordará nuestros nombres”, explica Benito a los compañeros de la segunda fase en su travesía de México a Filipinas, en la bodega del Galeón de Manila.