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Niñas en Afganistán, dentro del proyecto de 'Skateistan', basado en la práctica del monopatín / SKATEISTAN

El monopatín en Afganistán: una herramienta para dar poder a las niñas

Oliver Percovich impulsa una iniciativa para que las niñas en Afganistán tengan confianza y oportunidades a través del deporte del monopatín

13 min

En 2006 Oliver Percovich trabajaba como investigador ambiental en Australia cuando decidió viajar a Kabul, la capital de Afganistán, para visitar a su novia de entonces. Además de una maleta con ropa y muchas ganas de conocer mundo, este joven australiano, licenciado en Química y Ciencias Ambientales, decidió llevarse también su inseparable monopatín para distraerse mientras su novia trabajaba.

 “Cuando tenía cinco años, un primo mayor me regaló un skate y eso cambió mi vida. Me gustaba montar en monopatín porque era difícil y divertido, era un niño con una energía inacabable y un poco fardón…”, explica Percovich por email desde Berlín. Así que cuando se puso a patinar por las calles de Kabul y vio que los niños se le acercaban para pedirle que les dejase probar, “y que sus ojos brillaban con la misma emoción que había sentido yo la primera vez que me subí a un skate”, tuvo una idea que le cambió la vida: montaría una escuela de skateboard para niños en Kabul.

“Me di cuenta de que el monopatín no solo despertaba admiración y sensación de libertad entre los chavales de la calle, sino que funcionaba como un “ecualizador” social”, es decir, atraía a todo tipo de niños, independientemente de género, etnia y raza, y despertaba el sentimiento de comunidad”, escribe Percovich, fundador y director de Skateistan, una ong humanitaria dedicada a empoderar a niños, y principalmente niñas, a través de la educación creativa y la práctica del skate.

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Oliver Percovich con un ciudadano en Afganistán / SKATEISTAN

Galardonada con varios premios internacionales y con presencia en tres países diferentes (Afganistán, Camboya y Suráfrica), Skateistan tiene actualmente cerca de 2.500 estudiantes, “la mitad de ellos chicas”, explica con orgullo su fundador. Aunque la situación sociopolítica en Afganistán ha cambiado bastante desde los inicios de la ong, la vida en el país centroasiático sigue siendo dura, especialmente para los menores de 16 años, que representan cerca de la mitad de la población, según datos de Skateistan. Afganistán sigue siendo un país sumido en la pobreza, con un alto nivel de violencia e inseguridad, a lo que hay que sumar un sistema educativo devastado que afecta principalmente a las mujeres. Un 13% de la población femenina no tiene acceso a la escuela, según cifras de la organización, y se ve privada de practicar deporte, una actividad que no está bien vista para las chicas.

Escuelas en Camboya y Suráfrica

Sin embargo, el fundador de Skateistan detectó que el skateboarding se escapaba un poco de estos estigmas y permitía a las niñas que lo practicaban contagiarse de algunos valores positivos del deporte, como el trabajo en equipo, el ejercicio físico y el liderazgo. Otro aspecto clave para aficionar a las niñas al monopatín fue la construcción de skatepark cubiertos junto a la escuela, como el que se construyó en Kabul en octubre de 2009, donado por el Comité Olímpico de Afganistán.

“Una vez que las chicas afganas cumplen los 14 años suelen casarse y no se relacionan con ningún hombre que no sea de su familia. Así que para que una chica pueda patinar solo puede estar rodeada de mujeres y eso solo es posible en un skatepark” comentó en una entrevista a SModa Louisa Menke, fotógrafa y patinadora profesional holandesa, que estuvo en Kabul hace diez años para colaborar en el proyecto y participar en la realización de un documental (Skateistan, la película). “Me quedé impresionada con la cantidad de chicas que querían patinar, muchas más que en Holanda”, dijo Menke, residente hoy en Barcelona, donde se gana la vida como artista y profesora de inglés.

Actualmente, Skateistan gestiona dos escuelas de skate en Afganistán, una en Kabul y otra en Mazar-i-Sharif, la tercera ciudad del país, una en Pnom Penh, la capital de Camboya, y otra en Johannesburgo, Suráfrica. Las escuelas están dirigidas a niños entre 5 y 17 años de bajos ingresos y combinan lecciones de skate con una educación basada en la creatividad y el arte, “con el objetivo de prepararlos para romper tabús sociales y ser líderes para el futuro”, detalla el fundador de la organización.

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Un niño en Johannesburgo, en Suráfrica, en la escuela de Skateistan / ANDY BUCHANAN PARA SKATEISTAN

El programa principal de Skateistan, Skate and Create, está diseñado como una formación extraescolar (dos horas de clase por semana), pero en Afganistán también ofrecen un programa especial llamado Back-to-School, dirigido a los niños que se quedaron al margen de la educación pública y quieren volver a la escuela, explica Percovich. Se trata de un curso de tres horas al día, los cinco días de la semana, que equivale a cursar en un año los tres primeros cursos de Primaria. “Cuando terminan, los matriculamos en la escuela pública, para que tengan una segunda oportunidad”, añade Percovich, entristecido por haber tenido que cerrar las escuelas a causa de la pandemia de Covid-19.

Fortalecer la población local

“Sabemos que es una situación temporal, pero nos duele, sabiendo que para muchos de nuestros alumnos somos uno de los pocos lugares donde pueden divertirse y sentirse seguros”, dice Percovich. Desde Berlín, “estamos haciendo lo posible para contactar con el mayor número posible de estudiantes, pero no es tan fácil como parece, debido a su ubicación: solo el 10% de las familias de nuestros alumnos en Afganistán (el 25% en Camboya y el 60% en Suráfrica), dispone de un smartphone o acceso a Internet, así que no podemos simplemente ofrecer clases online, como otras organizaciones”, se lamenta.

Durante las últimas semanas, el equipo de Skateistan han estado contactando con las familias para comprobar el bienestar físico y mental de los estudiantes, ofrecerles información precisa y correcta sobre el Covid-19 y proponer actividades y ejercicios par que se mantengan ocupados. “El simple hecho de saber que no han sido olvidados puede ser muy significativo para los niños que viven en condiciones de marginalización”, insiste Percovich, convencido de que la  situación actual  “nos recuerda la forma tan diferente con que los acontecimientos globales son vividos por diferentes grupos de personas. Mis amigos aquí, en Europa, tienen un montón de recursos online e ideas para que sus hijos estén contentos en casa, o al menos entretenidos, mientras que para nuestros estudiantes y sus familias, esto no es posible”, concluye.

En el blog de Skateistan, Percovich explica el caso de Tamim, un ex alumno de la escuela de Mazar, sordo, que ahora trabaja como sastre. “Cuando se enteró de que se necesitaban mascarillas, se puso a coser más de 200 mascarillas y distribuirlas por la ciudad entre los más necesitados”, escribe el fundador de Skateistan, cuya filosofía es apostar por el empoderamiento de la población local y huir de la pena y la compasión.

Promover la libertad

“Nuestros estudiantes son igual de capaces que cualquier otro niño del mundo, la única diferencia es que están creciendo en un lugar donde es más duro poder desarrollar todo su potencial. Lo que intentamos hacer es allanar el terreno de juego y darles una oportunidad para que encuentren sus propios talentos y los usen para crear una sociedad mejor para todos”, dice Percovich. “Queremos que nuestros alumnos se conviertan en líderes de sus propias comunidades, y eso solo puede pasar si se sienten empoderados para tomar decisiones en respuesta a las necesidades de sus comunidades. Por eso no tenemos ningún empleado internacional: nuestras escuelas están gestionadas localmente, por instructores locales”.

Si la filosofía es el empoderamiento local, ¿por qué trasladar entonces la sede de la ong de Kabul a Berlín?  “Cuando empezamos a expandirnos a otros países --primero a Camboya, en 2011, y luego a Suráfrica--, nos dimos cuenta de que necesitábamos una base más internacional. La seguridad también se había vuelto un problema en Kabul, además de la dificultad para acceder a Internet, conectar con más gente y lograr que más voluntarios se sumaran a nuestro proyecto”, explica el fundador de Skateistan.

Berlín, según Percovich, tenía la ventaja de contar con una gran comunidad internacional, lo que les permitía encontrar a las personas adecuadas para el equipo, y relativamente económica en comparación a otras ciudades de Europa o Estados Unidos, donde se encuentran la mayoría de sus donantes, espónsores y embajadores de honor.

Entre estos últimos destaca por encima de todo la skater británica Sky Brown, que a sus 11 años se ha convertido en el ídolo de miles de jóvenes aficionadas al surf o monopatín en todo el mundo. Sky Brown vive en L.A con su familia (su hermano pequeño también es un habilidoso surfero y skater) y este verano se hubiera convertido en el deportista británico más joven en participar en unos JJOO si la pandemia de Covid- 19 no hubiera obligado a cancelar los Juegos de Tokyo 2020.

Como “Ciudadana de Skateistan”, Sky Brown ha apoyado varios programas para promover la libertad y educación de las niñas en Afganistán y donado el dinero que gana con la venta de skates diseñados por ella a la apertura de la escuela de monopatín de Pnom Penh. Este era el mensaje de Sky para sus alumnos: “Niños y niñas, podéis hacer lo que queráis, solo tenéis que ser valientes, pasarlo bien y hacerlo porque os encanta”.