Pensamiento

España ante el desafío nacionalista (I)

28 diciembre, 2013 18:06

De forma muy parecida a lo que sucedía durante el franquismo, en Cataluña se ha ido constituyendo en una especie de régimen donde, a todos aquellos individuos o colectivos que no comulgaran con el consenso nacionalista, no se les consideraba adversarios respecto de los demás, sino que se les trataba como a malos catalanes y a enemigos de Cataluña.

Para que todo ello fuera posible, lamentablemente, fue necesaria la complicidad de las grandes fuerzas de izquierda surgidas a partir de las movilizaciones y luchas habidas durante el proceso de recuperación de la democracia, principalmente PSUC, PSC, CCOO y UGT, una vez que estos ocuparon las principales instituciones autonómicas y desactivaron al potente movimiento vecinal de la Transición.

La teorización sobre el régimen catalanista y la denuncia de la orfandad de las gentes de izquierda en Cataluña ha sido después ampliamente demostrado por la práctica y reconocido por destacados intelectuales y políticos

El resultado de esa degeneración servil hacia la derecha y sumisa para con las familias que desde hace siglos dominan Cataluña ha sido la marginalidad a la que han sido reducidos los partidos ahora ya tímidamente de izquierdas y la conversión de los sindicatos de clase en esta clase de sindicatos domesticados.

La teorización sobre el régimen catalanista y la denuncia de la orfandad de las gentes de izquierda en Cataluña, que en un principio nos acarreó el sambenito y la acusación de radicales a quienes lo empezábamos a denunciar hace años, ha sido después ampliamente demostrado por la práctica y reconocido por destacados intelectuales y políticos así como por no pocos de los profesionales de los escasos medios que aún se mantienen alejados o poco comprometidos con el pesebre montado por los diferentes gobiernos autonómicos.

Otros muchos medios, ya fueran privados generosamente subvencionados o los de titularidad pública, radios y televisiones autonómicas, junto con las competencias en educación y las políticas anticonstitucionales en materia lingüística han sido las bases sobre las que se ha construido la formación del espíritu nacional catalanista, otra vez a imagen y semejanza del que los mayores padecimos durante el régimen anterior.

Siendo sobradamente conocida la adscripción al dogma nacionalista por parte de los principales medios gracias a los ingentes recursos recibidos desde el poder, pasaré a tratar acerca de la utilización de las políticas lingüísticas y educativas como instrumentos al servicio del nacionalismo titular y del sobrevenido, adoptado por los principales sindicatos y los partidos "de izquierda".

Por lo que se refiere a las cuestiones relacionadas con las lenguas, la deslealtad constitucional ha sido evidente, permanente en el tiempo y creciente en su intensidad, escasamente contestada desde el Gobierno central de turno y, además, en las muy pocas ocasiones en las que leyes o reglamentos eran sometidos a los tribunales, éstos respondían con una faena de aliño o, cuando el pronunciamiento no pudo ser sino en contra de las disposiciones autonómicas, las instituciones dominadas por el nacionalismo se negaban a cumplir las sentencias ante la cobarde e ilegal pasividad del Ejecutivo central con lo que la realidad actual es que se ha despojado de sus derechos constitucionales a los ciudadanos castellanoparlantes, contrariamente a lo establecido en el artículo 3 de la Constitución.

Y siendo la televisión el principal y más potente medio de manipulación de la opinión pública, recordemos que desde el primer momento, TV3 y las demás emisoras y radios de titularidad autonómica siempre estuvieron dirigidas política y profesionalmente por los más radicales del nacionalismo convergente o de la falsa izquierda independentista quienes expresamente prohibían la utilización del castellano mientras exigían a los medios de titularidad estatal espacios de desconexión en catalán, todo un ejemplo de otra anormalidad democrática, que hoy tocaré de pasada, como lo es también la exigencia de pluralidad a los demás mientras se actúa con desprecio de la pluralidad interna o aquella otra degeneración de la conducta expresada en el mil veces repetido "lo mío es sólo mío y en lo tuyo vamos a medias".

Todos los gobiernos autonómicos y sus responsables en la enseñanza han ido desarrollado políticas encaminadas a educar a generaciones de patriotas en lugar de a ciudadanos auténticamente libres

Pero continuando ya con la enseñanza, aparte de ser el campo en donde reiterada y principalmente se produce la transgresión de la Carta Magna y de las leyes y sentencias de los tribunales en materia de lenguas, es notorio que todos los gobiernos autonómicos y sus responsables en la enseñanza han ido desarrollado políticas encaminadas a educar a generaciones de patriotas en lugar de a ciudadanos auténticamente libres.

Efectivamente, el sistema de enseñanza se ha dedicado a formar auténticos talibanes del nacionalismo, mediante el pisoteo generalizado de los derechos lingüísticos con prácticas tendentes a la marginalidad de la lengua común o con la permanente manipulación de la historia, al servicio de los mitos nacionalistas, en la vía de lo que algunos siempre hemos denunciado y que ahora, finalmente parece cada vez más cerca: el adoctrinamiento de muchos jóvenes en el odio hacia lo español y la creación de un escenario cotidiano en el que el poder nacionalista ha conseguido que se visualice la tremenda falsedad de una mayoría independentista, ante la pasividad, una vez más, del Gobierno central y ante la suicida complacencia de las fuerzas de la antigua izquierda política y sindical.

En este sentido, baste señalar los cientos de antidemocráticos y truculentos referendillos en pequeñas localidades que ante la inacción culposa de los gobiernos socialistas de las grandes ciudades de Cataluña han propiciado un panorama pro independentista que hubiera quedado reducido a absolutamente minoritario o marginal a poco que los dirigentes socialistas de Barcelona, Cornellá, Hospitalet, Sant Adriá, Sabadell, Esplugues y tantas otras ciudades hubiesen actuado decentemente y de forma mínimamente coherente con la realidad de sus militantes y votantes.

Esto habría frustrado esa falsa imagen del soberanismo mayoritario, alimentada por pequeños grupos de activistas radicales promovidos y sostenidos desde el poder para montar numerosas plataformas y aparentar una especie de sociedad civil cuando en realidad no son sino las fuerzas de choque del régimen, fantasmal ejército que, por cierto, también ha sido protagonista en la denominada guerra de las banderas, con episodios tan numerosos como los abusos en colegios y edificios públicos, las batallitas anticonstitucionales montadas en cientos de ayuntamientos eliminando la bandera común y la exhibición de esteladas a la entrada de las poblaciones o en escuelas e institutos, cuando no perpetrando delitos como la quema y vejación impune de símbolos constitucionales.

En resumidas cuentas, la historia nos ha demostrado hasta la saciedad que la deslealtad para con la Constitución y las instituciones, así como una continuada transgresión de las leyes han sido lo más destacado del comportamiento habitual en nuestros nacionalismos periféricos y muy especialmente del nacionalismo catalán, incluso por parte de los denominados catalanistas, supuestamente más moderados.