Escocia a la espera y Cataluña a la suya

por Juan Carlos Segura

29.04.2016
6 min

Ocasionalmente la historia nos ofrece personajes que, ejerciendo como altos mandatarios de sus Estados, han desarrollado labores de gobierno que han beneficiado a sus pueblos. Sin embargo, también han ostentado el poder otros dirigentes que parecen llamados o predestinados a dañar a sus países, con la puesta en marcha de políticas que perjudican ostensiblemente la realidad nacional.

Con esta extraña maniobra política el señor Cameron le ha vuelto a dar una nueva oportunidad al Scottish National Party

En el Reino Unido, el primer ministro, David Cameron, basándose en los informes de sus asesores, que le pronosticaban un resultado contrario a la independencia, convocó el pasado 18 de septiembre de 2014 un referéndum de autodeterminación de Escocia. En los inicios de la campaña, las encuestas se decantaban a favor del voto negativo, y parecía que los consejos de los analistas ingleses estaban bien encaminados. Sin embargo, conforme se acercaba la fecha de celebración, los sondeos daban un avance ostensible del voto afirmativo a la separación de Escocia. Cuando llegó el día de las votaciones, como sabemos, el resultado fue el de mantener a Escocia dentro del Reino Unido, y Mr. Cameron pudo respirar aliviado, no sin antes reflexionar que podía haber pasado a la historia como el primer ministro que fragmentó su país.

Pero parece ser que Mr. Cameron no descansa y ahora se ha empeñado en poner en riesgo la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, convocando un nuevo referéndum para el el próximo 23 de junio. Decisión unilateral que no deja de ser curiosa porque, si bien es cierto que en varias naciones europeas hay sectores importantes de la población que manifiestan tendencias euroescépticas, en ninguna de ellas se ha convocado un referéndum similar.

Con esta extraña maniobra política el señor Cameron le ha vuelto a dar una nueva oportunidad al Scottish National Party (SNP), precisamente porque en ese partido y en la inmensa mayoría del pueblo escocés prevalece la idea europeísta, y por ello con un criterio de simple lógica y de real politik han aplicado el axioma de que "si vosotros os queréis ir de la UE, nosotros no", y en base a esta afirmación, a partir del próximo otoño, ya tienen una causa política para reclamar un nuevo referéndum de autodeterminación.

Conscientes de este nuevo panorama, los nacionalistas escoceses, que dominan el Gobierno y el Parlamento de Edimburgo, han elaborado una estrategia de seducción del electorado escocés que consiste en el desarrollo de políticas y de acciones de gobierno bien encaminadas, que acrediten un buen hacer del Gobierno escocés. Con ello le están lanzando el mensaje a la población de que, cuando llegue la independencia --si llega--, Escocia estará mejor gobernada que Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte y, por tanto, los escoceses tendrán un mejor nivel de vida que el resto de británicos.

Con esta lección de inteligencia política y de honradez ética, el SNP está poniendo en ridículo al separatismo catalán de Junts pel Sí

Con esta lección de inteligencia política y de honradez ética, el SNP está poniendo en ridículo al separatismo catalán de Junts pel Sí, que rige los destinos de la Generalitat de Catalunya. Porque aquí se aplica en sentido totalmente inverso a la política escocesa: así, cuando en Escocia restringen y equilibran el gasto público, en Cataluña no existe política alguna de contención del mismo, habiendo aumentado el número de altos cargos y sus retribuciones. Mientras el Gobierno escocés está consiguiendo aumentar la renta per cápita de sus ciudadanos, el Gobierno catalán es incapaz de contener importantes bolsas de pobreza, cada vez mas numerosas, de centenares de miles de catalanes.

Se trata de dos estrategias diametralmente diferentes. Mientras el Gobierno escocés está apostando por una labor de ejemplaridad que consiga decantar hacia sus intereses a los votantes del 'no' del referéndum de 2014, la falta de imaginación, o yo diría incluso de voluntad, de los dirigentes de Junts pel Sí se ha decantado hacia la única política que ha desarrollado el separatismo en los últimos 30 años: confiar la captación del voto españolista amparándose en mentiras consabidas como el "España nos roba", injuriar al Gobierno de Madrid como causante de todos los males y, cómo no, la tradicional labor propagandística de TV3 y de la todopoderosa Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals.

Pocos ejemplos tendremos en la historia de una constatación tan evidente entre la 'seducción' y el 'dogmatismo'. Unos construyen mientras otros destruyen, unos se amparan en la realidad de los logros conseguidos, mientras que los de aquí, siendo incapaces de cubrir los gastos más elementales de salud, bienestar social o de las nóminas de sus propios funcionarios, sólo saben pedir mas dinero al ministro Montoro.

Por cierto, y para acabar, en este artículo no he utilizado el adjetivo calificativo de 'separatista', inferido hacia los nacionalistas escoceses porque ellos, a diferencia de los separatistas de casa nostra, sólo pretenden recuperar una independencia que les fue arrebatada con engaños y malas artes, en el año 1707 con el Acta de Unión (Unión Act), pero eso sea quizás motivo de otro artículo.

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