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Tantas sombras de ERC

Valentí Puig
08.12.2019
5 min

Jurar o prometer la Constitución por la república cataalna es otro caso de desmemoria lesiva porque si las repúblicas españolas han sido un breve y funesto paréntesis, más breve y funesta fue la república catalana. Por eso, tender el puente federalista es como tomar tila para atajar un ataque de epilepsia.

Tantos años después, el mito de la República como oasis permanece en parte gracias a la inercia del antifranquismo. Todavía se da por supuesto que la República impóluta perece estrictamente a causa de un complot militar, sin contar como precedentes la insurgencia en Asturias y la alteración del orden constitucional en Cataluña, en 1934. Después de aquel conato de revolución, el liberal Madariaga --tan opuesto a los nacionalismos-- consideraría que “la izquierda se privó hasta la sombra de razón para condenar la sublevación de sus contrarios”.

En un libro casi incógnito, el historiador Ramon d’Abadal sostiene en plena Guerra Civil que, con la crisis republicana, “una vez más la historia confirmaba el valor profundo, subconsciente, de la tradición y los peligros que comporta el quebrarla de golpe. En momentos de excitación es relativamente fácil para un pueblo destruir un régimen antiguo: la operación extremadamente difícil es la de asentar y asimilarse uno nuevo”. Al prologar Un año de Cortes Constituyentes, de José de Medina Togores, de El Debate, Gil Robles habla en 1932 de una Cámara “afectada de un vicio de origen incurable”. A quienes obtuvieron el poder republicano les faltó el sentido de la medida: “No se contentaron con una mayoría sólida, sino que se empeñaron en llegar a los límites del copo; no buscaron sólo la victoria, sino que aspiraron a aniquilar al adversario; no se satisficieron con una Cámara predominantemente revolucionaria, sino que cifraron su ideal en conseguir una Asamblea uniforme”. Eso es: la República solo para republicanos que había pedido Azaña, una República que fuese “pensada y gobernada por los republicanos”. Es el envés de 1978.

Ahora, en pugna a muerte con Junts per Catalunya, ERC intenta ser la ganadora en unas próximas elecciones autonómicas para ocupar el margen que tuvo el pujolismo. Pero su pasado está ahí, sobrecargado de sombras. Carod-Rovira quería una Cataluña republicana como país soberano porque decía que España es un Estado inútil. Ese fue el lastre que malogró, con los tripartitos, las fabulaciones políticas de Pasqual Maragall.

Esquerra se funda de forma improvisada en 1931 con la máxima sorpresa de sus propios líderes, siempre en la improvisación. Cambó fue muy crítico con la permanente irresponsabilidad política e institucional del partido de Macià y Companys, crecido en la demagogia. Perdura el mito de Macià, un excoronel del ejército español que luego creyó que había que acabar con la monarquía por el método de la lucha armada. Companys tuvo su día de incierta gloria cuando en octubre de 1934 se rebeló contra el orden constitucional de la Segunda República y proclamó el “Estado Catalán de la República Federal Española”. Ya acabada la guerra, la Gestapo entrega al Companys exilado y muere fusilado en Montjuïc. Es la trágica ilación que lleva a la leyenda del “presidente mártir”.

En realidad, el activo histórico de más peso que ha tenido ERC es Tarradellas. Durante el exilio se mantuvo al margen de su partido. Había sido duramente crítico con la política de Companys. De las propuestas eugenésicas de Heribert Barrera ya ni hace falta hablar. Además, quería que las sevillanas se bailasen no en Cataluña sino solo en Sevilla. En ERC le tienen por un estadista tal vez porque quiso ignorar que el mayor mercado discográfico del flamenco estaba en Barcelona.

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¿Quién es... Valentí Puig?
Valentí Puig

Nació en 1949 en Palma de Mallorca. Escritor en catalán y castellano con más de cuarenta obras publicadas, su trayectoria periodística --básicamente como articulista pero también como corresponsal en Londres-- va desde 'ABC' a 'El Pais' y tantos otros medios. Se considera autonomista y conservador de centro. Su último libro es la novela 'Barcelona 2101'.