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ERC y sus 15 minutos de fama

Ramón de España
5 min

Decía Andy Warhol que todo el mundo tenía derecho a disfrutar en esta vida de 15 minutos de fama. Aunque dudo que Rufián sepa quién fue Andy Warhol --buen intento, Rufi, pero no, no era el bajista de los Beatles en Hamburgo--, su partido está poniendo en práctica el deseo del artista e intentando alargar hasta la náusea los 15 minutos que le tocan. ERC se sabe observada por todos los españoles y es evidente que disfruta de esa atención. No hay más que ver la cara de satisfacción de sus dirigentes cuando salen por la tele a decir que lo de abstenerse para que Sánchez pueda formar Gobierno va para largo, que nos olvidemos del asunto hasta después de las entrañables fiestas navideñas y hasta insinuando que tampoco confiemos demasiado en el passat festes, pues se lo están pasando tan bien siendo la chica más guapa del baile que igual siguen negociando hasta Semana Santa. Ellos no tienen ninguna prisa porque lo que sea de España no les interpela, sino que más bien se la pela.

Algo no funciona en un país cuando, a la hora de formar Gobierno, es necesaria la bendición de un partido residual que solo piensa en salirse de ese país. Que una pandilla de carlistas y meapilas tenga en vilo a una comunidad de más de 40 millones de personas tiene delito, y la cosa resulta aún más deprimente cuando se observa la catadura moral de los negociadores de ERC, donde brillan con luz propia El Tonto de la Moleskine y un zagal sin muchas luces que no había dado un palo al agua antes de que la política separatista se hiciese cargo de él. Es muy triste pensar que el Gobierno de España depende de Gabriel Rufián, por mucho que éste haya evolucionado de energúmeno boquirroto a estadista de tronío… o eso nos quiera hacer creer.

A mí me da cierta vergüenza ver al aspirante a presidente de la nación reunido con un voluntarioso aprendiz de presidiario como Jové y un gañán como Rufián. Hace tiempo que abogo por la ilegalización de los partidos separatistas, pues no creo que un Estado que piense en su futuro pueda permitirse la presencia de una gente que solo piensa en cargárselo. Yo diría que la medida sería también de utilidad para los separatistas --mientras tanto, podríamos reproducir a la entrada del Congreso la célebre admonición del Dante: "Voi che entrate qui, lasciati ogni speranza"--, pues la ley les permite soñar con la independencia, pero los encarcela en cuanto se ponen a convertir sus sueños en realidad, lo cual tiene mucho de contrasentido, pues es como decirle a un cura pedófilo: "Tiene usted derecho a pensar en lo que le haría a ese apetitoso monaguillo, pero como le ponga la mano encima, lo crujimos".

Decirles a los independentistas, parafraseando al torero, que lo suyo no puede ser y además es imposible aclararía mucho las cosas. Y nos libraríamos de espectáculos penosos como el que están dando el PSOE y ERC a lo largo de estos días. Un espectáculo que, además, crea problemas en las propias filas: ERC es acusada de traidora y botiflera por los guardianes de las esencias, y el PSOE tiene muy cabreados a algunos de sus miembros más señeros, que preferirían un pacto de Estado con partidos constitucionalistas, aunque sean de derechas.

¿Alguien conoce algún país medianamente presentable que dependa de un piojo resucitado como Gabriel Rufián para formar Gobierno?

Sánchez comenta las negociaciones con ERC / EFE

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.