Nos equivocamos con Trapero

Joaquim Coll
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A veces es cierto que, como se dice coloquialmente, el tiempo pone a cada uno en su sitio. Josep Lluís Trapero es la única personalidad encausada por el procés que, una vez absuelto, y tras un riguroso silencio que solo rompió cuando fue llamado a declarar en el juicio contra los líderes independentistas, ha hecho un abierto reconocimiento público de sus errores. El mea culpa lo realizó en el acto de ceremonia de su restitución en el cargo de mayor de los Mossos, en noviembre de 2020.

”Todos pudimos haber hecho las cosas mejor, yo el primero”, afirmó en relación a los acontecimientos de otoño de 2017. Pero su autocrítica y voluntad de enmienda fue más allá, y añadió: "No me cuesta reconocerlo. He tenido tres años para reflexionar, pensar y aprender. Una persona al frente de los Mossos debió velar más de lo que yo lo hice por cuidar las relaciones personales y la interlocución con otras instituciones (en alusión implícita al pulso que mantuvo con la Fiscalía y con el coronel Pérez de los Cobos en los días previos a la consulta independentista). Este es un ámbito claro de mejora. Los Mossos dimos una imagen de algo que el cuerpo no estaba haciendo. Quizás no fuimos lo suficientemente claros. Esperemos que aquello no se vuelva a repetir. Nuestras actitudes no deben dar pie a malas interpretaciones", enfatizó.

Y con esa voluntad de apostar por la buena interlocución con los otros cuerpos policiales, explicó que ya se había puesto en contacto con el general jefe de la Guardia Civil y el jefe superior de la Policía Nacional y les había anunciado su voluntad de verles y de poner el cuerpo de los Mossos a su disposición para trabajar juntos. Su declaración sorprendió e incomodó muchísimo a las fuerzas independentistas que semanas antes habían intentado vender su absolución como la prueba definitiva de que la sentencia del procés había sido injusta, mientras la abogada de Trapero, Olga Tubau, negaba el agravio comparativo de Junqueras, Forn y compañía. "La afirmación de que si a Trapero lo hubiera juzgado el Supremo no lo habrían absuelto, no estoy dispuesta a aceptarla”. Lo fácil para Trapero y su abogada hubiera sido dejarse arrastrar entre aplausos por los que querían utilizar esa absolución para cargar contra Manuel Marchena.

No hay ninguna razón para pensar que las palabras del mayor de los Mossos no fuesen sinceras o, como entre algunos sectores separatistas se difundió, que fueran el pago por su absolución. En el juicio llevado en la Audiencia Nacional contra él y otros mandos policiales se descartó rotundamente la tesis de la colaboración pasiva de los Mossos con la celebración del referéndum, que es lo que sostenía la sentencia del Supremo. Ahora bien, eso no es incompatible con la impresión que tuvimos muchos en 2017 de que la cúpula de la policía autonómica intentó nadar y guardar la ropa en unos meses en los que no se sabía muy bien qué podría ocurrir. O como afirmó Enric Millo, delegado del Gobierno en Cataluña en 2017, ”Trapero decidió obedecer a Dios y al diablo". Es una conjetura interesante, pero que no ha podido ser demostrada. En cualquier caso, con esa severa autocrítica, el mayor de los Mossos convirtió su reposición en la mejor garantía de que la policía catalana se había vacunado contra las ambigüedades y las trampas políticas.

Su destitución ahora como jefe de la policía autonómica, cuando solo han transcurrido 13 meses de su restitución, no se puede desligar de la incomodidad que Trapero había suscitado desde hace tiempo a las fuerzas independentistas. Su testimonio en el juicio del procés, calificando de “irresponsables” a Puigdemont, Junqueras y Forn, así como el anuncio de la existencia de un plan para detener al Govern en octubre de 2017, ya creó un fuerte malestar pero muchos lo aceptaron como una estrategia de defensa de cara a su futuro juicio. Ahora, ni el “relevo generacional”, ni la voluntad de “modernizar” o “feminizar” los Mossos, explicaciones esgrimidas por el consejero de Interior, Joan Ignasi Elena, son argumentos reales que explican su destitución.

Su cese se debe tanto a esas palabras de rectificación el día que retomó el cargo en 2020 como a su férrea voluntad de no permitir injerencias políticas para gran enfado de la CUP en la policía, junto a algunos gestos no menores, por ejemplo, el saludo que el mayor realiza a Felipe VI siempre que este visita Barcelona en contraste con el vacío que le dispensan los políticos independentistas.

En 2017 fueron muchas las dudas de los constitucionalistas sobre el papel de Trapero. Recuerdo bien que en los mentideros periodísticos se decía que desde el CNI se tenía la absoluta certeza de que no iba a colaborar con los planes de Puigdemont. Y, sin embargo, a todos nos quedo la sensación de que Trapero cuanto menos se puso de perfil y dejó que el separatismo lo convirtiese en un icono de su causa desde los atentados yihadistas de aquel verano. En la manifestación del 8 de octubre uno de los gritos más coreados fue contra Trapero. Pero el tiempo ha ido poniendo las cosas en su sitio.

Visto en perspectiva, en 2017 no fue ni héroe ni villano, sino alguien que intentó sobrevivir a la enorme tensión que generó el procés, también dentro de los Mossos. Pudo acabar inhabilitado por la justicia, pero laboralmente ha sido el independentismo el que le ha dado un mal final. El Govern de Pere Aragonès no le perdonado ni esa sincera autocrítica, que fue una forma de subrayar que en adelante su acatamiento de la legalidad iba a ser estricta, ni tampoco su independencia de criterio profesional como jefe de la policía.

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¿Quién es... Joaquim Coll?
Joaquim Coll

Doctor en Historia contemporánea y especialista en el catalanismo y las políticas de los siglos XIX y XX. Ganó el Premio Ciudad de Barcelona Agustí Duran i Sanpere en 1998. Colaborador habitual en medios de comunicación.