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Entre la conjetura y la hipótesis

Pedro Vega
28.09.2020
7 min

Viajeros procedentes de Madrid aseguran, tras visitar recientemente la capital del Reino, que la ciudad se ha vuelto “triste”. De otro lado, residentes en lo que el clásico llamó “poblacho manchego lleno de subsecretarios”, recomiendan no acudir ni de visita porque hay “miedo”. Cada cosa por separado es ya un problema. Pero juntas suponen un cóctel explosivo de una gran transversalidad ciudadana, social o empresarial. La fealdad es tan relativa como llevadera; el miedo paraliza todo y conduce a la angustia. En cada caso, desconocemos si se trata de conjetura o hipótesis. Antes de que nos acostumbremos a vivir así eternamente, será mejor que lo compruebe o refute el CIS, a ver si así escapamos del dilema. Aunque esta disyuntiva se está convirtiendo en algo presente en todos los aspectos de nuestras vidas.

Sin ir más lejos, la idea de que hay 300.000 votantes huérfanos en Cataluña deambulando en busca de un líder, no pasa de ser una conjetura de la que algunos hacen hipótesis para su proyecto. En estos tiempos de teletrabajo y nuevas profesiones, rastreador de desamparados políticos puede ser un buen oficio. Algo parecido puede decirse de las hipotéticas elecciones catalanas: que las habrá, es una certeza; cuándo, ya entra en el capítulo de las conjeturas; cómo, forma parte de las hipótesis para construir eventuales coaliciones o acuerdos entre algunos. Después de todo, el independentismo empieza a recordar la metáfora de la carreta vacía: cuanto más vacío está, más ruido mete. Aunque para los pacientes de esta especie de trastorno obsesivo-compulsivo que es la búsqueda de la independencia, siempre queda la visión de TV3 como psicotrópico de tratamiento.

Mientras tanto, en estos tiempos de enclaustramiento o retiro voluntario y limitación de espacios, se nos va el tiempo y se suceden las estaciones sin solución de continuidad. Sin apenas darnos cuenta, hemos entrado en el otoño que muchos dicen será caliente, como hipótesis de trabajo bastante plausible, por cierto. El caso es que ni sabemos en dónde nos encontramos ni hacia dónde nos llevan, mientras continua el deterioro institucional a todos los niveles. Desconozco ahora mismo si hay algún país de nuestro entorno cercano que lleve tanto tiempo sin nuevos Presupuestos: se habla de ellos pero nadie conoce papel alguno que adelante por dónde y con quién irán de la mano. El reciente dislate de la entrega de despachos a los nuevos jueces en Barcelona sin presencia del Rey, con todas sus secuelas y declaraciones, ha puesto de relieve también esa dualidad: la conjetura de que algunos quieren la república y la idea de que otros lo tienen como hipótesis realizable. Aunque, con la tropa que tenemos, más vale monarquía conocida que república por conocer.

Es como si todo estuviese cogido con alfileres, en un equilibrio inestable en el que todo resulta efímero. Nombraron portavoz del grupo Covid-19 a Emilio Bouza, exjefe del servicio de microbiología y Enfermedades infecciosas del hospital Gregorio Marañón, en pleno conflicto sanitario/político madrileño entre los gobiernos nacional y regional, y dimitió a los dos días. Solo queda la parafernalia. El encuentro entre el presidente del Gobierno y la titular de la Comunidad de Madrid recordaba el Día de la Banderita, aquella popular jornada de cuestación callejera para recaudar fondos destinados a la Cruz Roja tan popular en tiempos pasados y aciagos. Visto y no visto: de lo que parecía una tregua, ya no queda nada, salvo la sensación de unos fuegos artificiales en tiempos de pandemia.

Ciudad por ciudad y puestos a evitar ver la paja en ojo ajeno antes que la viga en el propio, sería de singular interés saber cómo ven Barcelona, como espejo de Cataluña, hipotéticos visitantes procedentes de la capital. Cada cual tiene su dosis de conjeturas e hipótesis. Lluis Regás describía ayer en Metrópoli Abierta el pacto municipal entre comunes y PSC como “un matrimonio de conveniencia con muchas turbulencias” en torno a cuestiones clave para la ciudad como movilidad, seguridad, economía, turismo... Unas desavenencias matrimoniales que se saldan básicamente con una actitud de silencio socialista. Dos días antes, Ramón García-Bragado, exponente del maragallismo pasado, se despachaba en La Vanguardia hablando del “isotropismo” contra las medidas de movilidad adoptadas por el ayuntamiento. Algo es algo, pues no recuerdo manifestaciones críticas de aquel sector del socialismo catalán y alrededores desde hace mucho tiempo, mientras se destroza la ciudad que ayudaron a construir en su día. Ignoro si por haberse retirado por completo a los cuarteles de invierno, sea en el Ampurdán o la Cerdaña, por pura carrocería o simple transformación en pijoprogres silenciosos y complacientes.

El problema sigue siendo el mismo que en tantos otros aspectos. Asaltados por la conjetura de que los comunes quieran echarlos del gobierno municipal, el PSC vive atenazado por la hipótesis de quieran sustituirlos por ERC. Conclusión: bloqueo total, prudencia extrema y contención absoluta para evitar riesgos. A Colau y su muchachada les tienta el soberanismo; ahí está Jaume Asens y sus andanzas verbales. A los republicanos les daría cierta pátina de partido de gobierno, mientras sueñan con un futuro Govern de coalición. Mientras tanto, el ayuntamiento barcelonés apunta a la búsqueda de jardineros voluntarios para mantener lo que llaman “espacios verdes públicos” ante la sensación de dejadez. La próxima puede ser el rastreo de amantes del bricolaje para mantener el mobiliario urbano. O tal vez de canteros para pulir los bloques de hormigón con que han sembrado calles como Consejo de Ciento.

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¿Quién es... Pedro Vega?
Pedro Vega

Santander; Aries, mientras los astrólogos no alteran las certezas zodiacales; cosmopolita residente en Barcelona tras pasar por Paris, Bucarest y Madrid. Colaborador de diversos medios informativos, es autor de libros como “Crónica del antifranquismo”. Dedicado desde hace tiempo a la consultoría de comunicación de grandes corporaciones empresariales.