En respuesta a Libres e Iguales

Francesc Moreno
8 min

Este domingo se publicó en El País, bajo el título 'La España constituida', un artículo firmado por Cayetana Alvarez de Toledo, Félix de Azúa, Nicolás Redondo Terreros, Fernando Savater, Andrés Trapiello y Mario Vargas Llosa, fundadores de Libres e Iguales. Comparto su idea de que España no puede ni debe vivir una Transición permanente, y que no se trata de iniciar un nuevo proceso constituyente. Pero discrepo de su aversión a las reformas y de su concepto de igualdad.

España tiene hoy dos problemas políticos prioritarios: la desafección y el nacionalismo periférico. Ambos no pueden ser tratados, solo, como males que hay que combatir de forma ordinaria

Antes de entrar en materia, una reflexión preliminar. Considero la Transición modélica salvo en una cuestión: los símbolos y, más concretamente , la bandera. Para muchos españoles nuestra bandera es sentida como la bandera de los vencedores de la Guerra Civil. Se podrá criticar este sentimiento, calificarlo como se quiera, pero es una realidad innegable. Será un sentimiento irracional, pero como tal sigue vivo en muchos españoles que no reniegan de serlo. No se trata de reivindicar la bandera republicana pero podía haberse hecho mucho más para que todos nos sintiéramos más cómodos con los símbolos patrios. Seguramente algunos de los males que denuncian en su articulo se habrían evitado.

España tiene hoy dos problemas políticos prioritarios: la desafección y el nacionalismo periférico. Ambos no pueden ser tratados, solo, como males que hay que combatir de forma ordinaria. Se ha llegado demasiado lejos. Desde luego, la culpa no es de la Constitución. La culpa es de los gobiernos que no los han afrontado cuando debían y han dejado que la situación se pudra. Pero la reforma de la Constitución, con objetivos claros y concretos, es quizás el único método de cambiar la dinámica política actual. No es una varita mágica, pero no afrontar determinados cambios solo profundizará la crisis política que vive el país. En todo caso, muchas cuestiones pueden resolverse con leyes ordinarias o simplemente con cambios de actitud, pero para afrontar otras y, sobre todo, para cambiar la dinámica política hace falta generar ilusión y transmitir la convicción de que no se adoptan meras medidas cosméticas.

Hoy no creo que nadie ponga en duda el gran acierto que para la estabilidad política española ha significado el relevo en la Jefatura del Estado. Antes de afrontarse, muchos aducían en su contra argumentos parecidos a los que se plantean en contra de una reforma constitucional.

Ni el relevo de Juan Carlos I pone en duda su figura histórica, ni reformar la Constitución significa empezar de cero. Al contrario, el relevo ha reforzado la Monarquía y, si se acierta en las reformas y se alcanza el necesario consenso, los cambios en la Constitución la harán perdurar y reforzarán el régimen constitucional nacido en 1978.

Entrando en temas concretos, a día de hoy es inexcusable reformar la Constitución para mejorar el sistema electoral. El principio de que cada voto vale igual es inexcusable. La urgencia de que los políticos tengan un mayor vínculo con los electores y de que los partidos sean más permeables, también. Implantar un sistema electoral parecido al alemán sería, a mi parecer, y al de muchos expertos, una buena solución. No es un cambio radical pero corrige algunas de las deficiencias más evidentes de nuestro sistema. Ya sé que los sistemas electorales tienen todos sus virtudes y defectos. Pero hoy nuestro sistema está agotado. Y hay que renovarlo.

El otro gran tema es el territorial. No se trata de contentar a los nacionalistas, no porque no quiera, sino porque es imposible. Pero es evidente que, llegados donde estamos, se trata de conseguir dos objetivos: que el sistema funcione mejor y que el secesionismo quede reducido a su vertiente étnico-identitaria. Y, para ello, hay muchas cosas que hacer, y algunas requieren una reforma constitucional.

Es evidente que, llegados donde estamos, se trata de conseguir dos objetivos: que el sistema funcione mejor y que el secesionismo quede reducido a su vertiente étnico-identitaria

Dicen los autores del artículo que la denominada tercera vía -coincido con ellos que, si no se concreta, no significa nada- dejaría al Estado sin presencia en algunas CCAA. El problema es que el Estado en Cataluña ya ha dejado de estar presente y solo aparece para lo malo: aumentar impuestos y recurrir leyes, algunas justificadamente, otras, a mi parecer, no.

España está en la UE y la unidad de mercado queda perfectamente protegida por su legislación. ¿Qué daño produce a la unidad de mercado que en Cataluña los comercios abran menos horas en festivo? ¿Qué problema hay en que en una Comunidad quiera protegerse más al pequeño comercio, si los electores así lo deciden? A mi entender ninguno. Igualdad no es uniformidad.

Nadie duda de que EEUU tenga una elevada conciencia nacional. Pues bien, las diferencias entre Estados en temas como los derechos civiles, el uso de armas, o incluso la pena de muerte son notorias. Incluso existen diferencias impositivas a nivel local.

Preservar la unidad de mercado no exige uniformidad total.

En cambio, sí creo que en materia educativa y de lenguas hay mucho que corregir. El Estado debe garantizar unos minimos curriculares en materias sensibles en la formación de una base cultural e histórica común. Historia, literatura, geografía... deben dejar de ser instrumentos de adoctrinamiento independentista. El Estado debe garantizar la presencia de la lengua común en la enseñanza y en la administración pública. Y no es suficiente con los pronunciamientos de los tribunales porque vemos cada día que no se cumplen. Los castellanohablantes no pueden ser ciudadanos de segunda en Cataluña. Pero tambien el catalán y las otras lenguas cooficiales deberían tener un mayor reconocimiento a nivel estatal, y las CCAA deberían estar mucho más presentes en la elaboración de normas estatales y en los organismos públicos de carácter general. No se puede dar armas a desleales pero hay que dar la maxima participación posible a quien quiere participar lealmente en el gobierno de todos.

En conclusión, no se trata de volver a empezar pero sí de dar un nuevo impulso, corregir defectos, implicar a las nuevas generaciones en nuestra ley de leyes y superar el clima general de pesimismo creando una nueva ilusión colectiva.

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¿Quién es... Francesc Moreno?
Francesc Moreno

Licenciado en Derecho. Ha sido profesor de Derecho financiero en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de Derecho mercantil en la Universidad de Barcelona (UB). Ha sido vicepresidente de La Seda de Barcelona. Fue el editor de El Debat y Tribuna Latina.

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Ruetrousseau 25/08/2015 - 11:20h
Por supuesto que quiero hacer un comentário, para dar las gracias al autor. Acabo de leer el artículo del País que me ha parecido muy bien argumentado y de lectura necesária pero, coincido plenanmente con los comentários del Señor Moreno.
JuanPerez 25/08/2015 - 11:20h
Són aquesta mena de confusions les que fan dubtar del grau de racionalitt amb què ens enfrontem als problemes polítics. La lleialtat constitucional bàsica rau en què els governs autonòmics "són l'estat", la seva màxima representació, als seus territoris respectius. Succeix el mateix quan parlem d'Europa i no considerem que estem parlant de política interna, no d'afers exteriors. Hi ha obvietats tan costoses d'entendre, que em fan dubtar si tots sabem què diem quan parlem.
JuanPerez 25/08/2015 - 11:20h
Al capdavall, Gustavo Bueno sempre acaba tenint raó: http://nodulo.org/ec/2004/n024p02.htm
quin-melic-mes-bonic-tenim 25/08/2015 - 11:20h
Discrepo en parte. Me temo que la unidad de mercado es algo mas que los horarios comerciales. Y me temo que el "mayor reconocimiento" de las lenguas cooficiales" en el resto de España serviría para que por ejemplo un nacionalista exigiera (exigir es el verbo preferido del nacionalismo) en el ayuntamiento de Alpedrete un documento menor en catalán. Se acabaron los paños calientes. Ya no me creo nada sobre apaciguar con concesiones al nacionalismo.
MonnerSans 25/08/2015 - 11:20h
Como Ud. bien debe saber, Sr. Francesc Moreno, la actual bandera roja y gualda proviene de la época de Carlos III, habiendo sido, además, también la bandera republicana durante la Iª República Española. Por lo tanto, es históricamente incorrecto asociarla en exclusiva con el bando vencedor de la Guerra Civil (como lo es asociar en exclusiva al mismo el escudo con el Águila de San Juan, creado por los Reyes Católicos). Además, el decreto donde, en 1931, se estipula la bandera con la franja morada -bastante centralista en su redactado, por cierto- parte de un gravísimo error histórico pues, pretendiendo iincorporar los colores de Castilla a la bandera nacional, comete el error de no percibir que el Pendón de Castilla siempre fue rojo y jamás morado. Yo soy republicano y mi bandera siempre será roja y gualda, como lo fue para los primeros republicanos españoles.
EduardoPinzolas 25/08/2015 - 11:20h
Hagamos un ejercicio de sinceridad. Hace diez años, antes de la crisis económica, nadie en este país hablaba de reformar la Constitución, ahora parece haberse extendido un “cansancio constitucional” que afecta a casi todas las formaciones y los líderes políticos, me temo que con un propósito electoralista de parecer como los más reformadores y renovadores, abogan por la reforma constitucional, cada cual la suya y arrimando el ascua a su sardina idelógica. Pero es irreal pensar que los males actuales tengan su origen en la Constitución y se resuelvan con una reforma de la misma. Ningún artículo de la Carta Magna ampara la corrupción, fomenta el desempleo o valida que un voto de Aranda de Duero valga más que uno de Alcorcón. Los males que asquean y agobian a la ciudadanía hay que combatirlos donde se originan, en la praxis política y en la gestión administrativa, con medidas penales y económicas o cambiando el sistema electoral con una ley electoral nueva.
EduardoPinzolas 25/08/2015 - 11:20h
(2)Ni me considero un fundamentalista constitucional, ni me opongo a una reforma en clave federal desterrando cualquier asimetría, pero que se cambie lo que se considere necesario desde un amplio consenso y que no nos extiendan cortinas de humo.
Olegario 25/08/2015 - 11:20h
Debemos recordar que cuando se legalizó el PC, Carrillo hizo poner en la mesa de la presentación una enorme bandera rojigualda, como único símbolo identificativo. Que se podría hacer más pedagogía, es cierto, pero que hay irredentos que son irredimibles, también. Precisamente, a ese grupo pertenecen los nacionalismos; es perder el tiempo atender sus quejas. Si nos atenemos a lo que se comprometieron en la transición y lo comparamos con su comportamiento acumulado, lo único seguro es que su fiabilidad es menor que la de un duro de seis pesetas. Quien tiene como horizonte utópico la constitución de un estado, por lógica, siempre será la carcoma del Estado al que pretende mutilar; por tanto, al Cesar lo que es del Cesar... Obviamente, las constituciones están para modificarlas, y la nuestra se puede cambiar; sin embargo, háganse propuestas racionales y beneficiosas para la mayoría y el consenso no se hará esperar. Lo que sí desespera es pedir peras al olmo.
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