Elon Musk o Teresa Ribera

Joaquim Coll
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El cofundador y director general de Tesla, Elon Musk, un visionario y seguramente uno de los hombres más ricos del mundo, ante el enorme problema al que nos enfrentamos los europeos por la crisis energética, ha escrito en su cuenta de Twitter: “Espero que ahora sea extremadamente obvio que Europa necesita reiniciar las plantas nucleares inactivas e incrementar la producción de las actuales”.

Si antes de la invasión de Ucrania, los precios del gas y la electricidad ya habían escalado muchísimo el último año por las tensiones en el mercado mundial y los costes derivados de la transición enérgica, con la guerra de Putin nos deslizamos hacia un escenario terrorífico por nuestra tremenda dependencia del gas y, en menor medida, del petróleo ruso.

Musk se ha posicionado abiertamemte a favor de Ucrania y apoya el boicot a la economía rusa, por lo que también es partidario de incrementar la producción de hidrocarburos en el resto del mundo para buscar vías de suministro alternativas. Pero además ha puesto el dedo en la llaga de unos de los mayores errores europeos, particularmente alemán bajo el mandato de Angela Merkel, de la última década: el cierre progresivo de las centrales nucleares cuando ya se hacia evidente la crisis climática y de escasez de recursos que nos caía encima.

“La energía nuclear es enormemente mejor para evitar el calentamiento global que quemar hidrocarburos para generar energía”, recuerda el CEO de Tesla, que además reta a “aquellos que (erróneamente) creen que hay riesgos de radiación”, a que elijan la peor zona cerca de una central nuclear, que “viajaré y comeré cualquier alimento local frente a una cámara”, ha añadido.

Las provocadoras palabras de Musk pueden ser tachadas de partidistas porque es evidente que la red eléctrica para los coches que vende Tesla necesitará apoyo energético, pues con las renovables no basta, no son una fuente de energía continua y no almacenan el excedente que producen. Favorecer las renovables es imprescindible, pero no podemos esconder sus limitaciones. Pues bien, aunque Musk piense también en su negocio, ¿qué importa? ¿Acaso los gobiernos no están todos apostando por la movilidad eléctrica? Y, sin embargo, ¿por qué nuestra ministra de transición energética, Teresa Ribera, sigue con un discurso ecologista tan naíf? ¿Por qué mantiene en cada entrevista la apuesta por el cierre de nucleares en lugar de plantearnos prolongar la vida de las centrales existentes y apostar por nuevos reactores más pequeños y eficientes?

La doble crisis climática y energética a la que nos enfrentamos, junto a las brutales consecuencias económicas de la guerra de Putin, lo va a cambiar todo. Ribera y el Gobierno español tienen que salir ya de un discurso de confort que consiste en fiarlo todo a las renovables y en pintar la nuclear como una energía desfasada e incompatible con los objetivos de la transición energética. Además ignoran que sus mejoras tecnológicas están siendo muy importantes en cuanto a coste y tiempo de construcción de las centrales, y en la reducción de los denostados residuos (que enviamos a Francia pagando un precio de oro).

En el debate sobre cómo alcanzar emisiones cero en 2050, el mix renovables + nuclear no admite mucha discusión frente al gas. Y si lo miramos en términos de dependencia estratégica, la duda ya la resolvió Putin en 2010 cuando hizo la siguiente broma en Berlín ante un auditorio de empresarios: “Por alguna razón, a la opinión pública alemana no le gusta la energía nuclear. No quiero hacer ningún comentario, pero [risas del público], no entiendo nada. ¿Con qué se van a calentar? No tienen gas, no desarrollan la energía nuclear. ¿Van a calentarse con leña? [más risas] Bueno, también hay que ir a Siberia a por leña". Fue una broma absolutamente premonitoria, que Merkel no entendió, como certeros son los mensajes en Twitter de Musk frente al discurso viejuno de Ribera.

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¿Quién es... Joaquim Coll?
Joaquim Coll

Doctor en Historia contemporánea y especialista en el catalanismo y las políticas de los siglos XIX y XX. Ganó el Premio Ciudad de Barcelona Agustí Duran i Sanpere en 1998. Colaborador habitual en medios de comunicación.