Pensamiento

El Roto, tutor de resiliencia

23 enero, 2016 00:00

¿Cree alguno de ustedes que un sistema político puede ser 'definitivamente' justo? De ser así, tendríamos una creencia contraria a la realidad histórica. La clave está en el 'definitivamente', una rotunda palabra que no se ajusta a la experiencia humana. Todo lo humano está tocado de inseguridad. Todo lo social actúa según aproximaciones sucesivas y ofrece en el horizonte, posibles regresos en su estructura. Por eso hay que estar siempre alerta y hacer con claridad, con decisión y sin paranoia, con realismo soñador y sin delirio concreto.

Aspiremos, pues, a un sistema cada vez más justo; nunca será suficiente lo que hagamos en esa dirección

Aspiremos, pues, a un sistema cada vez más justo; nunca será suficiente lo que hagamos en esa dirección. La deseable cohesión social pasa por no abandonar a nadie en su zozobra, y no ser de ningún modo indiferentes a su sufrimiento. Ni siquiera hacia aquellos caídos en desgracia con quienes podamos tener graves diferencias y agravios. Compartimos con ellos la condición humana y esto basta: una persona es una persona.

Estas son declaraciones de principios. Y de vez en cuando, y siempre de corazón, se deben renovar verbalmente y transmitirlas de forma explícita. Seamos conscientes de que hay conflictos indecidibles, que no se pronuncian como tales pero que existen. El ser humano tiene miedo a la 'no familia'. Boris Cyrulnik refiere la resiliencia como la forma en que una persona procura reanudar su vida después de un golpe severo: "Cuando la vida vuelve, hablamos de resiliencia. Cuando no lo hace, constatamos un síndrome psicotraumático y otros trastornos diversos". Quienes están en tal situación requieren atención y cuidado.

En su último libro, 'Las almas heridas' (Gedisa), Cyrulnik distingue tres situaciones de la resiliencia en los menores: cuando una desgracia desgarra un vínculo seguro, bien anudado; cuando hubo un aislamiento precoz y no se dio el vínculo preciso; cuando en torno al niño se forma un vínculo mal tejido, el niño adquiere una vulnerabilidad neuroemocional que dificulta sus relaciones. En este último caso, harán falta tutores de la resiliencia para que ésta brote y tome forma.

El Roto acierta en su empeño de transmitir reflejos sin palabras en una época de cierta mudez y autocensura

Veo a Andrés Rábago y le oigo hablar, es El Roto. Sencillo, tímido y serio. Me admira su saber relacionar y su propósito incesante de dar perspectivas. Cumple un servicio público, combate las técnicas de dominio y de control que prostituyen la comunicación, y alienta mentes más flexibles y menos rígidas. Sus dibujos satíricos permiten al lector sacar basura y le facilita fijar unas vivencias personales. El dibujo se completa con una visión aguda de quien lo atiende.

Andrés cree que así se produce un pensamiento 'colectivo'. Yo no lo creo posible, diría que es un pensamiento 'acompañado'. El pensamiento solo puede ser individual, es solitario aunque uno esté en compañía. Pero se ennoblece con la empatía y la solidaridad de quien crea que nadie es más que nadie. El Roto acierta en su empeño de transmitir reflejos sin palabras en una época de cierta mudez y autocensura. Busca esperanza para quienes han caído en la exclusión social o están en riesgo de ello. Y para eso hay que alimentar la conciencia de dignidad. Yo le reconozco como tutor de resiliencia y le rindo homenaje por ello.