Manuel Cruz: un gol por la escuadra

Josep Maria Cortés
7 min

La perspectiva crea la mirada: Manuel Cruz, ¡zas!,  presidente del Senado. Cuando todos miraban al VAR, el árbitro ya había señalado el centro del campo. La esfera socialista tiene un mapa de calor tan concentrado en el poder, que pocos (poquísimos, casi nadie) podían imaginar el nombramiento del profesor Cruz, después de veto a Iceta de ERC. No se lo imaginaban ni la oposición, ni los virreyes socialistas miopes ni el mismo republicanismo autoritario de Junqueras y su valet de chambre, el chico Rufian. Sánchez y el equipo de Redondo tenían una bala en la recámara por si fallaba la opción del primer secretario del PSC, cuyo descarte formal todavía tiene que confirmar o negar el Tribunal Constitucional. El tablero de Iván, eso sí es un juego de tronos

Cruz nunca será un Napoleón solo. No es una isla recién descubierta; es un filósofo y profe, con una treintena de ensayos a sus espaldas. Un sabio que aprendió el arte de pensar con Emilio Lledó, y podría decir bien alto que se ha metabolizado para el diálogo, la negociación y el pacto. Germinó en el aula 7 del Patio de Letras de la UB. Con Jesús Musterín; Jacobo Muñoz o Xavier Rubert de Ventós, a la sombra de Manolo Sacristán, aquel filósofo comprometido (intelectual orgánico del PC) que de vuelta a las aulas, tras ser expedientado por el ministerio y por el Tribunal de Orden Público, maravillaba a la audiencia con la obra de Lukács, Historia y conciencia de clase, clave del marxismo hegeliano. Los estudiantes de los setentas, primero ocuparon cátedras y después las llenaron para acudir a las lecciones magistrales de José María Valverde (traductor del Ulises de Joyce, que llevábamos bajo el brazo); a las de Sacristán o a las tutorías de Doctrinas Económicas del gran Fabián Estapé.

manuel cruz senado

Manuel Cruz es el agitador intelectual de Federalistes d’Esquerra, un club acendrado al que pertenecen Victoria Camps; Jiménez Villarejo; Javier Cercas y su hermana, Blanca; Anna Estany; Garcia Biel o Llatzer Moix (Mejillones en lucha, tituló en una incisión melódica de la web), entre otros y así, hasta un montón. Todos protagonistas de Federal, aquel documental de Albert Solé (el hijo del llorado profesor y exministro, Solé Tura), que se pasó en el Verdi, con un rumor de fondo de civismo laico. Federalistes se fundó en 2012 en el Teatre Goya y se presentó en sociedad, un año después, en el Ateneu de Barcelona. Esta organización ha matizado mucho, sin levantar la voz. Habla de soluciones compartidas, de no anteponer fronteras dentro de la Unión y, especialmente, de no reventar el tímpano del vecindario con estridencias y gimoteos a la contra, en defensa de sacrosantos principios, sean del color que sean. Pero sobre todo, lo que más detestan los Federalistes es que el independentismo sitúe al Estado de derecho en el mismo listón represivo que lo dejó el general Franco. Ya les digo yo: esta equiparación es una bajeza moral; y no es producto del desconocimiento sino del oportunismo del procés, inductor de un consenso ensimismado, dueño de un narcisismo autocomplaciente que nos destruye.

Hoy se decide en España si el giro a la izquierda es hegemónico. La derecha se la juega en Madrid pero si el PP, con Isabel Pérez Ayuso, mantiene la Comunidad de Madrid, no habrá perdido, aunque pierda las europeas. En el ayuntamiento no hay partido: Carmena va por delante. La política depende de cómo se discute y nuestros debates de hoy son airados. Algunos nombramientos hieren; y algunos acatamientos también, sobre todo, cuando en plena cámara legislativa, los acatantes anteponen la República catalana y el 1-O y se olvidan del “imperativo legal”, que se comió con descaro Jordi Sànchez, el expresidente de la ANC. En el Senado, lo de Manuel Cruz es otra cosa. Allí no se armó el gran guirigay de pupitres de los disconformes durante el juramento heteróclito de Raül Romeva --a imagen y semejanza del que aceptó Pío García-Escudero de los senadores de JxCat en 2015-- y el recién nombrado presidente pidió complicidad para que el foro territorial encuentre “un nuevo sistema de financiación autonómica y local para garantizar la prestación de unos servicios públicos dignos”.

Cruz, el único filósofo que todavía habla bien de Louis Althusser, es educado, pero sin caer en la semántica blanda. Está lejos de la política de acción-reacción, que expresa la fragilidad actual del mercado de las ideologías. Evita el toma y daca diario que navega entre la porción de humanidad excedentaria, escribió Ilija Trojanow (El hombre superfluo; Ed. Plataforma).

La falta de cultura ritual ha provocado un socavón en la Mesa del Congreso. Ahora le toca a Cruz. Sabremos muy pronto si es capaz de ennoblecer las liturgias institucionales, que refuerzan la división de poderes; conoceremos su encaje. De momento, en el patio de letras, las musas corean: ¡gol por la escuadra!

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¿Quién es... Josep Maria Cortés?
Josep Maria Cortés

Periodista de economía, realizó una parte importante de su carrera en El País y en los últimos años ha colaborado con La Vanguardia, Catalunya Ràdio y ED. Antes, desempeñó el cargo de director en Barcelona de la consultora multinacional de la comunicación Porter Novelli. Fue durante cinco años analista semanal en el programa Bon dia, Catalunya de TV3. Inició su carrera profesional en El Noticiero Universal y en El Correo Catalán, perteneció a la plantilla fundacional de TV3 y fue el primer corresponsal en Barcelona del diario financiero Expansión. Ha publicado, como autor y coautor, varios libros de investigación periodística, entre ellos, Memoria de Catalunya, del regreso de Tarradellas al pacto Pujol-Aznar (Taurus) o Los yuppies de Pujol llegan a la cima (ED).

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