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Josep Costa: el mentón de Arrimadas y la Ibiza de Abel Matutes

Josep Maria Cortés
8 min

Josep Costa conoce el santo y seña de Pedro el Grande, “hay que espiar”, pero responde mejor a la exigencia de la barricada. El pasado miércoles día tres de abril, a todos nos quedó claro que este vicepresidente del Parlament se mira en el espejo de John Bercow, speaker de la Cámara de los Comunes. Con la diferencia de que Costa, ibicenco de armas tomar, tiene un toque calvinista comprometido, muy alejado del displicente Bercow, y de su order! de butacón, corbata floral y rostro castigado por un largo historial de Guinness. Bercow es asiduo a uno de los pubs que hay tras los portones de Whitehall, junto a Downing Street, a tiro de piedra de Westminster. A Costa, por su parte, le vale el té de la cámara catalana para ponerse a cien, como le ocurrió con Ines Arrimadas, que había sido capaz de repetir las palabras de Torra sobre las “bestias taradas castellanoparlantes”.

En calidad de presidente en funciones por la baja puntual del titular, Roger Torrent, Costa le soltó un mandoble dialéctico a la jefa de la oposición y se las tuvo de paso con Espejo-Saavedra, miembro de la Mesa, sentado a su lado. El fuego cruzado no llegó a la intensidad indigna de la cámara de Euskadi, en la que Bildu trató de blanquear las décadas de terrorismo etarra invirtiendo la jerarquía moral de la historia escrita con la sangre de muchos inocentes.

En Cataluña, la escena política no llega a la paz de los cementerios; es más bien una guardería a la hora del recreo. Como es sabido, la pelea entre Costa y Arrimadas vino a cuento de la sustitución de las exconsejeras Laura Borràs y Elsa Artadi, reputada por su mal café, la primera, y eterna sonrisa de Coria, la segunda; matronas ambas de dogma y barretina, pero de cero patatero en materia de gestión del espacio público. Costa lo defiende todo cuando se trata de la República de un president inepto, con el síndrome del miedo de Ubú rey y agazapado detrás de 150 escoltas armados. En sus años de iniciación, tocado por el sesgo advenedizo de ERC, defendió el pancatalanismo intransigente, desembarcado en las pitiusas del Mediterráneo. Bachiller en el instituto de la isla bonita y abogado de profesión, se doctoró a la sombra de Ferran Requejo, para ser profesor de la Pompeu (UPF)  y probar las mieles de Stanford, gracias a una beca Beatriu de Pinos, baronesa de Milany-Vallfogona, divulgadora del pensamiento de Ramon Llull; aunque el rastro de la trayectoria académica de Costa se pierde en los rincones del tiempo.

josep costa

Sé de buena tinta que le van las cancillerías europeas. En ellas se internacionaliza el procés, desde salones de pasos perdidos y salas de espera interminables, frecuentadas por subsecretarios de secretarios que dicen no, con cara amable y gesto contrito. Lo suyo es la acción, recuerdan sus amigos ibicencos. “Es temerario como pocos, por eso lo ficharon los del procés”, se explaya uno de sus excompañeros de pupitre. Y ciertamente sí, muchos recuerdan en Ibiza el Bloc de Costa cuando arremetía apócrifamente contra las obras públicas exigidas por Abel Matutes, dueño y señor de los bâtiments du roi, un pastizal de cientos de miles en plusvalías tácitas. Matutes, compañero de cuitas de Manuel Fraga, era propietario de cadenas hoteleras y accionista de la Banca Matutes, laminada por el Banco de España, cuando supo del espléndido riesgo contraído por su dueño, a tipos de interés planos.

Costa se unió al bloque de izquierdas insular en 2008 para desmontar el intento de construir una autopista en medio de la isla para trasladar a los turistas hasta los hoteles de Matutes. Era el segundo aldabonazo del PP, después del Tunel de Sóller en Mallorca, y era la segunda movilización contra las obras faraónicas. Faltaba mucho para procesar a Jaume Matas, ministro de Aznar y expresidente balear, pero la derecha había dejado huellas indelebles del sablazo habitual.  

Hoy, nadie lo diría, Costa es un hombre JxCat de perfil trasluz; atrabiliario y tosco como pocos, puesto por Puigdemont y Torra para meter miedo a los contingentes. Ahora que la paciencia de un Rey y el Estado de derecho desprecian el ridículo eterno de la violencia para abrazar el genio de una Europa unida, Costa está para recordarnos la tensión verbal como última ratio, cuando faltan razones. Él sabe bien que los europeos solo se han vuelto comunicativos gracias a las maneras sin fondo. Las virtudes egregias de la identidad, sea cual sea, conducen casi siempre al  despeñadero nihilista. En cambio, todo lo que sea efímero y ágil es el cuerno de la abundancia para la vida legislativa y cultural. Debajo de nosotros habita el dulce humanismo cristiano que actúa como una especie de plebiscito espontáneo y que hoy nos dice “no tomen atajos”. La ligereza, la moda intelectual o la preferencia por la alegría se alejan de un país como Cataluña contaminado por el rictus triste del dogma perdedor. El orgullo intelectual y las pasiones políticas pueden cruzarse sin hacerse daño, pero el mejor consejo nos lo dio Azaña: “sigan siempre líneas paralelas”. Nuestra ilustración es aquella que separa la inmediatez de la estética, la que huye del tiempo real de los mercados y los comicios, hoy devastados por sondeos que esclavizan a sus protagonistas. La diversión, tan desprestigiada por los que van al grano, se alza hoy como un signo de humildad.

Oriundo de Santa Gertrudis de Fruitera (Ibiza), Costa es autor de O secessió o secessió. La paradoxa espanyola davant l'independentisme. Ha sido investigador visitante en la Queen's University (Canadá) y de la Universidad de Edimburgo (Escocia). Pues no le hacía falta tanto para ser valet de chambre: “Usted ha hablado mal del president y Torra (mi señor) nunca ha dicho eso siendo president de la Generalitat”, le estampó a Ines Arrimadas, en plena refriega. Y claro el problema es precisamente este. El PDeCAT escogió a un fachenda para presidir la Generalitat; Puigdemont y Artur Mas sabían lo que hacían cuando se lo propusieron a Torra. Y creo que, incrédulo, él les espetó: ¿Es verdad que Dios es catalán?.

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¿Quién es... Josep Maria Cortés?
Josep Maria Cortés

Periodista de economía, realizó una parte importante de su carrera en El País y en los últimos años ha colaborado con La Vanguardia, Catalunya Ràdio y ED. Antes, desempeñó el cargo de director en Barcelona de la consultora multinacional de la comunicación Porter Novelli. Fue durante cinco años analista semanal en el programa Bon dia, Catalunya de TV3. Inició su carrera profesional en El Noticiero Universal y en El Correo Catalán, perteneció a la plantilla fundacional de TV3 y fue el primer corresponsal en Barcelona del diario financiero Expansión. Ha publicado, como autor y coautor, varios libros de investigación periodística, entre ellos, Memoria de Catalunya, del regreso de Tarradellas al pacto Pujol-Aznar (Taurus) o Los yuppies de Pujol llegan a la cima (ED).