El populismo independentista

José Antonio Sorolla
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​La victoria de Donald Trump en Estados Unidos ha desatado un debate mundial sobre el populismo o, mejor, los populismos, porque si algo está claro es que ese movimiento es complejo, distinto y difícil de definir.

Definir el populismo es, para la filósofa francesa Catherine Colliot-Thélène, un intento desesperado. Otro gran especialista, el politólogo alemán Jan-Werner Müller, profesor en Princeton, considera que, más que la denuncia de las élites, “el trazo distintivo de los populistas es más bien su afirmación de ser ellos los únicos representantes de lo que llaman el verdadero pueblo”. El populismo se caracteriza también, según Müller, por su rechazo del pluralismo. Para la profesora de ciencia política de la Universidad Autónoma de Barcelona Eva Anduiza, otra característica, dada la identificación populista de las élites con el mal y del pueblo con el bien, es que “es el pueblo quien ha de decidir directamente qué se ha de hacer, poniendo la soberanía popular por encima de los límites de las democracias y los sistemas de control institucionales” (Ara, 13-11-2016). Todos los expertos coinciden, por lo demás, en que el populismo es demagógico porque propone soluciones simples a problemas complejos.

El movimiento independentista en Cataluña cumple algunas de las condiciones que caracterizan al populismo

A la vista de estas consideraciones, ¿es populista el movimiento independentista en Cataluña? Desde luego, cumple algunas de las condiciones que caracterizan al populismo. Por ejemplo, la aplicación de la dialéctica "ellos contra nosotros", que en este caso no se trata de las élites contra el pueblo, sino del Estado español contra Cataluña. El discurso de Francesc Homs está trufado del lenguaje de "ellos contra nosotros".

El último ejemplo del uso del lenguaje populista por parte del secesionismo lo tenemos en la manifestación del domingo pasado contra el enjuiciamiento de los cargos políticos a raíz de la desobediencia al Tribunal Constitucional en el 9-N. “La desobediencia --afirmó en TVE el expresident Artur Mas-- es un concepto, para nosotros, un poco marginal. No estamos obsesionados por la desobediencia. Nosotros somos gente que preferimos la obediencia al pueblo catalán”. Y Homs remató: No hay ley en democracia que no esté precisamente subordinada a la voluntad del pueblo”. El problema es quién define qué es el pueblo catalán porque el movimiento ha dado sobradas muestras de considerar pueblo a solo una parte. Populismo puro.

Lo mismo se puede decir de las afirmaciones de Carles Puigdemont o de Neus Munté cuando el president asegura que solo son demócratas quienes se oponen a las actitudes del Estado español o cuando la consellera compara el “contraste entre la decadencia del sistema político español que persigue la democracia y un pueblo y unas instituciones que la defienden”. El día en que Homs acudió al Tribunal Supremo para declarar por la querella por desobediencia, Mas ya proclamó que lo que estaba en juego no era “la independencia de Cataluña, sino la democracia”.

Mas concurrió a las autonómicas de 2012 con el cartel en el que emulaba a Moisés y el eslogan "La voluntat d’un poble". ¿Hay acaso mejor plasmación del populismo?

Esta perpetua identificación de democracia con soberanismo o independentismo, excluyendo del bando de los demócratas a quienes no comulgan con esa idea, es uno de los rasgos definitorios del populismo del movimiento. En esta fase del procés, este es el argumento de moda, igual que antes, en las semanas previas a la consulta del 9-N, lo fueron la distinción entre legalidad española y legitimidad catalana y la oposición entre legalidad y democracia, con la afirmación repetida por parte del soberanismo de que la democracia estaba por encima de la legalidad, cuando es bien sabido que sin ley no hay democracia.

La vocación populista del independentismo se remonta a los inicios del proceso soberanista, con las elecciones anticipadas por Mas de noviembre de 2012. A ellas concurrió con el cartel en el que emulaba a Moisés y el eslogan "La voluntat d’un poble". ¿Hay acaso mejor plasmación del populismo?

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¿Quién es... José Antonio Sorolla?
José Antonio Sorolla

Periodista desde 1974. Ha sido redactor jefe de El País, director adjunto de El Periódico de Catalunya y corresponsal de ambos diarios en París.

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