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El peso de la información

Graziella Moreno
4 min

Uno de los personajes de Rafael Chirbes en Crematorio afirma “gordas son sobre todo las pobres”. El personaje es una mujer convencida de que en todas las épocas el ser humano ha cultivado su cuerpo porque es lo único que tenemos, lo más importante; las gordas son las obreras, las amas de casa, las camareras de bares y restaurantes de carretera, las empleadas de los supermercados. La gordura es despreciable, de gente inculta, sin clase. El personaje, como puede verse, es impagable.

La televisión pública egipcia ha obligado a ocho de sus presentadoras a abandonar su trabajo y volver a mediados de septiembre con la orden de bajar los kilos que les sobran

En el culto al cuerpo ha caído la televisión pública egipcia, cuya directora y antigua presentadora de la cadena ha obligado a ocho de sus presentadoras a abandonar su trabajo y volver a mediados de septiembre con la orden de bajar los kilos que les sobran a fin de salir en pantalla con una “apariencia apropiada”. Incluso se planteó no pagarles durante este tiempo, aunque luego ha rectificado y sí, al menos les abonará el sueldo hasta que vuelvan. Ahora, si cuando regresen no han perdido suficiente grasa… La amenaza está en el aire. Lo grave del asunto es que varias periodistas del país (también mujeres) se han mostrado a favor de dicha medida para recuperar la audiencia que ha caído en picado desde la destitución del presidente Hosni Mubarak en 2011. Expresan muy gráficamente que el aspecto de las ocho afectadas era “repugnante y repulsivo”. Parece ser que no importa que el país esté bajo lo que algunos califican de un régimen militar y que algunas voces indiquen que la audiencia ha bajado porque la cadena estatal no tiene ninguna credibilidad. El valor de la información se mide por el peso de la mujer que la explica.

No se dice nada sobre cuál debe ser la talla correcta o si también los presentadores masculinos (si es que los hay) deben ponerse a dieta. El problema es exclusivamente femenino. Y si nos fijamos un poco, en la mayoría de las cadenas de televisión de todos los países predomina una presentadora-tipo: delgada, estilosa, maquilladísima, dueña de unos escuálidos brazos y piernas que dan ganas de tirarle un bocadillo de jamón antes de que caiga al suelo, víctima de la inanición. Presentadoras de Albania, Venezuela, México, se desnudan mientras dan la información deportiva o incluso del tiempo, no hay nada como enseñar carne cuando se habla de isobaras, tormentas y demás. Y parece ser que sí, la audiencia sube con la estética, aunque sólo sea para disfrutar visualmente, independientemente de si nos están hablando de los refugiados, de la última mujer que ha muerto a manos de su pareja o de los bombardeos en Siria. Debe ser que las desgracias con glamour visual son menos desgracias. Dice mucho en favor del nivel intelectual del espectador en cuestión. Y que lo único que importa es la audiencia, a costa de todo.

En mi caso veo las noticias de varias cadenas, por aquello de la pluralidad de opinión, ni siquiera me fijo si el presentador es hombre o mujer y menos aún en su apariencia, sólo me interesa lo que dicen o las imágenes que ilustran la noticia. Debo ser de otro planeta, de Marte o algo por el estilo. Seguro que sí.

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Graziella Moreno

Licenciada en Derecho por la UB con un postgrado en Derecho Civil Catalán. Funcionaria de la Administración de Justicia, primero como agente judicial (1991-1993) y después como oficial (1993-2002). Ingresó en la carrera judicial en 2002, ocupando plaza en los juzgados de Gavà, Amposta y Martorell y, desde 2010, en el Juzgado de lo Penal número 6 de Barcelona. Es formadora de la academia de oposiciones Eureka y del Centre d'Estudis Jurídics. Es autora del dossier 'El Codi Penal, part general' y de dos novelas: 'Juegos de maldad' (2015) y 'El bosque de los inocentes' (2016), ambas editadas por Grijalbo.