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El número pi, en defensa de Rajoy

Roberto Giménez

por Roberto Giménez

31.03.2016
7 min

Veo poca televisión, pero uno de los pocos programas a los que soy fiel es al 'Polònia' de TV3. La actualidad política en clave satírica es un ejercicio de salud mental. A mí me sube las endorfinas. Me río igual con lo que me gusta, y no me cabreo con lo que me disgusta; por eso digo que es saludable.

Los guionistas de Toni Soler dan palos a todo bicho político. Claro que a cada bicho no le dan el mismo palo. Por ejemplo, la ironía que se destilan con Mas es vitriolo en estado puro hacia Rajoy

Los guionistas de Toni Soler dan palos a todo bicho político. Es una señal de inteligencia porque gracias a esa estrategia suman telespectadores de todas las ideologías. Claro que a cada bicho no le dan el mismo palo. Por ejemplo, la ironía que se destilan con Mas es vitriolo en estado puro hacia Rajoy. Es normal porque aquí, como en el país eslavo, qui paga mana.

El programa derrocha imaginación pero el esquema es simple: cada personaje tiene un estereotipo romo colocado delante de un espejo cóncavo, ya sea cómico (Mas y su sustituto), tiernamente burlesco (Homs y Junqueras), o directamente ofensivo (Rajoy).

El cliché de Rajoy es el de Don Tancredo. Un presidente soso, mendaz y vago. Un holgazán que solivianta a la vice Soraya, porque sólo le interesa el diario Marca. El espejo de Rajoy es demoledoramente injusto, porque sobre un fondo de verdad (es socio del Madrid), le convierten en un cero a la izquierda. Ni siquiera pícaro, sino un inútil pelagatos.

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Hay mucha gente que cree que el histriónico Fernando Arrabal es un beodo empedernido porque hace 25 años en un programa de Fernando Sánchez Dragó salió borracho perdido. Pero doy fe que el dramaturgo melillense, que vive en París, sólo bebe agua. No sólo porque lo diga él, sino porque lo pude comprobar en una cena pantagruélica. Sólo bebe agua mineral.

Hay mucha gente que cree que Fernando Fernán Gómez era un actor y director antipático, rabioso, que vociferaba y mandaba a la mierda cuando se le cruzaban los cables, y un día pasó delante de las cámaras de televisión, pero el nieto bastardo de la actriz María Guerrero no era un huraño irascible, sino una persona amable, honesta y con genio.

Los guionistas de 'Polònia' saben perfectamente lo que están haciendo. Son cómicos que se ríen de todo bicho viviente, y se vengan del presidente del Gobierno de España...

Hay mucha gente que cree que Francisco Umbral era un escritor displicente que sólo amaba las mujeres, el güisqui y el becerro de oro porque un día en un programa dijo que había ido para hablar de su último libro y ¡coño! nadie le preguntaba por él.

Hay mucha gente que cree que los Arrabal, Fernán Gómez y Umbral (Francisco Pérez se llamaba), tenían ese carácter endemoniado con que un mal día aparecieron por la tele y han quedado marcados con hierro candente sobre el lomo para siempre jamás, por culpa de unas imágenes de video repetidas hasta la saciedad. La ignorancia es muy atrevida.

Pero no es el caso de los guionistas de Polònia. Son gente inquieta, con estudios, profesionalmente al día, que saben perfectamente lo que están haciendo. Son cómicos que se ríen de todo bicho viviente, y se vengan del presidente del Gobierno de España...

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Me parece injusto porque se ha creado un personaje virtual completamente ajeno a la realidad. Un personaje irreal, pero con una percepción real.

Sé que muchos lectores no compartirán mi opinión, pero como no busco el aplauso tampoco me importa.

Creo que el tiempo de Rajoy ha pasado, pero no porque sea indolente, corrupto, mal tribuno o un político sin escrúpulos. Nada de eso. Sí, es hierático, no tiene don de gentes. Es tímido, pero es mejor parlamentario que José María Aznar. Su mayor virtud es que tiene sentido común. No es un loco. Este registrador de la propiedad no está en la política para ganar dinero. Y esto es lo mejor que se puede decir de un político en estos desgraciados tiempos de sospechas.

Pero en política la realidad sólo es una percepción que la gente tiene, y repetir a coro una mentira cien veces la convierte en 'verdad'. Sí, es una falsa verdad, pero la realidad es la percepción que se tiene de ella desde el ángulo de la visión de cada cual. Esa percepción ha sido alimentada por la ignorancia (de ahí los ejemplos de Umbral y los Fernandos), o la maledicencia, que es el arma de descalificación política por excelencia.

Culpar a Rajoy de que ha podrido el cesto catalán es como culpar a José Tomás de las plagas de Egipto. Esa es la falsedad de Pedro Sánchez porque ni el mismo Einstein pudo hacer racional el número pi

De las acusaciones que se le hacen comparto la de que no ha podido limpiar al PP de la corrupción, sospecho porque el mal está en su raíz, así que el partido necesita zotal a chorro y el presidente Rajoy, entre la crisis y el órdago separatista, no ha sabido, o podido, ponerse la mascarilla y fumigar al partido enfermo, pero del resto de acusaciones la que más grima me da es la de que ha podrido el cesto catalán. Que el toro estelado ha embestido a Don Tancredo.

Culpar a Rajoy de esa cogida es como culpar a José Tomás de las plagas de Egipto. Esa es la falsedad de Pedro Sánchez porque ni el mismo Einstein, que con sus formulas matemáticas descubrió el sonido del universo, pudo hacer racional el número pi.

El número irracional del órdago separatista es como el 3,1416...

PD: Pero no se equivoca Pedro Sánchez S en visitar a Puigdemont, en vísperas de la Semana Santa, en el Palau de la Generalitat porque la política ficción de JxSí combina la mar de bien con el teatro. La política gestual es puro marketing.

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