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El mejicano Slim afianza su control sobre FCC

Gonzalo Baratech
5 min

Fomento de Construcciones y Contratas (FCC) ha convocado para finales de este mes su junta anual de accionistas. El marco escogido en la presente ocasión es la torre Fira, de Hospitalet de Llobregat.

FCC ha logrado salvarse gracias al dineral que ha puesto sobre la mesa el supermillonario personaje

La asamblea presenta unas perspectivas agridulces. Servirá para certificar la asunción del mando de la compañía por parte de Carlos Slim, mejicano de origen libanés. FCC corona así una de las épocas más duras de su centenaria historia. Ha logrado salvarse gracias al dineral que ha puesto sobre la mesa el supermillonario personaje. Pero el precio pagado es altísimo: la pérdida de su españolidad. Las decisiones estratégicas de FCC ya no se adoptarán en Madrid, sino al otro lado del Atlántico.

El orden del día de la junta incluye el nombramiento de tres consejeros representantes del magnate azteca, quien pasará a contar con 8 de los 15 vocales, entre ellos el consejero delegado.

Slim ya posee un tercio del capital del gigante de la construcción y los servicios, frente al 20% de Esther Koplowitz. Además, tiene presentada una opa por el 100% de FCC. Cuando ésta se formalice, aumentará todavía más su control del accionariado.

Pero es que, además, Koplowitz debe 840 millones a BBVA y Bankia. Slim se ha comprometido con ambas entidades a abonar tal suma si la empresaria no puede afrontar la devolución de los préstamos a su vencimiento en 2018. A cambio, se quedará con sus paquetes de títulos de FCC.

En paralelo, el mejicano se ha hecho con una posición mayoritaria en la inmobiliaria Realia, una de las grandes del sector, que a la vez es filial de FCC. Y está a punto de excluir de bolsa a Portland Valderrivas, la potente cementara del grupo.

En resumidas cuentas, el oligarca está sólo a un paso de consumar el dominio total y absoluto de una de las constructoras más descollantes del país.

Una reminiscencia curiosa

Otro de los asuntos que se abordará en la junta es la modificación de las disposiciones estatutarias relativas al domicilio social. En fuentes de FCC me comentan que se trata de un mero tecnicismo. “El único cambio consiste en que el máximo órgano de gobierno quede facultado para fijar la sede social en el supuesto de que algún día lo tuviere por conveniente. Pero en ningún caso eso quiere decir que efectivamente se vaya a variar. La sede sigue y seguirá en su histórica ubicación de la calle Balmes de Barcelona”.

Como carece de sentido, no tendrá nada de extraño que el día menos pensado FCC traslade su domicilio a la capital del Reino

El cuartel general de Balmes, entre Consejo de Ciento y Diputación, es un anacronismo que se arrastra desde 1992. Ese año, la madrileña Construcciones y Contratas, de las hermanas Esther y Alicia Koplowitz, gestionada por sus entonces maridos Alberto Alcocer y Alberto Cortina, dio en absorber la catalana Fomento de Obras, a la sazón feudo de las familias Piera y Mas-Sardá.

Jordi Pujol, presidente de la Generalitat, y Pasqual Maragall, alcalde de Barcelona, recibieron la visita protocolaria de las Koplowitz. Al parecer, Pujol les instó a que la entidad fruto de la fusión conservara su sede en Barcelona. Las hermanas accedieron a ello de inmediato. Desde entonces, el compromiso se ha cumplido escrupulosamente.

Pero hoy ningún miembro del consejo de administración de FCC reside en Barcelona, sino en Madrid. Lo mismo ocurre con los altos directivos. Su único contacto con la capital catalana se produce a raíz del obligado cónclave anual, cuando todos ellos han de trasladarse a Barcelona para despachar el trámite.

Se trata, a todas luces, de una antigualla. De su origen estrictamente sentimental apenas se acuerda nadie. Como carece de sentido, no tendrá nada de extraño que el día menos pensado FCC traslade su domicilio a la capital del Reino. Al fin y al cabo, es un fenómeno que de unos meses a esta parte se ha puesto de moda.

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¿Quién es... Gonzalo Baratech?
Gonzalo Baratech

Baratech forma parte de una estirpe periodística catalana de larga tradición. Licenciado en Administración de Empresas por la European University y máster en Social Media Branding & Digital Strategy por La Salle-Universidad Ramón Llull, es coautor del libro Mas-Colell, el ‘minessoto’ que fracasó en política, de reciente publicación. Ha colaborado en Economía Digital y con anterioridad en La Vanguardia Digital y el diario Avui.