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El independentismo culé

Manuel Peña Díaz

por Manuel Peña

20.05.2016
3 min

Se cumplen ochenta años de la espantada de Hitler cuando el atleta negro Jesse Owens consiguió la cuarta medalla de oro en Berlín, el 25 de mayo de 1936. Que el deporte y la política van de la mano alcanza su máxima expresión cuando se organizan y celebran Juegos Olímpicos. Pero no sólo. Qué decir, por ejemplo, del triunfo de la selección albiceleste en el Mundial de la Sospecha de 1978, organizado en la Argentina sometida a la brutal dictadura militar del general Videla.

Los cientos y pico mil socios --militantes, decía Vázquez Montalbán-- han sido cómplices con sus gritos o colaboradores con sus silencios con este uso populista del Barça

Hay equipos que se relacionan con un Régimen, como se le sigue recordando al Real Madrid de las seis copas en blanco y negro. Incluso en un artículo de 1987 --convertido en referente del procés-- Vázquez Montalbán escribió que el Barça había sido durante el franquismo "el ejército de un país desarmado".

¿Quiénes y cómo han convertido al Barça en el equipo de la Catalunya nacional? Es sabido por todos, pero podríamos empezar por los cientos y pico mil socios --militantes, decía Vázquez Montalbán--, cómplices con sus gritos o colaboradores con sus silencios con este uso populista de la entidad.

¿En qué España ha vivido hasta ahora quien ha descubierto que en el Barça se mezcla deporte y política? Quizás los sociólogos podrían explicarnos si el independentismo culé es una versión del hooliganism. Es decir, habría que aclarar si la conducta de numerosos aficionados barcelonistas es gregaria y/o agresiva, al menos verbalmente y con la estelada en la mano o como capa al estilo superhéroe.

Norbert Elías demostró cómo esta violencia y la conducta de grupo que provoca pueden reflejar necesidades y tendencias sociales y psicológicas. Sería necesario reflexionar, siguiendo el ensayo de Elías y Dunning, si el Barça y sus símbolos se han convertido en un escenario independentista porque las normas de masculinidad son consustanciales al fútbol. Cantar, gritar consignas y gesticular todo el tiempo, exhibir símbolos y banderas para manifestar oposición a otro grupo, al que se desafía si no bota. Todo un repertorio de temas para exhibir músculo identitario que incitan a la degradación de la comunidad a la que pertenece el contrario o a repudiar sonoramente a la máxima autoridad del Estado.

Y todo eso, silbato en mano, lo hacen aficionados del Barça, el equipo que más copas del Rey de España ha ganado; vamos, que si mezclamos deporte y política, es el club borbónico por excelencia.

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