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El buscador de cucarachas (2)

Roberto Giménez
5 min

En mi artículo anterior, en el que daba las gracias a Pedro J. Ramírez por haberme enseñado un modelo de éxito para el ejercicio del periodismo, no hablé nada de la ideología, no porque no sea importante, sino al contrario, lo es y mucho, pero no podía solventarlo con una frase. Lo importante no entra en el ámbito de la telegrafía.

Me identifico con el estilo periodístico de Pedro J. Ramírez, no diré que coincido porque me precede. Su estilo es hijo de un hecho que le impactó, como a toda un generación: el Watergate. Dos reporteros del Washington Post cazaron al presidente de los EEUU.

El periodismo es otra cosa desde entonces. La suerte que tuvo Pedro J. es que lo vivió en el nido de la cucaracha. Le marcó para siempre.

No descubro nada que no se sepa y que él ha repetido decenas de veces: entiende el periodismo como el sacerdocio en busca de la verdad. No me atrevo a calificar la verdad en mayúsculas porque existen tantas como percepciones. Lo aprendí de Ortega y Gasset, pero fue Kant quien lo escribió por primera vez. Ortega conocía la filosofía alemana y lo aprendió de él.

Sé que a los legos les parece discutible o sorprendente, pero no lo es. Con dieciocho años a mí también me sorprendió en primero de carrera cuando el profesor de redacción periodística nos dijo que no fuéramos ingenuos. Que las noticias no eran verdad porque un diario las publicara sino que, en el mejor de los casos, la noticia sólo era una aproximación a la realidad, un punto de vista, que el lector aceptaba si coincidía con lo que él pensaba.

No es que Pedro J. diga la verdad, pero sí que la persigue con ahínco, por eso digo que me identifico con su actitud casi enfermiza de buscar la cucaracha que se esconde debajo de las piedras de todas las instituciones públicas, sin excepción.

Por eso no tiene ni amigos ni abrigos. De Diario 16 le echó Felipe González y de El Mundo, Mariano Rajoy. La historia se repite porque es una noria que da vueltas sobre un mismo eje. Por eso es importante conocerla.

Yo también he ejercido el periodismo sin tener amigos ni abrigos. ¡Y hace tanto frío cuando se está a la intemperie! Hay que ser un soñador para ejercer de esta manera la profesión. Un soñador o un loco...

Durante muchos años busqué los tres pies al gato a los socialistas cuando gobernaban, y esos mismos pies se los busqué a los nacionalistas cuando llegaron al poder. Mi objetivo siempre fue desvelar los secretos, la trastienda, de quien estaba en el poder. Levantar la piedra que esconde su cucaracha.

En un tiempo los socialistas creían que yo era un aliado de los nacionalistas, y viceversa. Unos y otros estaban equivocados, sólo cazaba cucarachas. Muchas veces me equivoqué, pero sólo las buscaba para exponerla en la vitrina de mi portada. Esos insectos son asquerosos. Los colecciono para disecarlos.

Se equivoca quien crea que soy de los suyos. No soy de nadie. Nunca he perseguido mariposas, porque en el mundo salvaje de la política les pasó como a los dinosaurios...

PD: Al repasar el escrito me he dado cuenta de que tampoco he hablado de ideología política. Soy fiel al estilo de Pedro J.: cuando tengo un tema de interés entre las manos no lo mato con una entrega, sino que cierro el asunto cuando llegó al final con el lema de "prohibido aburrir". Lo que me obliga a un tercer y último artículo para cerrar esta forma de dar las Gracias a Pedro J.

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¿Quién es... Roberto Giménez Gracia?
Roberto Giménez

Durante treinta años ha sido director del Vallés, era el segundo semanario más antiguo de Cataluña, y fue director de Honor de El Vallès del siglo XXI. Ha escrito diez volúmenes de la serie 'Casi treinta años y un día' -en Sant Jordi de 2017 se publicó el último: 'Mis Enemigos Íntimos'-. Son las memorias del director del semanario comarcal más leído en Cataluña, que desapareció seis meses después de que lo dejara. Cada Sant Jordi publica una edición de 100 ejemplares que se agotan el mismo día. ¿Por qué no hace más? "Son para mis amigos", responde. Retirado antes de tiempo, con 55 años, por culpa de una bala traidora en la médula... También se le puede seguir en Facebook -cada día laborable publica 'La libreta azul'- y en Twitter. No es el capitán Araña. Sus amigos dicen que es honesto y leal, pero eso se lo dicen porque son sus amigos. Para entrar en su cofradía exige Derecho de Admisión. Vale quien sirve, pero no sirve cualquiera.