'Dura lex, sed lex'

José Antonio Bueno
5 min

Nos pueden gustar más o menos las leyes, pero las tenemos que acatar, todos. Es lo que diferencia al hombre civilizado de una banda de monos, fijarnos unas reglas y seguirlas. Además, si no nos gustan las leyes, en los estados democráticos hay mecanismos más que suficientes para cambiarlas, siempre que la mayoría piense lo mismo.

Durante años, demasiados, ha habido que recordar las ventajas del Estado de derecho a quienes querían cambiar la estructura del Estado por las bravas. A regañadientes, y con más de un rasguño, parece que lo han entendido y eso de diferenciar entre ley y legitimidad está, afortunadamente, cada vez más diluido. Ahora los que creen que somos “un solo pueblo” (mentira) aspiran, “sólo”, a un referéndum legal, algo es algo.

Pero como el Covid está en el centro de nuestras vidas desde hace demasiado tiempo, cumplir o no cumplir las normas está de nuevo de moda. Lo curioso es que el 99,99% hemos cumplido, y cumplimos, unas normas que, en general, nos parecen tan arbitrarias como carentes de sentido, incluso aunque el Tribunal Constitucional haya tumbado la forma de alguna de ellas, seguimos obedeciendo. Son las élites, mejor dicho, quienes se creen por encima del bien y del mal, quienes tratan de saltárselas porque ellos son diferentes.

El presidente del mayor banco suizo, el portugués Horta-Osório, ha dimitido por haberse saltado al menos un par de veces las normas de entrada en varios países. Una persona realmente poderosa, con unos ingresos superiores a los 10M anuales ha dimitido por ir a la final de Wimbledon y a otros eventos en Suiza saltándose las preceptivas cuarentenas. La mujer de césar debe ser y parecer. Impecable.

En las antípodas está el comportamiento de Djokovic y de Boris Johnson. El jugador de tenis ha querido saltarse la cola del supermercado, contando medias verdades cuando no mentiras. La religión antivacunas le ha encumbrado, pero no tiene sentido. Si de verdad quisiera cambiar el statu quo, debería haber denunciado las normas y simplemente no jugar, haciendo todo el ruido que le permite ser el número uno mundial, que es mucho. Pero lo que ha intentado es engañar a un Estado, y eso no se puede consentir. No serán pocas las familias que no han podido ver a sus hijos durante estos dos años porque Australia tiene una de las normas fronterizas más duras. El que no quiera, que no vaya, pero no es lícito saltarse las normas por ser alguien relevante. Djokovic tendría que tener una severa sanción moral, pero también deportiva y de sus patrocinadores, por ser tan mal ejemplo a sus seguidores. Nadal tiene toda la razón del mundo al afearle su comportamiento.

Pero el que se lleva la palma es el premier británico. Él, y su Gobierno, han dictado normas a diestro y siniestro, algunas con sentido, otras muchas no, como la mayoría de los gobiernos. Pero si en algo es diferente es que se las han saltado, muchos y muchas veces, y tratan de salvarse. Fiestas por doquier, incluso el día de duelo de luto nacional por el marido de la Reina. Por delante de Isabel II han desfilado, de momento, 14 primeros ministros, por lo que le es muy sencillo comparar al actual premier con, por ejemplo, Churchill o Thatcher. Jugando con las palabras del también Premio Nobel de Literatura, “nunca tan pocos hicieron tanto daño a muchos con su mal ejemplo”.

Nuestra sin par alcaldesa también entra con honores en el club de Djokovic y Johnson, y no solo por el Covid. Ya pillaron a su marido e hijo saltándose el confinamiento municipal en verano de 2020, y no pasó nada. Ahora se salta su código ético y no deja el cargo a pesar de estar imputada en una causa de corrupción. Consejos doy que para mi no tengo...

Entre el honor del samurái y la desvergüenza de algunos hay un abismo, pero sin duda el presidente de Credit Suisse ha hecho lo correcto mientras que otros, no. Lo más triste es que el castigo moral a quienes no hacen lo correcto no creo que sea ejemplarizante, estos son los valores de nuestra sociedad.

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¿Quién es... José Antonio Bueno?
José Antonio Bueno

José Antonio Bueno es ingeniero de formación y consultor de profesión, conocedor de la realidad empresarial catalana, española y europea. Ha realizado proyectos en dos sectores fundamentalmente, automoción y servicios financieros, si bien su especialidad en la gestión de procesos de adquisición y compra de empresas le ha hecho conocer otras realidades empresariales. En verano de 2017 inició un nuevo proyecto empresarial con varios socios nacionales e internacionales, tratando de aunar su bagaje como consultor con el análisis avanzado de datos, dándole un nuevo enfoque a sus servicios coherente con la realidad digital que nos rodea.