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Donde dije "ratas", digo "ratas"

Carlos Quílez
9 min

El día 2 de julio de 2015, es decir hace un año, publiqué un artículo bajo el título Ratas con galones, placa y pistola oficial. Empezaba más o menos así:

"A algunos mandos políticos del Ministerio de Interior, el llamado proceso catalán les ha hecho salir del armario. Algunas prácticas, por sucias y torpes, parecen propias de otra época. Y de otro régimen. En un estado fascista, la Policía tiene manga ancha para actuar. La Policía de un estado fascista es... fascista, por lo tanto ejerce su autoridad a través de la violencia, la represión y la intoxicación sirviendo a intereses bastardos y tenebrosos. España es un país democrático, por lo tanto su Policía es democrática. Pero, por lo que parece, no del todo. O no toda".

¡Diablos!, pienso ahora, ¡qué casualidad!. Con la que está lloviendo y con la cantidad de cínicos que ahora asoman el hocico por la entreabierta ventana de la evidencia para escupir su hiel, pero no donde se encuentra el cráter en el que hierve el detritus, sino dónde conviene. ¡Cuán necesaria es esta profesión, y cuánto periodista bastardo...!

¡Qué paradoja! Hacer leña del árbol caído y emponzoñar al enemigo mediático es fácil. Serrarle el tronco, cuesta más, ¿verdad? Aquel artículo continuaba...

"Se podría decir que cierta casta del poder, en el poder, atesora su propio pequeño ejército de policías leales y untados de forma material o ideológica, que hacen y deshacen al margen de la tutela y el escrutinio de los otros poderes del Estado y de la propia sociedad".

¡Zasca! ¡Estas que te sales!, me digo, ¡qué anticipación la tuya..., vamos, la mía!

Recordemos un poco más de aquel artículo:

"Dicen que alrededor de determinados comisarios, con el amparo del Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y el beneplácito del PP, se ha dispuesto un enjambre de mandos policiales al servicio de la contrainteligencia, la intoxicación y la desinformación. Los convergentes lo llaman el GAL político. El proceso nacionalista catalán ha enervado al Partido Popular y ha sacado del armario y, también de sus casillas, a estos policías. Unos tipos turbios, al servicio del poder, militantes del poder y obedientes preventivos de las consignas del poder. Se han fabricado dosieres falsos sobre los Pujol. Se ha intentado engañar y captar para la causa a reputados fiscales anticorrupción que a poco estuvieron de morder el anzuelo. Han elaborado dosieres y sometido a seguimientos, ni más ni menos, que a jueces y magistrados que firmaron un manifiesto defendiendo el derecho a decidir. Han filtrado decenas de mentiras con o sin el conocimiento de los periodistas que las han publicado. Mentiras crueles sobre personas vinculadas con el proceso, con el objeto de desgastarlo, deslegitimarlo y ahogarlo".

¡Diablos malditos! ¿Eso escribiste, Carlos? ¿Cómo se me ocurrió publicar aquello entonces? ¿Me estaré haciendo joven? ¿Qué me está pasando?

"Hoy por hoy, Interior alberga y ampara a policías que deberían ser acusados, como poco, de inducir al delito, porque buscan lo que desean, aunque no exista. Y de malversación de caudales públicos porque pagan por ello. Y pagan alegremente con el dinero de todos. Ese tipo de cosas son las que dicen que hacen esos policías fascistas".

¡Yo soy español, español, español! ¿Les suena? Pero, como añadiría el poeta: "Bien me quieres, bien te quiero, pero no me toques el dinero".

Seguimos con el articulito de marras (bendita hemeroteca):

"Lo de la corrupción en Cataluña es una metástasis voraz e ingente, afecte mucho, poco o nada al proceso. No es una invención del llamado GAL político. Se trata de un escándalo de tal magnitud y con tales certezas jurídicas y penales ya sobre la mesa, que los cerebritos de la inteligencia del Estado no deberían de andarse fabricando gusanos para agujerear el queso que fabricó 25 años de gobierno monocolor. Simplemente, porque no es necesario. El queso, se descompone a pesar y con independencia de las ratas que lo merodean".

¡Zasca! Otra vez. Un poco más:

"Todos los esfuerzos, los medios y sobre todo el dinero que ocupan en esta obsesión por buscar novias de juventud a los protagonistas del proceso catalán, podrían dedicarlo a la lucha contra la corrupción que ellos, de alguna forma, alientan con su conducta antidemocrática. La UDEF, ahogada por el volumen de trabajo y las presiones, lo agradecería".

Pero vayamos al grano:

"Resultará, pues, que los únicos mecanismos de control efectivos contra esas prácticas fascistas se encuentran, hoy por hoy, en la prensa. Esta afirmación (o suposición), a un reportero como el que suscribe, resabiado, escéptico pero ineludiblemente romántico para con su profesión, no le suena del todo mal".

O sí, añado ahora, un años después. Ya no sé qué pensar. Ya no sé si pensar. Ya entonces, añadía:

"Sin embargo, visto con una perspectiva amplia, esa música no puede ser una buena señal de salud democrática por cuanto, además, la mayoría de la prensa de este país no actúa, precisamente, en un clima de independencia ni siquiera de mínimos. La prensa está subyugada por las subvenciones públicas y las hipotecas bancarias. Y en esa coyuntura de crisis profunda, se ladra mucho pero se muerde poco".

¡No te decía yo! Cojo carrerilla, hincho los pulmones y congelo la mueca y arrugo el ceño: ¿Por qué nadie del sector nacionalista ha escrito algo así, tan sencillo y tan a calzón quitado como lo que usted lector(a) está leyendo? Es más fácil escupir hiel contra los colegas que no se prestan al discurso etiquetado sobre todo cuando lo que prevalece es la ignorancia. Cínicos. Mala gente.

Un poco más del artículo:

"No debe de ser la prensa sino el poder judicial y la fiscalía los organismos e instituciones que han de golpear duro en la línea de flotación de esos fascistas que viven en sus atalayas de poder, observándonos gracias a esos anteojos que lo ven todo (y si no, lo fabrican) y con el endiosamiento de quien ha comprado información sucia a intermediarios y traficantes sucios que se pirran por el dinero sucio".

¡Zasca, zasca y zasca! Esa información, como ocurriera con el histórico director del FBI, John Edgar Hoover, les confiere la patente de corso para la impunidad. O para el ridículo. Porque Hoover sólo ha habido uno. Los demás, al menos los que yo he conocido, no son más que seres patéticos, pero no menos espeluznantes. El tiempo lo dirá.

Más de aquello que escribíamos:

"Mientras jueces poderosos y fiscales-jefe lo saben todo, y con todo especulan, y soplan, y resoplan, y contemporizan y hacen ver que trabajan removiendo la ensalada de los temas inocuos, algunos periodistas, quizá por apaleados, no dejan de ladrar. Una parte de ellos, incluso, moviendo el rabo para disipar las moscas que fabrica esta democracia totalitaria y escatológica en la que nos ha tocado vivir".

No todos somos cínicos, esa es la moraleja. Hoy es 4 de julio de 2016. Hace exactamente 367 días de la fecha de publicación de aquel artículo que firmé y asumí, y reitero. Hace 635 días desde que dejé la Oficina Antifraude. Hace 1.988 días de tu muerte, David Martínez Madero, y por Dios que te echo de menos. Un día me dijo: "Carlos, no estés tan orgulloso de lo que eres, sino de lo que has conseguido no ser".

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¿Quién es... Carlos Quílez?
Carlos Quílez

Carlos Quílez Lázaro, periodista y escritor barcelonés, coordinador de investigación de Cronica Global, procedente de ED, donde trabajaba desde octubre de 2014 y tras cinco años al frente de la Dirección de Análisis de la Oficina Antifraude de Catalunya y veinte como periodista radiofónico de la crónica de sucesos en la cadena SER. Es colaborador habitual de La Sexta y de otras televisiones españolas donde acude de forma regular para desentrañar casos de corrupción política y económica. Como escritor es autor de siete novelas del género negro. Entre otras, destacan: Cerdos y Gallinas (Alrevés, 2012), La soledad de Patricia (RBA, 2010), Mala Vida (Aguilar, 2008); Piel de Policía (Roca Editorial, 2006); y Asalto a la Virreína, con Andreu Martín (Mondadori, 2004). En 2009 obtuvo el premio Crímenes de Tinta en su segunda edición.