¿Por qué el futuro ha de ser peor?

Jordi Alberich
24.03.2019
4 min

Hace un siglo, la esperanza de vida era de poco más de 40 años; la jubilación, para unos pocos afortunados, estaba fijada en 65 años; no existía el mínimo Estado del bienestar; y se trabajaban más de 3.000 horas al año. Desde entonces, hemos vivido diversas revoluciones tecnológicas destacando, entre ellas, la agraria. Consecuencia de ésta, la población ocupada en el sector agrario en España ha pasado del 50% a un escaso 5%.

Hoy, vivimos de media 84 años; nos jubilamos antes de los 65; hemos construido un gran Estado del bienestar; y trabajamos unas 1.750 horas al año. Y ninguna robotización acarreará la pérdida de tantos puestos de trabajo como supuso la mencionada transformación agrícola. Estamos, por otra parte, en plena oleada de innovaciones tecnológicas que, sin duda, supondrán una fuente de riqueza añadida.

Pese al estímulo que debería representar esta evolución, nos hallamos inmersos en un desconcierto generalizado, entre otras razones, por la incapacidad de la política por gobernar el proceso de globalización y revolución tecnológica. Unas dinámicas que, como ha sucedido tradicionalmente a lo largo de la historia en episodios similares, van más rápidas que la respuesta de la política. En cualquier caso, el gobernar atendiendo a los intereses generales, acabará por llegar. La alternativa es, literalmente, el desastre.

Por todo ello, más allá de la complejidad de las coyunturas a corto plazo, no entiendo por qué va adueñándose del discurso público el convencimiento de que a los jóvenes de hoy les aguarda un futuro peor que el de sus padres. De la misma manera que a los padres, en caso de no tener un buen plan de pensiones, les aguarda una vejez con tintes miserables. Y, ya imposible de entender, cómo se hace de la longevidad, ese vivir más y en mejores condiciones, una especie de maldición pues, se asegura, acabará por llevarse por delante las cuentas públicas y el Estado del bienestar.

Si en los últimos cien años hemos conseguido logros tan extraordinarios como los señalados, no entiendo por qué, ahora, no hemos de ser capaces de ir ajustando el modelo.

El Estado del bienestar occidental se consolidó a partir de un muy amplio acuerdo político y social. Estimulado, principalmente, por el terror al expansionismo soviético. Para evitarlo, los líderes del momento pensaron acertadamente que  nada mejor que construir unas sociedades justas y dignas.

Desaparecido el enemigo soviético, la gran cuestión es si, por nosotros mismos, seremos capaces de comprometernos en rehacer fracturas y reforzar nuestro modelo de sociedad. Se trata de recuperar la confianza en un futuro mejor. De no ser así, de ver triste el mañana nos refugiaremos en el ayer que nos ofrece el Frente Nacional, Ukip, Justicia y Libertad, Alternativa para Alemania, Vox o el independentismo radical.

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¿Quién es... Jordi Alberich?
Jordi Alberich

Es licenciado en Ciencias Empresariales por ESADE. Socio y fundador, en 1988, de M&A Fusiones y Adquisiciones; Asesor general del Círculo de Economía e impulsor de Promoción de Humanidades y Economía, sociedad editora de La Maleta de Portbou.

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