Las mentiras de El Segadors (II)

Roberto Giménez

por Roberto Giménez

05.12.2015
5 min

Este artículo es la continuación del anterior ('La mentira de El Segadors') por eso hoy lo he titulado en plural y con el apéndice II. No será el último, pero los voy a interrumpir porque, como bien saben, ayer empezó una campaña electoral trepidante en la que España se juega casi el ser o no ser; aunque tampoco descarto el parto de los montes, la fábula de Esopo, que acabó pariendo un ratón. La política siempre es causal, nunca casual; pero a veces también caprichosa.

La Historia no es lo que debería haber sido y no fue, sino acercarse a lo que en realidad fue

Decía anteayer, en mis 'Días Impares', con ese ejemplo tan procaz con el que hasta en la escuela los maestros engañan a los niños, más por ignorancia que por la mala fe, con esas tres frases con el vibrato más grave y violento de Els Segadors: "Bon cop de falç, defensors de la terra, bon cop de falç...". Que en la canción tradicional era: "Segueu arran, que la palla va cara, Segueu arran...". Vamos, se parece lo que un huevo a una castaña.

El historiador Ricardo García Cárcel, catedrático de Historia Moderna de la Universitat Autònoma de Barcelona, escribió que "Cataluña es una sociedad enferma de pasado". Más que Cataluña son los separatistas, pero me permito la osadía de rectificar al catedrático para decirle que en ese pasado, que se creen a pie juntillas, aún hay algo peor: no ha existido nunca. Es un mito.

Seguro que Ricardo García, y cualquier historiador, estará de acuerdo conmigo: la Historia no es lo que debería haber sido y no fue, sino acercarse a lo que en realidad fue.

Así desde el mismo inicio de la fabricación de la nación catalana tan bellamente contada por Ferran Soldevila en su romántica 'Història de Catalunya', cuenta que el fundador del condado, Guifré el Pilos, puso sus cuatro dedos ensangrentados, el pulgar lo debió perder en la batalla, para dibujar los gules de la senyera sobre el dorado...

Ni Cataluña, ni España ni ninguna otra nación está hecha con ese material intemporal propio de las piedras, no de las gentes...

La historia real es que esta leyenda la escribió un teólogo valenciano a mitad del siglo XVI, seis siglos después de la muerte de Wifredo el Velloso, en su 'Crónica General de España, y especialmente de Aragón Cathaluña y Valencia'.

El pecado original de esa visión romántica nacionalista es, como denunció el mejor historiador español, el gerundense Jaume Vicens Vives, que en la recreación del pasado ha sido con una visión esencialista. Es decir, como si Cataluña tuviera una identidad inmutable al paso del tiempo. De alguna forma es eterna desde la cuna, desde la misma marca hispánica, cuando con la llegada de los Capetos se separó de la dinastía carolingia (a finales del primer milenio).

Ni Cataluña, ni España ni ninguna otra nación está hecha con ese material intemporal propio de las piedras, no de las gentes...

Esta visión de naturaleza romántica es una recreación de finales del siglo XIX. Que es falsa se demuestra con este espejo sociológico: a finales del siglo XIX tres eran los espectáculos que más interés despertaban a los barceloneses: la zarzuela, el flamenco y las corridas de toros (Barcelona tenía tres plazas. No había otra ciudad con tantas, ni Madrid). Así lo explica el historiador gerundense Jordi Canal, doctor y jefe de estudios de la reputada École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) de París, en su 'Historia Mínima de Catalunya', recién salida del horno.

El muro que los separatas nos quieren levantar es una argamasa de mentiras

Si algún nacionalista rebate esa realidad diciendo que era por culpa de la política asimiladora de los Borbones que desde el año cero (1714) quisieron borrar la identidad catalana, les diré que una de las primeras decisiones que tomó Felipe V al llegar al trono fue prohibir las corridas de toros porque, coincidiendo con el criterio del anterior Ayuntamiento de Barcelona del convergente Trias, consideró que el espectáculo era pura barbarie. Unos años después revocó esa orden real porque al populacho no le sentó bien que un rey extranjero dictara esa ley contra una tradición de siglos; y conservar el trono bien valía esa misa de sangre no consagrada.

Acabo con el mismo mensaje del día 3: el muro que los separatas nos quieren levantar es una argamasa de mentiras. No se apuren, contaré más...

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¿Quién es... Roberto Giménez Gracia?
Roberto Giménez

Durante treinta años ha sido director del Vallés, era el segundo semanario más antiguo de Cataluña, y fue director de Honor de El Vallès del siglo XXI. Ha escrito diez volúmenes de la serie 'Casi treinta años y un día' -en Sant Jordi de 2017 se publicó el último: 'Mis Enemigos Íntimos'-. Son las memorias del director del semanario comarcal más leído en Cataluña, que desapareció seis meses después de que lo dejara. Cada Sant Jordi publica una edición de 100 ejemplares que se agotan el mismo día. ¿Por qué no hace más? "Son para mis amigos", responde. Retirado antes de tiempo, con 55 años, por culpa de una bala traidora en la médula... También se le puede seguir en Facebook -cada día laborable publica 'La libreta azul'- y en Twitter. No es el capitán Araña. Sus amigos dicen que es honesto y leal, pero eso se lo dicen porque son sus amigos. Para entrar en su cofradía exige Derecho de Admisión. Vale quien sirve, pero no sirve cualquiera.