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Días impares

Hemos entrado en la dimensión desconocida

Roberto Giménez

por Roberto Giménez

13.11.2015
4 min

Las únicas críticas que he recibido por parte de algunos suscriptores de Crónica Global en mis cuatro meses de columnista, y treinta y seis artículos, son porque he reiterado que los separatistas no son violentos. Aún.

Mantengo que el problema de Cataluña no es la violencia, pero sí que ahora temo que la violencia se vaya a convertir en un riesgo cuando nuestro Estado democrático cumpla con su obligación y aplique la ley

Artur Mas, el martes, en su réplica a Miquel Iceta, reconoció que el único coste que no estaba dispuesto a pagar por su locura era el de la violencia. Era su línea roja, dijo con su oratoria de Narciso caído en el estanque por la dialéctica del escudero Iceta que me recuerda a los buenos consejos de Sancho Panza cuando ve que su señor (President) ha perdido las luces...

No tengo espacio (algo hablé en 'El separatismo rompe viejas relaciones de amistad') para contarles la violencia verbal que he sufrido en mis casi treinta años como director de un semanario comarcal que con 72.000 lectores era el más leído de Cataluña, mucho tiempo antes del inicio del Procés. Nadie me lo tiene que contar; pero comparado con lo del País Vasco era un juego de niños.

Mantengo que el problema de Cataluña no es la violencia, pero sí que ahora temo que la violencia se vaya a convertir en un riesgo cuando nuestro Estado democrático cumpla con su obligación y aplique la ley.

Desobedecer a una ley democrática es un atentado a la democracia, pónganse como se pongan los separatistas. La duda, el riesgo y el peligro es cómo responderán a la respuesta de un Estado de Derecho. ¿Será con violencia?

Recurro a una frase del ruso Isaac Asimov que decía que "la violencia es el último recurso del incompetente". Entiendan lo de la incompetencia no como un insulto, sino como lo que literalmente es: cuando una persona, o una institución, toma una decisión que a todos nos afecta en un ámbito que no tiene competencia. Como ha sido la declaración del Parlament encarnada en Carme Forcadell.

Desobedecer a una ley democrática es un atentado a la democracia, pónganse como se pongan los separatistas. La duda, el riesgo y el peligro es cómo responderán a la respuesta de un Estado de Derecho. ¿Será con violencia?, al decir de Asimov. Esa línea roja que el President en funciones no quiere pagar, como le dijo a Iceta.

El presidente Mariano Rajoy ha advertido que sólo aplicará la ley, pero con todo el peso de la ley. Y no le van a temblar las piernas porque sabe que eso es lo que quieren, al menos, los once millones de electores que hace cuatro años le dieron las llaves de la Moncloa...

Los niños británicos aprenden en la escuela esta frase escrita por Edward Bulwer-Lytton, en el siglo XIX: "La pluma es más poderosa que la espada" ("The pen is mightier than the sword"). Vamos, que hace más daño un buen escrito que la fuerza bruta. Que la razón tiene más recorrido coacción.

Espero y deseo que la pluma empleada por los defensores del Estado democrático, entre los que me encuentro, sea más poderosa que la espada que empuñará el Estado.

Hemos entrado en esa dimensión desconocida con la que este milhombres de Artur Mas tendrá el dudoso honor de pasar a la Historia de este pequeño país...

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