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Tras el pinchazo, una Diada para la reflexión

José Antonio Bueno
6 min

Un pinchazo, el de la Diada de este año, que obliga a la reflexión. El artículo 8.3 del actual estatuto de autonomía consagra el 11 de septiembre como la fiesta de Cataluña. Es una festividad que ha ido apareciendo y desapareciendo de la cotidianeidad a lo largo nuestra historia. No fue hasta la Reinaxença, en 1886, que no se comenzó a festejar y a lo largo de los años ha tenido sus altibajos, combinando épocas en las que era un día festivo más, con otras de reivindicación nacionalista. En la dictadura de Primo de Rivera se prohibió, se rescató en la Segunda República, se volvió a prohibir en el franquismo y en 1976 volvió a resurgir en un acto multitudinario en Sant Boi, donde nació el slogan “llibertat, amnistía, estatut d'autonomía”. (Por cierto, Sant Boi es la ciudad donde Rafael de Casanova falleció 30 años después de rendir la ciudad en la guerra de Sucesión, con u, entre dos linajes que peleaban por la Corona de España. Este abogado, y la ciudad, cambió de bando y apostó por el perdedor, por eso Cataluña, que en absoluto buscaba la independencia, perdió sus fueros y Euskadi, siempre hábiles, no. Nuestro héroe nacional tal vez lo fue, pero desde luego no fue mártir).

Pasó la transición, tuvimos estatuto, hubo una amnistía y vivimos en libertad, lo que hizo que poco a poco el espíritu de la jornada fuese cada vez más lúdico, convirtiéndose en el puente del cierre de verano, y el peso de las manifestaciones y reivindicaciones se fue diluyendo, algo lógico en una sociedad moderna que ya no tenía mucho más que reclamar.

Pero en 2012 se lió, no solo el 11 de septiembre sino la convivencia en general. La multitudinaria manifestación de aquel 11 de septiembre inició una escalada emocional pro independencia en una sociedad que destaca por su conservadurismo. La clase media y alta de Barcelona se animó a participar en performances muy bien orquestadas a las que se unieron las comarcas, auténticos amos y señores de la política catalana gracias a una ley electoral que prima al minoritario (como en el resto de España, ya que es la misma), a una burguesía barcelonesa en retirada y a una sublimación de los ocho apellidos catalanes (los veinte apellidos más frecuentes en Cataluña siguen el mismo patrón que en el resto de España (García, Martínez, López, Sánchez,….) pero curiosamente muy pocos de nuestros politicastros tienen linajes tan “normales”).

El resultado lo conocemos, una movilización perfectamente animada por la ANC al servicio del Govern con el altavoz de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales, auténtica estructura de estado. Pero tras el clímax y la decepción de mucha gente de buena fe, desde hace tres años hasta aquí el souflé ha bajado porque la independencia es IMPOSIBLE que sea 'low cost', aunque los sentimientos pesan más que la razón. El 99% de los movimientos independentistas han sido disruptivos y eso implica costes económicos, sociales e incluso vidas. Una sociedad burguesa nunca puede ser revolucionaria porque tiene más que perder que ganar.

Las manifestaciones de la Diada de 2020 en condiciones normales era muy probable que fuesen menos masivas tanto por el agotamiento, y decepción, de la población como por el desmembramiento de la unidad independentista, no solo entre ERC y Junts sino, y sobre todo, entre los múltiples herederos del espacio, otrora pal de paller de nuestra sociedad: Junts, PdeCat, PNC, Lliga Democrática, Units per Avançar, Lliures, etc, etc, etc. Si a eso le unimos las restricciones por la pandemia del Covid que se han cargado todas las fiestas de Cataluña (la Patum, las Verges, Sant Jordi, Sant Jaume, Sant Pere, Sant Fèlix, Santa Tecla, la Mercé…) queda una diada tremendamente descafeinada pero contumaz porque se niega a respetar el máximo legal de las reuniones sociales. En cualquier caso, con mucha menos participación, y ya no únicamente debido a la pandemia.

Puede que tengamos un octubre movidito tras la inhabilitación del presidente vicario, lo mismo que lo tuvimos el año pasado tras la publicación de la sentencia por los hechos de otoño de hace tres años, pero lo que está claro es que la Diada reivindicativa ha perdido fuelle, y no solo por el covid. Ojalá pronto el artículo 8.3 del Estatuto de Autonomía se haga realidad y el 11 de setiembre vuelva a ser la fiesta de Cataluña, de toda Cataluña y de todos los catalanes, y no solo de una parte relevante, pero no mayoritaria, de sus ciudadanos.

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¿Quién es... José Antonio Bueno?
José Antonio Bueno

José Antonio Bueno es ingeniero de formación y consultor de profesión, conocedor de la realidad empresarial catalana, española y europea. Ha realizado proyectos en dos sectores fundamentalmente, automoción y servicios financieros, si bien su especialidad en la gestión de procesos de adquisición y compra de empresas le ha hecho conocer otras realidades empresariales. En verano de 2017 inició un nuevo proyecto empresarial con varios socios nacionales e internacionales, tratando de aunar su bagaje como consultor con el análisis avanzado de datos, dándole un nuevo enfoque a sus servicios coherente con la realidad digital que nos rodea.