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Destape de una trama de blanqueo de dinero en Barcelona

Gonzalo Baratech
7 min

Acaba de estallar otro aparatoso escándalo financiero con epicentro en Barcelona. Se trata de una prolífica red de evasión y blanqueo de capitales por importe de centenares de millones de euros, pertenecientes a unos 500 inversores. Estos son en su mayoría catalanes acomodados que se desenvuelven en el mundo de la política, la industria, las finanzas o las profesiones liberales. El culebrón no ha hecho más que empezar. Promete hacer correr ríos de tinta.

Ocupa la cima del tinglado Alejandro Pérez Calzada, banquero de largo recorrido. Su esposa, la inspectora de Hacienda Margarita García-Valdecasas, dirigió entre 2013 y 2016 nada menos que la Oficina Nacional de Investigación del Fraude de la Agencia Tributaria. En su día, la Guardia Civil registró el domicilio de la pareja en busca de pruebas y documentos comprometedores sobre los cambalaches del caballero.

Los españoles nos vamos acostumbrando a la difusión de chanchullos de toda laya. Incluso a los gatuperios protagonizados por los más altos dignatarios del Estado y la administración pública. Pero que un episodio de blanqueo impacte, por vía matrimonial, en una alta jefaza del fisco, no puede por menos que resultar chocante.

Pérez Calzada fundó en 1989 junto con Carlos Tusquets --actual presidente del Barça--, el Banco de Finanzas e Inversiones (Fibanc). Su sede radicaba en el palacete Abadal, de la Diagonal barcelonesa, situado justo frente a las torres negras de Caixabank.

En los albores del milenio, Pérez Calzada propinó un sonoro “pelotazo”. Vendió su paquete de Fibanc al italiano Mediolanum, feudo de Silvio Berlusconi, por la respetable suma de 40 millones de euros.

Una porción de ese dineral la aplicó a lanzar una gestora de patrimonios titulada Venture Finanzas. En 2011 Calzada repitió “petardazo”. Él y sus consocios en Venture cedieron la compañía a la corporación suiza Mirabaud.

Pero Calzada siguió ligado a la casa como vicepresidente y consejero delegado hasta 2015. Debía disponer de tiempo sobrado, porque durante ese periodo articuló en paralelo, por su propia cuenta, un sofisticado dispositivo de fuga de caudales. Pretendía, así, facilitar la labor a los ciudadanos opulentos deseosos de colocar su peculio a buen recaudo de los largos tentáculos de Hacienda.

Con tal finalidad, constituyó innumerables sociedades instrumentales con ayuda de un racimo de testaferros. A la vez, se sirvió para sus propósitos de instituciones de Suiza, Andorra, Luxemburgo, Chipre y Panamá, más algún que otro exótico paraíso fiscal como Islas Vírgenes y Bahamas.

Las fuerzas policíacas que han descubierto semejante trama han dado en bautizarla Charisma, que es el nombre de un velero de Calzada.

Poco a poco, el digital madrileño El Confidencial va filtrando la lista de usuarios de los servicios de ese montaje. Uno de ellos es el piloto de motos Jorge Lorenzo. Otro, Albert Mitjà Sarvisé, de Convergència, quien ejerció de director de Energía de la Generalitat. Se le achaca el “lavado” de 9 millones, trasegados por medio de entidades helvéticas y andorranas.

Asimismo es de citar Joaquín Barceló, hombre de paja del exministro popular Eduardo Zaplana. Utilizó Charisma para repatriar fondos secretos desde Suiza hasta España, con escala en los valles de Andorra.

Además, figura en el repertorio de clientes un personaje de frecuente presencia en oscuros lances crematísticos internacionales. Me refiero a Oleguer Pujol Ferrusola, benjamín de la saga del muy honorable expresident. Varios partícipes de sus negocios invirtieron recursos opacos en rascacielos y complejos inmobiliarios erigidos por Oleguer en Panamá.

last, but no least, otro parroquiano asiduo de Charisma es José Mestre Fernández, que movió la friolera de 180 millones “en negro” por varios enclaves extranjeros.

Con anterioridad, Mestre había gestionado el potente grupo de terminales portuarias Tercat. Su familia las transfirió en 2006 al gigante Hutchison, de Hong-Kong, por 250 millones en efectivo metálico.

Es de recordar que el Tribunal Supremo condenó a Mestre, en 2014, a nueve años de cárcel por ocultar un gran alijo de cocaína en sus instalaciones de los muelles de Barcelona. Asombrosamente, un año después de su ingreso en prisión, los gerifaltes penitenciarios de la Generalitat le otorgaron una especie de semilibertad.

Por último, la causa mentada afecta también al Santander. Ocurre que una porción no desdeñable del numerario manejado por la organización de Calzada se canalizó por varias sucursales del banco cántabro. A la sazón, su jerarca máximo era Emilio Botín, patriarca de la dinastía. De momento están imputados siete directivos y exdirectivos, entre ellos Ignacio Benjumea, que fue secretario del consejo de administración.

Las pesquisas sobre la maraña defraudadora que nos ocupa corren a cargo del Juzgado número 5 de la Audiencia Nacional. El embrollo tiene largo hilo en su cometa. Es de desear que la divulgación del serial no se detenga. Así podrá el pueblo llano conocer la identidad de la legión de “pringados” atrapados en las mallas de tal inmundicia.

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¿Quién es... Gonzalo Baratech?
Gonzalo Baratech

Baratech forma parte de una estirpe periodística catalana de larga tradición. Licenciado en Administración de Empresas por la European University y máster en Social Media Branding & Digital Strategy por La Salle-Universidad Ramón Llull, es coautor del libro Mas-Colell, el ‘minessoto’ que fracasó en política, de reciente publicación. Ha colaborado en Economía Digital y con anterioridad en La Vanguardia Digital y el diario Avui.