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Despreciables políticos

Josep Maria Cusí Navarro
5 min

De un tiempo a esta parte, observo otra pandemia más preocupante, si cabe, que la generada por el coronavirus, la cual es la desvergüenza creciente, en número e intensidad, entre nuestros políticos.

En el ámbito estatal, la observo en el presidente del Gobierno, quien, como Godoy, parece anteponer sus intereses personales a los del país que tiene el privilegio y honor de presidir. Observo su desmán en sus intentos de controlar el poder judicial y los medios de comunicación que discrepen de su gobierno. Lo observo también ante la absoluta ausencia de pudor ante actos que deberían suponer el cese inminente de varios ministros de su equipo, caso de José Luis Ábalos, por sus reiterados guiños al Gobierno de Venezuela (como reuniones negadas en Barajas y subvenciones incomprensibles a líneas aéreas irrelevantes y en pérdidas constantes); y caso de Fernando Grande-Marlaska, quien debería pasar a la historia, pero no ya del grupo de ministros en el Gobierno, sino de servidores públicos, atendida la sentencia de la Audiencia Nacional que sostiene su vil arbitrariedad contra el coronel Diego Pérez de los Cobos, su reinstauración de la tumbada patada en la puerta de Corcuera o su vocación por acercar a los más sanguinarios asesinos de ETA a las víctimas de su terrorismo.

En el ámbito autonómico, la observo en un Carles Puigdemont que anticipa sus erráticos e inviables sueños de grandeza a la conveniencia del pueblo que dice amar, pero que con sus actos demuestra odiar, al boicotear reiteradamente la formación de un gobierno más necesario que nunca en Cataluña, por la necesidad de concluir cuanto antes la vacunación, aprovechar los fondos europeos, recuperar la creciente pérdida de competitividad con Madrid, etcétera, todo por culpa de una enfermiza obsesión por un procés que hasta la fecha solo ha traído división entre los catalanes y pobreza, a raíz de la fuga de millares de empresas y de catalanes, hartos de un desgobierno constante que solo actúa para incrementar una presión fiscal ya asfixiante. La observo en una presidenta del Parlament, Laura Borràs, que tiene por bandera la triste afirmación en su día hecha por Alfonso Guerra de que “Montesquieu ha muerto”, decidida a omitir decisiones judiciales que le perjudiquen, lo cual le interesa atendido el hecho de que está investigada, otrora imputada, por la comisión de varios delitos. La observo en un Pere Aragonès que, lejos de pactar con la lista más votada, el PSC, en muestra de un debido respeto al mayor número de catalanes que ha apostado por un partido, se decanta por una CUP radical que traerá más okupas y desincentivará aún más la inversión extranjera en Cataluña. 

Y en el ámbito municipal veo esa desconsideración en una Ada Colau que ha permitido reiteradamente manifestaciones que destrozan nuestra maravillosa Barcelona cuyas calles, además, pinta absurdamente de colores y llena de letales bloques de hormigón, mientras riega de subvenciones a sus entidades afines y arremete sin tregua contra empresas como Agbar, pese a su profesional gestión empresarial, errando así una vez tras otra en su proceder pese a las advertencias del consistorio municipal sobre dichas actitudes.

Parece que nuestros políticos han olvidado que no están donde están por la gracia divina, sino por haberles confiado parte de los españoles su voto, y que quienes los sufrimos somos, paradójicamente, quienes sufragamos su sueldo, pues no muestran un alto sentido de la responsabilidad que de ellos se espera, sino que actúan sin vergüenza a sus anchas. Pero que se atengan a las consecuencias, pues la historia enseña cómo acaban quienes así proceden, y es que, como dijo un escritor alemán “cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto”.

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José María Cusí Navarro

Inició su carrera profesional en febrero de 1996 en Cuatrecasas, donde trabajó en Barcelona (cinco años) y abriendo la oficina de Nueva York (casi tres años). Posteriormente fue responsable del Área Fiscal en Barcelona de Clifford Chance (seis años), socio del Área Fiscal en España de Bird & Bird (cuatro años) y tras un paso de 3 años por AVQ decidió crear en septiembre de 2015 su propia firma junto con dos socios más: CHR LEGAL. Actualmente CHR LEGAL es una boutique legal que cubre las áreas de penal, fiscal, mercantil y procesal civil. Ha escrito numerosos artículos en España y en el extranjero, es miembro de la AED, de la IFA, de la IBA, de la AEDAF y de la AEDF. Es autor de un libro y profesor de fiscalidad desde hace doce años. Ha colaborado con ESADE, IESE y el Centro de Estudios Garrigues.