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Desenlace: cuando las ranas críen pelo

Pedro Vega
23.09.2019
7 min

Es justo reconocer que hay que tenerlos muy bien puestos y como el caballo de Espartero, en la confluencia de Alcalá con O’Donnell en Madrid o en el Espolón de Logroño, curiosamente hechas por un catalán, para salir diciendo que “no dormiría por las noches” si hubiese aceptado las condiciones de Podemos para formar un gobierno de coalición. Eso sí: “como el 95 por ciento de los españoles”, estimación en la que podríamos coincidir. Pedro Sánchez es un cínico o ha tomado el pelo a propios y extraños durante estos casi cinco meses desde las elecciones del 28A dando pábulo al gobierno progresista. Para mí que cambió de camello o le sentó mal la ratafía que le regaló Quim Torra cuando visitó La Moncloa, engullida en horas de desvelo pensando en Podemos. Admitiendo que tener pesadillas con Pablo Iglesias debe ser angustioso, debemos aceptar que uno puede levantarse con un cuerpo de jota que empuje a amargar la vida a cuantos te rodean.

¡Anda que no hay cosas para desvelarse! Preocupaciones no faltan, sobre todo si eres Presidente del Gobierno, aunque sea en funciones. De paso sea dicho: habría que pensar en definir de otra forma ese estado de transición institucional, porque suena demasiado a teatro o espectáculo de cualquier índole. El caso es que cada uno tiene sus desvelos. Incluida la sentencia de los eres en Andalucía que podría poner patas arriba el granero de votos socialista. Que le pregunten si no por ejemplo a los indepes, agobiados por el fantasma de la sentencia del Tribunal Supremo. Aunque empeñados a su vez en que todos cuantos vivimos y trabajamos en Cataluña lo vivamos como una obsesión nocturna y diurna. Quim Torra ha amenazado incluso con llegar “hasta las últimas consecuencias” y advertido que vendrán tiempos difíciles que la ciudadanía deberá afrontar con “radicalidad democrática” y “desobediencia civil”. Debería escuchar a uno de los políticos imputados ante el TS que reconoce sensata y privadamente el error de que “fuimos contra el PP y chocamos con el Estado”.

Entre unos y otros, parecen obstinados en dejarnos a todos entre perplejos e insomnes. Cuatro elecciones en otros tantos años. Una idea que no por repetida tiene menos impacto. Aunque, después de todo, votar no es tan cansado, que tampoco pesa tanto un sobre electoral. Lo que cansa es pensar que se nos vienen encima siete semanas de ver las mismas caras, se supone que idénticas listas, iguales programas o los clásicos trajes azules según dictan las normas del marketing político televisivo, salvo Pablo Iglesias que siempre aporta un toque cásual de color.

Lo de menos ahora es el coste de 140 millones que se asegura cuesta cada proceso electoral, más lo que inviertan en la campaña los partidos. Aunque tengan las arcas exhaustas, ahora cobrarán una buena parte de lo que les corresponde por votos y escaños de las elecciones pasadas. Lo interesante será ver el alcance de la abstención. Ha empezado ya el baile de las encuestas y se puede empezar a cruzar apuestas sobre a quién perjudica más o su transversalidad. Dado el enquistamiento en bloques, parece impensable creer que haya trasvases, salvo si pensamos en Ciudadanos que puede centrifugar votos a un lado y otro, a izquierda y derecha. El único que debe dormir tranquilo es Pablo Casado.

En Cataluña, los bloques son tan monolíticos que nada hace prever grandes cambios ni aunque salga la sentencia de los políticos presos: cada uno a lo suyo. Sin embargo, en la izquierda española hay un dato significativo: la entrevista a Pedro Sánchez apenas superó el 9% de espectadores en horas de máxima audiencia. Se suele decir que en España las elecciones no las gana la derecha sino que las pierde la izquierda. Si se tiene en cuenta que aquel gobierno de las fuerzas progresistas se desvaneció, se explica el estado de mosqueo que se percibe. El hastío y la frustración es tal que puede corporeizarse incluso aquello que dijo Coluche de sí mismo cuando se presentó a la Presidencia de Francia: “Mejor votar a un gilipollas que a alguien que después te tome por gilipollas”. El elenco de actores es amplio y hasta Risto Mejide ha dicho que se presentará con un partido que se llamará Peor No Lo Haremos (PNLH).

El harakiri se hace clavándose el cuchillo en el lado izquierdo para moverlo hacia la derecha, tal vez porque vivimos en un mundo de diestros. Al japonés Yukio Mishima, tan ultra derechista como gran escritor que estuvo a punto de ganar el premio Nobel de Literatura, se le subió el imperio al cerebro y acabó destripado y sin cabeza en un harakiri, después de asaltar un cuartel del ejército. Al Presidente del Gobierno en funciones tal vez se le subió la referida ratafía o sufrió un ataque de vanidad que le colapsó el pensamiento. Ha reclamado una “mayoría rotunda” y tal vez se encuentre con una minoría algo mejorada. Recuerda demasiado a aquel Artur Mas representado cual Moisés para guiar a su pueblo hacia la Ítaca independiente, que adelantó las elecciones en 2012 para disfrutar de una “mayoría excepcional” y perdió doce escaños. El 11 de noviembre podemos levantarnos igual que estábamos, con la amenaza de volver a votar el año próximo y esperando a tener un gobierno estable cuando las ranas críen pelo.

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¿Quién es... Pedro Vega?
Pedro Vega

Santander; Aries, mientras los astrólogos no alteran las certezas zodiacales; cosmopolita residente en Barcelona tras pasar por Paris, Bucarest y Madrid. Colaborador de diversos medios informativos, es autor de libros como “Crónica del antifranquismo”. Dedicado desde hace tiempo a la consultoría de comunicación de grandes corporaciones empresariales.