A desempedrar

Pedro Vega
28.06.2021
7 min

Barcelona es una fiesta y tal parece que no hubiese pasado nada: sin mascarillas, empieza el Mobile, Pere Aragonès coincide con el rey Felipe VI en la cena de apertura y el martes departirá con Pedro Sánchez, comienzan a llegar algunos cruceros, los presos del procés ya están en sus casas disfrutando de libertad, los indultos iluminan la concordia perdida y dormita la tensión… Esperemos que no sea un espejismo y que dure este mundo feliz. Porque en tiempos de canícula, siempre hay riesgo de tormenta. Y no sea que se despierte la codicia. Aunque la memoria es engañosa, creo que fue Francisco Umbral quien, en aquellos tiempos de represión en blanco y negro, dijo que aquí “cuando se apaga la luz, se enciende la pasión”. Será tal vez por una tendencia innata a hacer las cosas y actuar sin mirar.

Queda camino por recorrer y ya se sabe que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. El ministro José Luis Ábalos, que está que se sale de un tiempo a esta parte y no solo por comparar a Oriol Junqueras con Nelson Mandela, ya avisó el otro día que las causas del procés en el Tribunal de Cuentas son como piedras en el diálogo con la Generalitat: “Nos corresponde ir desempedrando todo este camino”. Dudo que crea que debajo puede encontrar la playa. Ignoro si es por puro ingenio, si asume el papel que le asignan o tiene un buen guionista. En cualquier caso, no deja de ser un aviso para caminantes.

De un tiempo a esta parte, vamos de tribunal en tribunal, sea por una cosa u otra, y adquiriendo una pátina de cultura judicial que jamás hubiésemos imaginado. Más allá de la satisfacción que en cada cual puedan suscitar los indultos, su traducción es que las penas impuestas por Tribunal Supremo fueron excesivas, se mire desde Barcelona o desde Estrasburgo. Es más: podría afirmarse que, lejos de resolver un problema, pudo la justicia contribuir a agudizarlo, cuando su función es precisamente establecer y contribuir a una paz social. Para algunos expertos, y opiniones hay para todos los gustos, el poder judicial queda deslegitimizado con los indultos y puede hacer aparecer a los magistrados como culpables de alteración de la convivencia. ¿Podrán pedir ahora la extradición del inquilino de Waterloo y sus acompañantes por razones políticas? Difícil papeleta.

Y aquí vamos a las piedras del Tribunal de Cuentas, situado ya en el foco del independentismo más inflamado. Para colmo de males, el pleno de este organismo constitucional se reúne el mismo día en que se encuentran Pedro Sánchez y Pere Aragonès, se supone que con vistas a cerrar la composición y la agenda de la mesa de diálogo o como se convenga en llamar finalmente. Aunque hay una cuarentena de cargos de la Generalitat acusados de malversación, la figura más descollante es el ex consejero de Economía, Andreu Mas-Colell, y la desazón que provoca a algunos, tal vez muchos, ver en riesgo su patrimonio, reclamando para él una especie de privilegio de ciudadanía, un trato de favor, que no se le aplique la ley. Vale para defender su inocencia un reconocimiento internacional de su valía profesional como profesor de Harvard y Berkeley, por ejemplo. La notoriedad profesional puede valer aquí tanto como para un médico, un científico, un maestro cantero o un ebanista experto. En particular en fechas tan señaladas como las actuales en que finaliza el plazo para pagar al fisco.

La verdad es el caso me recuerda lo de Lola Flores, cuando la empapeló Hacienda por impago de obligaciones tributarias y haber defraudado varios cientos de millones al erario público. Ocurrió a finales de los ochenta, y una razón fundamental fue la naturaleza de ejemplaridad por su notoriedad social. De hecho, la pena siempre tiene un factor de represión de una conducta individual y de prevención general. La folclórica admitió su responsabilidad y optó por proponer una especie de crowfunding con aquello de “si cada español diera una peseta…”, para no verse en la ruina. Si cunde el ejemplo…

Es obvio que los casos no son comparables linealmente. Las causas son diferentes y los motivos distintos. Si en el caso del icono del flamenco podría hablarse incluso de picardía, en el otro resulta incomprensible saber qué aire le dio a alguien con tanto pedigrí universitario para embarcarse de hoz y coz en el proceso soberanista. Lo de Andreu Mas-Colell es quizá más complejo, en la medida que, si queda demostrado, se trata de un alcance contable por provocar un perjuicio al Estado. En este caso, los derechos del Estado son irrenunciables y no hay solución, al menos sencilla, porque aquí no se prevé el indulto como salida.

Los indultados tendrán que asumir el pago de lo malversado y lo previsible es que haya embargo, aunque el tema puede alcanzar una larga dimensión en el tiempo. Arreglarlo por la vía del Consejo de Ministros exigiría pasar por el Consejo de Estado para que dictaminase que procede condonar la deuda. Pues así estamos: mañana empieza el baile y, sin ánimo de ser agorero, me temo que viviremos nuevos días de festival indepe: es una expropiación, tratan de asfixiar económicamente a los líderes del procés, es una muestra más de la opresión y persecución política del Estado español sobre Cataluña, que el Tribunal de Cuentas es una panda de fachas aunque estén elegidos por las Cortes, que al Gobierno le preocupa la imagen internacional de España… Pues nada: a desempedrar que es lo que toca.

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¿Quién es... Pedro Vega?
Pedro Vega

Santander; Aries, mientras los astrólogos no alteran las certezas zodiacales; cosmopolita residente en Barcelona tras pasar por Paris, Bucarest y Madrid. Colaborador de diversos medios informativos, es autor de libros como “Crónica del antifranquismo”. Dedicado desde hace tiempo a la consultoría de comunicación de grandes corporaciones empresariales.