Demasiadas obscenidades

Joan Ferran
5 min

Sí, ya se que Juan Carlos I está limpio de culpa judicial y que puede ir a donde le plazca. Al Borbón le gusta el apretón de manos y le alagan los vítores de los incondicionales. ¿Qué mejor lugar que Sanxenxo para recalar en España?

Pero ello no es óbice para que el exhibicionismo náutico del Rey emérito me parezca un atrevimiento inadecuado, e incluso obsceno. Tan obsceno como el oportunismo de algunos republicanos que andan dispuestos, en beneficio propio, a morder las carnes de un paquidermo regio que ya camina hacia el cementerio de elefantes de Abu Dabi. A los Garzón, Rufián y compañía les va de perlas el revuelo generado por la visita y muerden para sacar tajada.

Muerden tanto que activan la pulsión redentora de la derechita, y de la derechona; gente esta, siempre dispuesta a socorrer a la realeza en apuros. El celo desmedido de los ultras en pro de la dinastía, lejos de actuar como revitalizante de la misma, deviene carcoma. Santiago Abascal y Cuca Gamarra vocean pero no son buenos valedores de la flor de lis.

Respecto al emérito y su circunstancia, hago mía la tesis de Joaquim Coll cuando afirma que, ante la falta de ejemplaridad que le costó la corona en el 2014, lo mejor es el silencio.

Obscena tragicomedia la de nuestro país cuando navega entre la comicidad, lo absurdo y la desmesura. La Lupe, la Reina del Latin Soul, ya nos cantaba aquello de “Teatro / lo tuyo es puro teatro / falsedad bien ensayada / estudiado simulacro”. Es decir: espectáculo garantizado, alimentado por algunos fabricantes de noticias a los que les importa un comino la estabilidad, los valores democráticos y la moral del personal.

Todo ello combinado con los mercaderes de emociones que, en televisiones y radios patrioteras, son capaces de vendernos como defensa de la libertad de expresión cualquier exabrupto sin gracia y calidad artística  (pienso en Valtònyc). O peor aun, nos meten en pantalla a un ser zafio y deleznable llamado Villarejo. Patético.

No me tachen de agorero pero hay razones suficientes en la esfera pública, no estrictamente económicas, que generan escepticismo y enfado en la ciudadanía. Vivimos en un país pródigo en la elaboración de reglamentos, códigos éticos y procesos de primarias; cierto, pero al mismo tiempo se da la paradoja de que nuestros políticos se convierten en expertos en el arte de vulnerar lo acordado, doctorándose en la invención de excepciones. El pensamiento Groucho respecto al cambio de principios se impone sin rubor.

La limitación de mandatos decae cuando conviene, el antídoto contra el caudillismo salta por los aires y Ada Colau podrá optar a un tercer mandato. Actuará como trapecista con red de seguridad. En caso de caída fortuita, optará a ser una cifra en la suma de Díaz. Y tragamos.

Tragamos la historieta de los audios en la que ha sido escuchado hasta el escuchador; admitimos que los deportistas en activo hagan negocios multimillonarios con emires, que las mascarillas engrosen cuentas corrientes o que la envidia cochina ensucie en las redes la imagen de Chanel. Al igual que aceptamos, sin rechistar, falsas solidaridades y postureos respecto a Ucrania como si hubiera refugiados de primera y de segunda categoría. Ya ven, obscenidades haberlas haylas, y muchas también en las palabras de Ayuso cuando habla de feminismo.

Algunos días uno desearía que nada de lo desagradable que se ve y oye en los medios de comunicación fuera verdad, que la batalla dialéctica fuera más respetuosa y civilizada, que el pacto fuera deseado por todos y posible. Pero, lamentablemente, nadie va de ese palo y así nos luce el pelo.

Permítanme una última consideración en forma de pregunta: ¿Hay algo más pornográfico y obsceno en política que el chantaje y las puyas entre socios de gobierno o coalición? Opino que no. Para concluir un aviso a navegantes. Si alguien cree que todo este fango nos va a recluir en casa sumergidos en el mundo de las series y el fútbol está equivocado. Pasarán cosas.

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¿Quién es... Joan Ferran?
Joan Ferran

Licenciado en Filosofía y Letras y diplomado en Historia contemporánea. Ex diputado autonómico del PSC. Autor de diversos libros, tertuliano y colaborador en diferentes medios de comunicación.