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De putas y pescadores

Ignacio Vidal-Folch
4 min

Ayer fui a ver a Txema Salvans para que me enseñase las fotografías de la segunda serie de 'The waiting game'. Pondré en antecedentes a los lectores que no saben quién es Salvans, que serán casi todos, pues aunque tiene su reputación en su medio, no es famoso. Pero es uno de los fotógrafos españoles de hoy más interesantes (y de los menos complacientes).

Saca uno la conclusión de que somos bastante feos, no sabemos vivir y nos hemos cargado la belleza --real o posible-- del mundo

Tuvo repercusión su primer libro, 'Nice to meet you', donde retrataba familias de veraneo en playas, campings y piscinas, con el humo de las barbacoas elevándose al fondo. Ilustró los textos de mi 'Barcelona museo secreto' inventándose sobre la marcha una ciudad tan asombrosa que casi me sentí obligado a reescribirlos. Y hace un par de años su libro 'The waiting game' (El juego de la espera), con un elogioso prólogo de Martin Parr, y editado por RM, fue muy aplaudido por los especialistas. El libro reúne medio centenar de imágenes de putas en la carretera, vestidas, o más bien semidesnudas, con la indumentaria de fantasía propia del oficio. Sentadas en una silla de plástico o en el arcén, a pleno sol o bajo una sombrilla, en un paisaje desértico, desolado, con un fondo de bosquecillos ralos y cascotes y desperdicios, aunque bajo un cielo límpido y uniformemente azul --pues casi todas las fotos fueron tomadas en carreteras perdidas de la costa mediterránea, según creo--,  esperan a que pare un coche.

Esas imágenes son fruto de un trabajo y de un interrogante existencial tan desnudo como las chicas, y sólo tienen en mi modesta opinión un defecto: que cada una es tan potente que no parece que la adición de las siguientes pueda añadir gran cosa. Pero no se me ocurre cómo hubiera podido el fotógrafo evitar esto.

En cualquier caso, es un libro de artista verdadero, que es lo que es Salvans, como me recuerda una vez al mes cuando recibo su newsletter con una foto insidiosa de la alegría vacacional y arquitectónica del litoral mediterráneo: construcciones, urbanizaciones, jardines de hormigón, personas. Son láminas de un tristeza pavorosa. Saca uno la conclusión de que somos bastante feos, no sabemos vivir y nos hemos cargado la belleza --real o posible-- del mundo. Txema, desde aquí te lo digo: ¡Derrótate ya y no me envíes más fotos desmoralizadoras sin previo aviso!

Ayer, decía, me enseñó las fotos para el segundo tomo de 'The waiting game'. Los escenarios de Mad Max mediterráneo son parecidos, pero esta vez los protagonistas no son putas sino pescadores de caña, domingueros, sentados a la orilla de un embalse, de un canal, de una playa sucia con su resaca de detritus. Como las otras, son imágenes de una vida mental impenetrable, en paisajes degradados. ¿Putas y pescadores? Sí, hay un vínculo...

Es el juego de esperar, que se hace largo, largo...

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¿Quién es... Ignacio Vidal-Folch?
Ignacio Vidal-Folch

Por desgracia nací huérfano, ya que mis padres fueron aplastados por un aerolito un par de años antes de que yo naciese. Esta tragedia me obligó a formarme como autodidacta. De joven lavé platos en el Soho, fuí maquinista en un ballenero, croupier en un casino, músico callejero en la estación Sebastopol del metro de París, y dí tres veces la vuelta al mundo como inspector de hoteles para la cadena Savoy. Enriquecido por tantas experiencias volví a Barcelona, donde he publicado varias novelas y libros de relatos y colaboro con el diario El País y las revistas Tiempo, Jot Down y otras.