Los de la CUP, unos meapilas

Francesc Arroyo
26.05.2022
6 min

Hace unos días, unos mozalbetes de Arran, rama juvenil de la CUP, que no se mueve sin el permiso de sus mayores, decidió okupar el viejo cuartel de la Guardia Civil en Sant Sadurní d’Anoia, edificio en estos momentos en desuso. Una gran hazaña la llevada a cabo por el colectivo. Lo interesante, con todo, es analizar el comportamiento de estos chicos cuando actúan y cuando no actúan. Es decir, por acción y por omisión.

En este caso se trata de ofrecer utilidad pública a unos locales que no la tenían. Pues no está mal la cosa. Lo raro es no universalizarla. Porque edificios sin utilidad alguna hay montones en toda Cataluña. Se dirá que, además, un antiguo cuartel de la Guardia Civil tiene significado ideológico, ya que el cuerpo representa la dura represión sufrida por el pueblo catalán durante el franquismo. Y ahí el asunto empieza a enmarañarse.

Desde luego, la dictadura utilizó a la Guardia Civil como cuerpo represivo. Igual que a la Judicatura y que a la policía y al Ejército. Pero no lo hizo contra el pueblo de Cataluña, lo hizo contra cualquier tipo de discrepancia, hablara en catalán, en gallego o con acento murciano. Reprimiendo, la dictadura fue siempre muy igualitaria y no hizo distingos por razón de nacimiento. Una dictadura que contaba con el apoyo decidido de la burguesía catalana, sea eso lo que sea. O si se prefiere, con el apoyo de los ricos del lugar, que se beneficiaban de ello y aumentaban su riqueza. El padre de Jordi Pujol, Florenci, se forró al amparo de la dictadura y colaborando con ella, como el de Artur Mas o la familia de Pere Aragonès. También los Rato ganaron pasta durante los años negros. Y cuando había que negociar un convenio, unos y otros llamaban a la Guardia Civil.

Y también utilizó el franquismo otras instituciones para que difundieran un discurso que justificara lo que hacía: la prensa, las universidades y, muy especialmente, la Iglesia católica. De modo que, puestos a buscar edificios vacíos cuyos propietarios formaron parte activa de la represión, ahí están las iglesias, hay al menos una en cada pueblo. Y los conventos, casi todos muy bien situados. Además de otras propiedades inmatriculadas al calor de las leyes del PP. Eso para no contar con el expolio que se produce cada año en función del tratado que modifica el concordato. España robará o no robará, porque cuando Junqueras intentó explicárselo a Borrell no pareció tener muchos argumentos. Pero que la Iglesia se queda con lo que es del César, eso no ofrece la menor duda.

Llama la atención que ni Arran, ni sus mayores de la CUP, digan nada de estas expropiaciones. Que no hayan generado, como sí ha hecho la izquierda (ahí está el último informe de Mongolia sobre el poder de la iglesia) una literatura que ponga en el punto de mira el catolicismo, sus propiedades, su relación con la dictadura y los beneficios que aún obtiene de aquellos arrejuntamientos en los que el Caudillo iba bajo palio. También en Montserrat.

En una Cataluña independiente como la que propugna la CUP, ni siquiera se sabe si seguiría vigente el acuerdo con El Vaticano. Probablemente, sí. O tal vez han decidido que en estos asuntos tienen que decidir los ancianos. Si los mayores de Arran son los dirigentes de la CUP, los cuadros de la CUP proceden, vaya por Dios, de casas con cabezas de familia que eran militantes de CDC (y de Unió) y del PP. De modo que el Obispado puede dormir tranquilo que nadie va a ir a okupar una iglesia, aunque esté vacía siete días a la semana. Tampoco va ser cuestionado su 0,7%. ¡Faltaría más! Porque, como se ha dicho al principio, los de la CUP, Arran incluidos, en el fondo son unos meapilas. Si se prefiere la expresión catalana: unos comecirios.

También se podría analizar la omisión de la CUP, su silencio, respecto a ciertas entidades financieras. En esto siguen los pasos de un tal Àngel Colom que, antes de integrarse en CDC, logró financiación de un gran grupo bancario para una campaña electoral. Tanta, que incuso dispuso de un helicóptero. Y es que estos chicos son de izquierdas, dicen, pero sin exagerar. La propiedad es cuestionable si el propietario huele a españolazo, pero si es catalán y lleva barretina, entonces todo queda justificado.

Moraleja: se puede atacar a la Guardia Civil porque ya no hace falta. Ahora, para reprimir y espiar ya están los Mossos.

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¿Quién es... Francesc Arroyo?
Francesc Arroyo

Francesc Arroyo (Barcelona, 1950) es periodista. Ha trabajado en El País, Ahora y El Papus, entre otras publicaciones. Fue profesor de Historia de la Filosofía y, más tarde, de Periodismo Cultural en la Universidad Ramon Llull de Barcelona. Ha publicado una novela (La tesis once) y diversos ensayos; los últimos son Diálogos (junto al pensador italiano Giacomo Marramao) y una antología de textos de Eugenio Trías.