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El mejor mundo posible

José María Faura
6 min

Entre el 2 y el 13 de diciembre, España acogerá la Cumbre del Clima de Naciones Unidas. Su celebración nos recuerda, una vez más, la necesidad de tomar medidas urgentes y efectivas que permitan paliar los duros efectos del cambio climático sobre el grupo más vulnerable: la infancia.

Cada minuto nacen 270 bebés en todo el planeta. Unos tendrán la suerte de vivir en un entorno en el que sus necesidades más básicas --sanitarias, materiales y afectivas-- estarán cubiertas. En cambio, otros tendrán que luchar desde el primer segundo para conseguir algo tan básico y a la vez tan complejo como es sobrevivir. Ambos grupos recorrerán la mayor parte de sus vidas por caminos muy distintos, pero si algo van a compartir es el reto vivir en un mundo marcado por profundos e irreversibles cambios en el ecosistema global.

Son tiempos complicados para nacer. La ciencia y los expertos han demostrado en reiteradas ocasiones que el calentamiento global marcará las próximas décadas. Sequías que dejarán cosechas exiguas y un aumento de la malnutrición. Huracanes que arrasarán con todo. Inundaciones que serán el caldo de cultivo para que se propaguen enfermedades como el dengue o la malaria. Temperaturas extremas, aumento de la contaminación, más crisis humanitarias largas e irresolubles… Los más perjudicados serán los países y las zonas que menos han contribuido al cambio climático porque tienen menos capacidad para prepararse y combatir sus efectos. Y, dentro de ellos, la infancia es y será el grupo más vulnerable.

Ha costado muchos años y mucho trabajo alcanzar buenos (aunque mejorables) resultados en la promoción y el cumplimiento de los derechos de los niños y niñas. Pues bien, ahora, décadas de progresos obtenidos gracias al esfuerzo de todos los que trabajamos por y para la infancia pueden acabarse de un plumazo a causa del cambio climático. No es una amenaza, es una realidad. La crisis climática afecta de forma directa a los derechos de los niños y niñas porque lo cambia todo. Y no para bien. Les impide tener acceso a agua y comida cuando la zona en la que viven sufre un proceso de desertización. Hace que estén cada vez más desprotegidos ante el aumento de los desastres naturales. Les obliga a abandonar sus hogares, sus comunidades, su vida entera en busca de un futuro mejor o, al menos, más seguro. Les priva de su derecho a la educación. Sí, el cambio climático también impide la educación de los niños y niñas. Porque si no comes no vas a poder concentrarte en clase. Porque si no hay dinero en casa, hay que trabajar y los libros y el colegio pasan a ser lujo. Porque si tienes la desgracia de que un tifón arrase tu escuela, no va a haber escuela a la que ir.

Visto así, es ciertamente difícil encarar el futuro con optimismo. Sin embargo, son muchas y muchos los que, ante esta realidad poco esperanzadora, no van a quedarse de brazos cruzados. Por eso durante la celebración de la COP25 miles de personas de todo el mundo se juntarán en España con un anhelo común: exigir a los gobiernos que actúen contra el cambio climático. Unidos, reclaman medidas reales para frenarlo y que las buenas intenciones no se queden solo en eso.

¿Y saben con quiénes tienen que contar a la hora de tomar las mejores decisiones durante la celebración de esta cumbre? Con los niños y niñas. Greta Thunberg es la cara visible de un movimiento global, profundo y valiente, formado por millones de niños y niñas. Hace años que están exigiendo un compromiso real y efectivo con el medioambiente. Así que, escúchenles. Siéntense con ellos y ellas y denles el espacio que reclaman. Tomen decisiones conjuntamente sobre políticas medioambientales. Cumplan con los Objetivos del Desarrollo Sostenible y garanticen sus derechos. El nuestro es el de compartir un mundo con más de 7.500 millones de personas, y debemos aprender a responsabilizarnos los unos de los otros. Por favor, actúen. Y actúen ya, antes de que sea demasiado tarde. Háganlo porque los 700 bebés que han nacido en los dos minutos y medio que han tardado en leer este artículo (y los que vendrán) merecen el mejor mundo posible.

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José María Faura

Director general de Educo.