¿Cuánto debe subir el salario mínimo?

José Carlos Díez
11 min

Como era previsible, la subida del salario mínimo ha generado mucha polémica. Este economista observador ha sido un defensor de subir el salario mínimo desde que en 2015 el BCE anunció las compras de deuda en 2015 y el empleo comenzó a crecer un 3% anual.

Nuestro salario mínimo en relación al salario medio era inferior antes de la crisis y empeoró después. El pasado año, sindicatos y patronal acordaron una senda de subida. Reconozco que me parecía que la subida era ambiciosa y arriesgada ya que las condiciones del entorno pueden cambiar, el BCE dejará de comprar deuda en breve y hay incertidumbre sobre cuál será la creación de empleo en los dos próximos años. Pero decidí no criticarla ya que la reforma laboral del PP se había cargado la negociación colectiva y me pareció una gran noticia que sindicatos y empresarios volvieran a acordar subidas de salarios.

Pero la subida anunciada este año del 22% me parece una barbaridad. Como ha reconocido Pablo Echenique de Podemos, el Gobierno de Pedro Sánchez tampoco quería subirlo tanto. Sánchez tuvo que ceder para tener el apoyo de los Presupuestos, pero debería haber argumentado que este acuerdo rompe la negociación colectiva y no es bueno que los gobiernos legislen contra los acuerdos de sindicatos y empresarios, que son tan difíciles de conseguir.

Podemos quiso crear un sindicato propio y fracasó y no muestra ningún respeto por la negociación colectiva. El PSOE tiene una estrecha relación con la UGT y tanto el partido como el sindicato deberían mostrar más respeto con los acuerdos entre sindicatos y empresarios, como defendía su fundador Pablo Iglesias.

Lo que enseñamos en la universidad a los alumnos de primer año es que la demanda de empleo depende principalmente de la productividad por ocupado y el salario. Y la oferta de empleo depende también del salario. Salarios altos hacen más atractivo trabajar y la curva de oferta de empleo tiene pendiente positiva. Hasta un punto donde la subida del salario aumenta la capacidad de ocio y reduce las horas trabajadas.

Pero eso no sucede en los tramos del salario mínimo, donde la mayoría de la gente está en niveles de subsistencia con escasa capacidad de ahorro y de ocio. Y la curva de demanda de empleo de las empresas tiene pendiente negativa. Cuando sube el salario, para una productividad dada, la demanda de empleo disminuye.

Los frailes escolásticos de mi universidad de Alcalá hace 500 años ya determinaron la oferta y la demanda y la dinámica de la formación de los precios, en este caso de los salarios. El modelo matemático lo formalizó Alfred Marshall, maestro de Keynes en la universidad de Cambridge, en 1890 en su libro Principios de Economía.

Hoy enseñamos a nuestros alumnos el modelo igual que Marshall se lo enseñaba a Keynes hace un siglo. Caeturis paribus como decían los escolásticos, o sea manteniendo todo lo demás constante, una subida del salario mínimo supone un desplazamiento de la curva de oferta hacía arriba y eso con una pendiente negativa de la curva de demanda tiene un impacto negativo sobre el empleo.

Otra cosa es la medición del impacto que, como en toda ciencia social, no es sencilla. De hecho, en la misma semana la Airef ha dicho que el impacto sería de unos 40.000 empleos, aunque advierte que no hay precedentes de una subida tan elevada en ningún país y que sus cálculos se hacen sobre modelos de subidas más moderadas. Por lo tanto, el riesgo es que el impacto sea mayor. Y el Banco de España estima que el impacto sería de 150.000 empleos.

Por lo tanto, los que niegan que la subida no tenga efecto sobre el empleo están cuestionando lo que los economistas enseñamos desde hace 500 años. Lo que nos enseñó Marshall es que a corto plazo es muy complicado registrar cambios bruscos de la productividad, por lo que para que una subida del salario mínimo tuviera impacto positivo sobre el empleo la curva de demanda debería tener pendiente positiva. Si eso fuera así, el modelo matemático sería inservible ya que no habría dinámica estable al equilibrio y sólo habría lo que se denomina soluciones de esquina que la curva de demanda y de oferta ambas con pendiente positiva estuvieran superpuestas. Es más probable que te toque el euromillón que este último escenario se produzca.

Otra enseñanza de Marshall es que las empresas y los consumidores toman decisiones sobre lo que Newton llamó marginal, no sobre la media. Esto es muy sencillo de entender. Se han publicado comparaciones del salario mínimo dividido sobre la productividad media y comparada con otros países europeos para justificar la subida. Pero es un error ya que se debería comparar con la productividad de los trabajadores que se verán afectados por la subida. Un pantano puede tener una profundidad media de un metro y todos los adultos haríamos pie. Pero marginalmente puede tener una profundidad de tres metros y los que no sepan nadar se ahogarían.

La subida no será neutral. En empresas de más de 50 trabajadores sindicalizados la subida afectará a muy pocos empleos. En empresas más pequeñas el impacto será mayor, especialmente en empresas de menos de 10. Uno de los problemas de España es que tiene un elevado peso de microempresas y su productividad media es la mitad que en Alemania. Mientras que la productividad de las empresas medianas y grandes españolas es tan sólo un 10% inferior a la de las alemanas.

Otro problema de usar la media y no el impacto marginal es la diferencia de rentas por habitante entre comunidades autónomas. En Madrid, Cataluña o Euskadi con rentas muy por encima del promedio europeo el impacto será mínimo. Extremadura tiene una renta por habitante próxima a Polonia, República Checa y Portugal, y tendría --si se aprueba la medida-- un salario mínimo muy superior y en algunas zonas muy próximo al salario medio. Si fueras empresario y tuvieras que localizar una fábrica, ¿lo harías en Extremadura o a 50 kilómetros en Portugal donde no hay fronteras ni aranceles para el comercio? Esto favorece la demanda de empleo inmigrante con peores condiciones en su país. Y aumentará el rechazo a la inmigración y favorece el desarrollo de partidos como Vox.

En años anteriores, las subidas del 8% y del 4% también tuvieron impacto negativo sobre la creación de empleo. Pero, aun así, el crecimiento del empleo fue del 3% y la subida permitió reducir la desigualdad. Por ambas cosas este economista observador apoyó ambas subidas.

Con el BCE acabando sus compras, la economía europea casi estancada, el comercio mundial débil, nuestras exportaciones estancadas, inestabilidad en los mercados, riesgo de contagio de la crisis italiana a nuestra prima de riesgo y con la necesidad de financiar el año próximo 220.000 millones de deuda pública en los mercados, la anterior subida del salario mínimo era ambiciosa, pero decidí apoyarla por recuperar el consenso y la negociación colectiva entre sindicatos y empresarios. Pero esta subida impuesta por Podemos para aprobar los presupuestos va a generar más problemas de los que pretende resolver.

He intentado ser pedagógico para que el lector tenga criterio propio en la polémica generada. En una democracia el voto es determinante y siempre es bueno votar con criterio racional. Los que dicen que la subida no tendrá impacto sobre el empleo o son unos ignorantes o pretenden engañar. Los que dicen que la subida provocará una recesión y tocan las trompetas del apocalipsis o son unos ignorantes o pretenden engañar. La previsión tanto del Gobierno anterior, como del Gobierno actual como del consenso de economistas que publican previsiones es que en 2019 en España se crearán unos 400.000 empleos. Por lo tanto, incluso en el peor escenario del Banco de España, se crearían 250.000 nuevos empleos.

La crisis ha provocado una intensa devaluación salarial y mucha gente cobra salarios próximos al mínimo. Es la gente que más ha sufrido las cicatrices de la crisis junto con los parados de larga duración. Merecen la solidaridad de todos los españoles como ha defendido este economista observador en su último libro De la Indignación a la Esperanza.

Pero la solución son subidas de salario mínimo graduales y mejorar nuestra red social y diseñar una renta mínima de inserción efectiva para estos colectivos. Subir tanto el salario mínimo pretende ayudarles, pero mucho me temo que les generará más problemas, retrasará la normalización de su tasa de paro --que sigue próxima al 30%-- y aumentará la precariedad, los contratos a tiempo parcial y la economía sumergida.

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¿Quién es... José Carlos Díez?
José Carlos Díez

Se licenció en la Universidad de Alcalá de Henares, donde es profesor e investigador. Ha sido economista jefe de Intermoney y ha escrito los best sellers 'Hay vida después de la crisis' y 'La economía no da la felicidad, pero ayuda a conseguirla'. Su blog 'El economista observador' le ha hecho muy popular, una fama que ha amplificado con sus intervenciones televisivas.

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