El crédito de Illa es para el medio plazo

Jordi Mercader
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Salvador Illa ganó las elecciones, Pere Aragonés tiene la iniciativa política y, sin embargo, todos están pendientes de cuál será la reacción de Carles Puigdemont, el perdedor del 14F por su despecho hacia el PDECat. Así es la política catalana. La salida más fácil es la continuidad del gobierno independentista con los papeles cambiados y probablemente con idénticas tensiones internas a las exhibidas durante el mandato de Torra. Para que así suceda, JxCat tan solo tiene que aceptar las cosas como están. Esto está por ver que vaya a suceder, pero nadie va a escandalizarse de renovarse el pacto. El control de la Generalitat les es esencial para seguir soñando.

En un escenario de pacto independentista con mayor o menor grado de gesticulación previa, el papel del PSC en la gobernación de Cataluña seria limitado. El crédito obtenido por Illa debería ser invertido a medio plazo en la creación de las bases de un espacio político que evite la eternización del frentismo del que vive electoralmente el independentismo y del que pretendió aprovecharse Ciudadanos desde 2015 hasta hundirse en la nada. La lección de lo ocurrido a Inés Arrimadas no puede ignorarse.

El bloque de la reconciliación es imprescindible como pasarela para quienes quieran transitar por la transversalidad, la única opción para superar la polarización y asentar el diálogo. Esto no es para mañana ni para la semana que viene, pero ahora el PSC ha obtenido la centralidad política exigible para intentarlo. La geometría variable que va a necesitar la política catalana para avanzar hacia alguna salida asumible por una gran mayoría es impracticable entre dos bloques enfrentados y fortificados, por muchas discrepancias internas que existan en ambos.

El PSC se inclinó en 2012 por alinearse con la política de bloques y ha tardado nueve años en salir del pozo. Ahora mismo, la presencia de Vox en el bloque inmovilista ofrece una razón de peso para abandonarlo; de la misma manera que el gobierno de Pedro Sánchez les concede a los socialistas catalanes el empuje complementario para instalar un campamento para todos los hastiados de la confrontación.

Los 33 diputados no le dan a Salvador Illa para gobernar de momento, hay que ser realistas. Todo llegará. Probablemente tampoco se dan las circunstancias para que ERC reconozca lo que en 2019 avanzó Jordi Cuixart: se equivoca quien piense que habrá solución al conflicto catalán sin contar con el PSC. Los republicanos deberán explorar primero la capacidad de JxCat, sus socios naturales, de asumir el liderazgo de ERC y experimentar definitivamente la improbabilidad de descubrir atajos fuera del ordenamiento jurídico. La velocidad de este proceso dependerá de la determinación de los republicanos, la habilidad de los socialistas, la iniciativa de Pedro Sánchez y los estados de ánimo de Puigdemont.

En el mejor de los casos, estos 33 diputados pueden ser un factor de acomodo desde la distancia para alguna fórmula de gobierno minoritario con la que ERC inquiete a JxCat durante las negociaciones de las próximas semanas. Los Comunes están ahí esperando una llamada telefónica para avalar la teoría. Hay una corriente de opinión que defenderá está salida como el último recurso para evitar la repetición de las elecciones. A Pedro Sánchez le encantaría la jugada porque situaría a ERC en la posición en la que él está en el Congreso.

La noche electoral aportó un argumento que puede condicionar el resultado de las negociaciones entre ERC, JxCat y la CUP y acabar con todas las elucubraciones mucho antes de lo previsto: la superación del 50%. Estas tres fuerzas alcanzan un 48% de los votos, a los que suman el 2,72% del PDECat que se quedó en extraparlamentario. Los republicanos abrazaron de inmediato las tesis expuestas con anterioridad por Puigdemont (enfriadas en su día por Junqueras) sobre las supuestas obligaciones ineludibles que este porcentaje supondrá para el gobierno central. A saber: concesión de la amnistía y aceptación de un referéndum. Esta formulación voluntariosa pero muy vistosa constituye de por sí un programa de coalición que podría facilitar la renovación del pacto sin más dilaciones.    

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¿Quién es... Jordi Mercader?
Jordi Mercader

Periodista, analista de la actualidad y escritor.