Menú Buscar

La cosa se pone chunga

Joaquim Coll
7 min

"Nosotros solo nos planteamos un único escenario: el más chungo. Si estamos preparados para el escenario más chungo, los otros serán más fáciles", afirmaba el secretario de Hacienda de la Generalitat, Lluís Salvadó en una conferencia de la ANC, el pasado 15 de diciembre en Terrassa. Para a continuación detallar que, puesto que no habrá pacto con el Estado español, durante un tiempo indeterminado cohabitaran dos legalidades y, por tanto, dos agencias tributarias que intentarán cobrar impuestos en Cataluña. Todo el desarrollo posterior de su conferencia venía a confirmar las escandalosas revelaciones del exsenador Santiago Vidal por las que se había visto forzado a dimitir. El secretario de Hacienda reconocía que el Govern está construyendo "la famosa base de datos, cruzando 130 fuentes de información", sin apoyo legal, sirviéndose de una plataforma tecnológica que, afirmaba, "ya tenemos desarrollada". El objetivo es cobrar todos los impuestos tras la declaración de independencia, incluso sin la colaboración de las entidades bancarias. Salvadó garantizaba que la Generalitat está creando un sistema muy robusto para recaudar y gestionar los tributos sin la ayuda de terceros que "no controlamos, o que sabemos que Montoro controla más que nosotros", como el Banc de Sabadell que "son muy chungos" en eso de colaborar, ponía de ejemplo.

Cualquier observador político sabe que Vidal, más allá de algunas fantasías para animar e ilusionar a su parroquia, como la referencia a la OTAN o la velada alusión a Israel como creditor durante los críticos primeros meses de la secesión, no mentía en lo substancial, sino que su equivocación fue "hablar más de la cuenta", según le reprochó ayer Artur Mas. Su error fue utilizar un lenguaje descarnado y entrar en detalles incómodos, explayándose sobre qué ocurriría con los jueces u otros funcionarios en caso de que no quisieran reconocer la legalidad de la República catalana. De esta forma puso al descubierto el carácter inevitablemente violento del golpe independentista que se está fabricando desde la Generalitat.

Cualquier observador político sabe que Vidal no mentía en lo substancial, sino que su equivocación fue "hablar más de la cuenta", según le reprochó Artur Mas

El pasado verano, en la Universitat Catalana d'Estiu, el conseller de Justicia, Carles Mundó, pidió comprensión al auditorio ante la imposibilidad de dar luz pública a todas las medidas que el Govern está preparando para lograr "la obediencia interna y el control efectivo del territorio" el día que se declare la independencia. Manifestó que por prudencia no podía explicar gran cosa, pero que todo estaría preparado. Tres cuartos de lo mismo dijo el president Carles Puigdemont en el Parlament, el pasado 28 de septiembre: la Generalitat está trabajando de manera secreta "con centenares de medidas concretas" para lograr la desconexión que afectan a multitud de cuestiones desde la seguridad hasta las comunicaciones, pasando por la sanidad o la administración de justicia, etc. Todo ello se irá detallando cuando sea políticamente posible, declaró.

El terremoto causado por las declaraciones de Vidal sorprende porque, en lo básico, no representa una gran novedad. Tal vez el desenfado en afirmar ciertas cosas, en decir altaneramente "os tenemos a todos fichados" o el reconocimiento chulesco de su carácter ilegal, ha obrado un efecto catártico y a muchos les ha caído el velo que hasta ahora impedía ver con claridad lo que tenían delante. Si España fuera Francia, o ese ogro de Estado que pintan los independentistas, la policía ya habría irrumpido en las consejerías de la Generalitat para incautar la documentación. Se han presentado varias denuncias ante el TSJC, la Agencia Española de Protección de Datos y la Fiscalía General del Estado, que ha abierto una investigación de oficio, pero todo esto irá lento, demasiado lento, mientras la cosa políticamente se pone chunga de verdad.

De entrada, el lunes próximo, es posible que la acción de las miles de personas convocadas por las entidades civiles separatistas vaya orientada a impedir que Artur Mas entre en el Palacio de Justicia con el objetivo de que el juicio no pueda celebrarse. Sería sin duda un gran titular. Hay rumores insistentes en esta dirección y hace unos días un periodista tan representativo de este sector como Eduard Voltas lo dijo en la tertulia del programa de TV3 Més 324. Así pues, el 6F puede ser un antes y un después en la estrategia in crescendo del independentismo hacia la desobediencia. Luego llegará la aprobación de la ley de transitoriedad jurídica y la convocatoria del referéndum de secesión que algunas voces afirman que podría convocarse coincidiendo con las elecciones autonómicas el mismo día. Un escenario realmente envenenado y muy difícil de afrontar para el Estado. Aparte de impedir el referéndum, ¿se podría votar en condiciones democráticas en medio de ese clima? Vaya, que el objetivo del independentismo es lograr que la cosa se ponga chunga, chunga de verdad, dicho en lenguaje procesista, algo parecido a lo que Lenin postulaba del "cuanto peor, mejor". Avisados estamos.

Artículos anteriores
¿Quién es... Joaquim Coll?
Joaquim Coll

Doctor en Historia contemporánea y especialista en el catalanismo y las políticas de los siglos XIX y XX. Ganó el Premio Ciudad de Barcelona Agustí Duran i Sanpere en 1998. Colaborador habitual en medios de comunicación.