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El historiador Gabriel Tortella, autor, entre otras obras, de 'Capitalismo y Revolución', en la entrevista con 'Crónica Global'

Tortella: “Cataluña se está convirtiendo en una rémora para el resto de España”

El historiador económico señala que la política educativa "separatista", pensada por el nacionalismo desde 1980, ha llevado a la actual situación en Cataluña

16.06.2019 00:00 h.
23 min

Portada de Capitalismo y Revolución

Gabriel Tortella (Barcelona, 1936) sabe que puede provocar reacciones encontradas. Pero ya no las quiere evitar. Está enojado por lo que ha pasado en Cataluña, por la acción del movimiento independentista, y por la inacción de los gobiernos españoles. Pero no le extraña. Tortella, catedrático emérito de la Universidad de Alcalá de Henares (Historia e Instituciones Económicas), tiene una extensa obra a sus espaldas, de la que destaca una de las más recientes, Capitalismo y Revolución (Gadir editorial). Especialista en historia económica, tiene claro que en Cataluña el problema lo han planteado unas determinadas clases sociales acomodadas. Y señala que “Cataluña se está convirtiendo en una rémora para el resto de España”. Doctor en Derecho por la Universidad de Madrid y en Economía por la de Wisconsin, ha sido profesor en diversas universidades de Estados Unidos y latinoamericanas. En esta entrevista con Crónica Global pide que se produzca una reacción, que para él, si se quiere alcanzar un nuevo acuerdo interno, debe pasar por la educación, los medios de comunicación y por una nueva ley electoral.

-Pregunta: Una de los mensajes constantes del movimiento independentista en Cataluña es que se trata de una palanca para cambiar el establishment, que es un proceso de abajo a arriba, centrado en las clases medias. ¿Qué hay de verdad en ello, o se trata, en realidad de una reacción defensiva de unas capas sociales con cierto bienestar ante los cambios que comporta la globalización?

--Respuesta: A mí me parece muy claro que es un proceso de arriba a abajo. El movimiento independentista catalán está diseñado desde la Generalitat y fue iniciado por Jordi Pujol que, cuando tomó posesión del cargo de President ya nada menos que en 1980, anunció unilateralmente que iba a llevar a cabo “una política nacionalista”; y a ello dedicó los siguientes 23 años utilizando todos los instrumentos que la presidencia de la Generalitat ponía en sus manos, que eran muchos e irresistibles. Pujol inmediatamente se esforzó por controlar los medios de comunicación y la educación, especialmente en los tramos de primaria y secundaria; no fue una tarea muy difícil. Creó TV3 y Catalunya Ràdio y toda una red de emisoras y cadenas satélites. Hostigó y combatió a la prensa no adicta, reduciendo los medios de ámbito autonómico a dos, La Vanguardia y El Periódico, y creó periódicos locales adictos y combatió hasta hundirlos a los periódicos no sumisos. En educación hizo lo mismo con los profesores no adictos o que se negaran a dar clase en catalán nada más. El trato que se dio a estos profesores bajo Pujol fue literalmente criminal, agrediéndoles y amenazándoles para que se callaran y, sobre todo, para que se marcharan. El caso de Jiménez Losantos (que fue secuestrado, le dieron un tiro en la pierna y fue atado e un árbol para que se desangrara) es el ejemplo más flagrante; y a muchos que con él firmaron el Manifiesto de los 2.300 a favor del bilingüismo (el bilingüismo, que los nacionalistas habían estado demandando durante décadas desde el franquismo a 1980, pero que dejaron de demandar y pasaron a combatir desde que Pujol llegó al poder) se les amenazó y amedrentó poniendo a Jiménez Losantos como ejemplo de lo que les esperaba.

--¿Qué cree que se buscaba?

--Se trataba de enseñar a los niños desde la escuela que Cataluña no era España, que España venía oprimiendo a Cataluña desde tiempo inmemorial, que Cataluña era una nación también desde tiempo inmemorial, que el catalán era la única lengua de Cataluña, aunque los que lo hablaban como lengua materna fueran una minoría, etcétera. Para complementar esta política de adoctrinamiento e intoxicación, se dieron las leyes de “normalización” lingüística, que atentaban directamente contra el Art. 3 de la Constitución, que establece el bilingüismo en las autonomías donde se hable otra lengua además del castellano (conocido en todo el mundo como español). De modo que de abajo a arriba, nada. El separatismo se impuso y se impone de arriba a abajo. Lo que ocurre es que el proceso ya está en marcha y los adoctrinados ya tienen su propia inercia. La furia separatista se ha iniciado cuando las generaciones educadas en las escuelas nacional-pujolistas se han hecho adultas. Y por este mismo medio, los separatistas esperan que dentro de unos años su credo sea compartido por una mayoría de la población catalana, algo que, pese a todo, aún no han logrado. Pero el tiempo juega a su favor, sobre todo mientras el resto de España se niegue a ver cómo desde la Generalitat se adoctrina a los niños en el separatismo y a actuar en consecuencia, algo que sería muy fácil: dejar de subvencionar las escuelas que violen los preceptos constitucionales y cuyos profesores adoctrinen a los niños en el odio a España, que es su país, y enseñen una historia patentemente falsa y tendenciosa.

El historiador Gabriel Tortella, autor, entre otras obras, de 'Capitalismo y Revolución', en la entrevista con 'Crónica Global'
El historiador Gabriel Tortella, autor, entre otras obras, de 'Capitalismo y Revolución'

--Eso ha producido, ese movimiento, cambios en instituciones económicas como la Cámara de Comercio, con un control por parte de pequeñas y medianas empresas promovidas por la ANC, la entidad independentista que ha actuado de motor en todos estos años. ¿Qué evidencia lo que ha pasado en la Cámara?

--Evidencia lo que todos sabemos: que en Cataluña hay una mayoría amedrentada y temerosa que prefiere pasar inadvertida y no contradecir al poder independentista porque eso puede costarle caro en términos de arbitrariedades desde el poder e incluso de agresiones y escraches que el poder no sólo permite, sino que dirige y alienta. Así ha ocurrido en la Cámara de Comercio, donde una ínfima minoría ha dado un golpe de mano ante la indiferencia recelosa y pasiva de una mayoría que no está dispuesta a hacer heroicidades.

--La burguesía catalana, o las clases económicas catalanas, ¿qué podían haber hecho y no hicieron, o lo que ha pasado es que su importancia ha disminuido y por ello no han tenido capacidad de intervenir?

--La burguesía catalana, o la clase media, siempre ha sido más o menos “catalanista”, en mi opinión, sobre todo, por apego muy legítimo a la lengua catalana. De ahí a ser nacionalista y separatista va un trecho muy largo. Pero ese vago catalanismo, reforzado y jaleado desde el poder ha permitido que una parte de esa clase media se radicalizara en sus posturas, máxime cuando veía que esa radicalización conllevaba múltiples ventajas económicas y de todo tipo: podía dar acceso a parcelas de poder e influencia. Otra parte de ese grupo social no ha quedado convencida por los argumentos separatistas, pero tampoco ha tenido el valor necesario para defender sus ideas y hacerse oír. Sólo una minoría lo ha tenido, lo que le ha valido la admiración de muchos, pero también les ha costado sacrificios de todo tipo, que a la larga acaban desanimando a casi todos, excepto a gente muy valiente y muy íntegra.

--En ese sentido, ¿las élites económicas catalanas han podido jugar en los dos lados, por si el proceso independentista tenía éxito? ¿Ha sido esa una constante histórica de la burguesía catalana desde el siglo XIX?

--Sí, la burguesía catalana ha tendido a la ambigüedad, ya desde el siglo XIX. Esto lo describe muy bien Jaume Vicens Vives en su Industrials i polítics. La burguesía catalana amenazaba a los políticos en Madrid con la rebelión obrera si no se mantenían los aranceles altos y tenían que cerrar las fábricas. Entre tanto, a los obreros se les decía que por culpa de los políticos de Madrid ellos, los fabricantes, perdían dinero y no podían subir los salarios. Y entre ellos, los fabricantes, de rancia estirpe catalana casi todos ellos, hacían piña y se sostenían unos a otros, contra Madrid y contra los obreros. Esto también está bien reflejado en las novelas de Ignacio Agustí, sobre todo El viudo Rius. En el siglo XX, cuando vieron que el catalanismo político calaba entre las masas y apoyaban a Estat catalá y Esquerra, la burguesía catalana se quedó descolocada, apoyó a Primo de Rivera y luego a Franco. Cambó encarna paradigmáticamente estos bandazos. El último bandazo vino con Pujol.

--Porque, ¿hay alguna verdad en el independentismo, como intento de reorientar el poder político y económico en España?

--Yo creo que no hay ninguna verdad. Económicamente ha sido y está siendo un desastre y una ruina. Cataluña está perdiendo poder y peso económico. Toda aquella  pretendida superioridad desde la Renaixença hasta el franquismo ha desaparecido en gran parte. El resto de España ha crecido más que Cataluña y el peso de ésta está ya más en el número (es la segunda comunidad de España por número de habitantes) que en la economía. Madrid y el País Vasco la superan en renta por habitante, y la mitad oriental de España (Aragón, País Valenciano, Baleares) por ahí se anda. Por añadidura, Cataluña se está convirtiendo en una rémora para el resto de España, distorsionando la política y fomentando la división, ideologizando a los votantes y relegando a un plano secundario las cuestiones importantes. El separatismo catalán contribuyó poderosamente a hundir la República, y ahora está poniendo en peligro la democracia.

--Hay otro gobierno en España, con Pedro Sánchez. ¿Qué actitud se debe tener, a su juicio, en relación con los partidos independentistas? ¿Considera que se ha equivocado Sánchez al plantear un acercamiento, sin llegar a pactar nada, en cualquier caso, y pendiente de la investidura?

--A Sánchez lo único que le ha preocupado en todo su historial político es llegar al poder y mantenerse en él. Todo lo demás está supeditado a este fin. Yo creo que él no tiene ninguna afinidad con el separatismo (ni catalán ni vasco), pero está dispuesto a darles lo que pidan si necesita su apoyo para permanecer en la Moncloa. La gran debilidad política española estriba en que la izquierda y la derecha parecen incapaces de hacer una política de Estado que se enfrente al separatismo. Todos, desde Felipe González, han preferido pactar con el separatismo a pactar con la oposición nacional. Esto lo vamos a pagar muy claro, pero lo de las dos Españas, el cainismo, y demás lugares comunes tienen un gran trasfondo de verdad y lo observamos históricamente desde Godoy y Fernando VII.

--Al margen del problema catalán, con el desafío independentista, y de sus consecuencias penales, y de división social en Cataluña, que no es poco, ¿Debe España reorientar su política territorial, con una reforma constitucional? ¿Puede aguantar España, su estructura económica y política, más años en esta situación?

--Decididamente, sí, hay que reorientar la política territorial. Es el gran fallo de la Constitución de 1978. En lugar de buscar una solución válida y eficaz en sí misma, se buscó complacer a los nacionalismos vasco y catalán, y eso permitió salir del paso entonces, pero a la larga ha sido un desastre. Quizá un federalismo razonable (nada de confederalismo) sea la mejor solución, pero será muy difícil, en primer lugar porque los nacionalistas-separatistas catalanes y vascos no lo quieren por lo que tiene de igualitario. Ellos quieren mantener sus privilegios y aún ensancharlos, con nuevos estatutos más escandalosamente inicuos y desiguales que los anteriores. Sólo un gran acuerdo nacional, que requeriría una grandeza de ánimo y un coraje del que nuestros políticos parecen carecer, podría poner fin al continuo deterioro de nuestra convivencia.

--El PIB de Cataluña es el mayor de España, pero por muy poco respecto a la Comunidad de Madrid. ¿Existe un proceso, tenga mayor o menor importancia el proceso independentista, en el que el único gran motor de España será Madrid?

--Da la impresión de que vamos por ese camino. Madrid es una comunidad liberal en todos los sentidos de la palabra, y en economía la libertad, dentro de un marco social-democrático como el que tenemos en España y en Europa, es la mejor fórmula para creer económicamente, y también para convivir. Y no se diga que es porque Madrid es la capital y eso le aporta privilegios, porque lleva casi cuatro siglos siéndolo, y sólo muy recientemente se ha convertido en el motor económico que rivaliza con Cataluña. Ya dije antes que a Cataluña el separatismo la está hundiendo, y Madrid en parte se está  beneficiando a su costa, porque la inversión y las iniciativas fluyen hacia Madrid y huyen de Cataluña, como hemos visto desde que Puigdemont declaró la independencia haciendo el ridículo más espantoso, dicho sea de paso. ¿Dónde está el sentido del humor en Cataluña? ¿No se dan cuenta de que tienen unos presidents de tragicomedia o de astracanada?

--El independentismo ha machacado una idea, la de que el resto de España es un lastre para Cataluña. ¿En qué medida eso es falso? ¿Qué hay de cierto en que los gobiernos deben potenciar las locomotoras de los países --en Italia el norte industrial-- para que el resto pueda seguir a flote, y en qué medida en España no se ha hecho eso respecto a Cataluña?

--En nuestro libro Cataluña en España, mis compañeros y yo hicimos un estudio cuantitativo para estimar cuánto le costó al resto de España la protección a la industria textil catalana, y lo estimamos en entre 0,5 y 1,0 % del PIB durante la segunda mitad del siglo XIX. Cataluña siempre ha sido una región privilegiada económicamente dentro de España; esto fue así también con el franquismo, y lo mismo con la democracia. Pujol sacó muchísimas ventajas de los gobiernos centrales, lo que ocurre es que administró muy mal las subvenciones que recibía, primando los objetivos políticos sobre los estrictamente económicos. Repito que el nacional-separatismo le está saliendo muy caro al ciudadano medio catalán, aunque la clique en el poder se enriquezca descaradamente: Pujol es el paradigma de esto, pero todo su entorno hacía y hace lo mismo. Y, como ya dije antes, hoy es Cataluña la que lastra la economía y la política del resto de España. Y esto viene de lejos, porque en la República ocurrió lo mismo.

--¿Hicieron bien las grandes empresas catalanas en trasladar sus sedes a Madrid? ¿Deberían volver, para restarle importancia al proceso político independentista?

--Yo creo que sí hicieron bien. Los empresarios no acostumbran a ser héroes; ellos no se fueron por principios políticos o morales, sino por miedo a la política suicida de la Generalitat. Si Cataluña corta amarras con España, la gran perdedora será Cataluña. Eso lo saben los empresarios: es algo evidente. Perderán las dos partes, pero la más pequeña, que además se encontrará fuera de la Unión Europea, será la más perjudicada. Las empresas volverán o no según les convenga, y harán bien. Pero en Quebec, una parte muy considerable de las empresas que se mudaron de allí por miedo a la secesión, se quedaron en el resto de Canadá y ya no volvieron. Estos traslados son muy costosos y, por otro lado, los separatistas siguen con su política suicida.

--Si se llega a algún tipo de acuerdo entre el Gobierno y el gobierno catalán, a medio plazo, ¿qué es lo que en Cataluña se debería cambiar sí o sí, para renovar una especie de pacto interno? ¿la educación y los medios públicos de comunicación, la ley electoral?

--Si la educación en Cataluña sigue en manos de los separatistas y en violación de la Constitución, el problema continuará por las razones que antes expuse. El remedio es muy sencillo, porque la política educativa separatista e ilegal está financiada con fondos públicos allegados por toda España. Es un disparate descomunal, destinado a romper cualquier pacto o concordia que pudiera existir. Lo mismo ocurre con los medios de comunicación, pero yo creo que lo más grave es la educación sectaria. Y ya puestos a reformar, ¿qué tal la ley electoral, para que en Cataluña, en lugar de votar las hectáreas, votaran las personas? Se habla muy poco de esto, y es otra de las trampas que los separatistas tienen en la manga y que les da un poder muy poco legítimo.

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