Jordi Vaquer: "La correlación clara con el independentismo es la lengua"

El director regional para Europa de la Open Society Foundations asegura que ni en Cataluña ni en el resto de España se ha producido un fenómeno anti-inmigración populista

Jordi Vaquer, director de la Open Society Foundations para Europa / CG
01.07.2018 00:00 h.
19 min

Jordi Vaquer habla rápido, tiene los datos en la cabeza y el mapa del mundo, el que tiene detrás en su despacho. Es el director regional para Europa de la Open Society Foundations y codirector de la Open Society Initiative for Europe, la fundación de George Soros, el inversor, multimillonario y empresario húngaro. Vaquer viene del mundo internacional, del análisis de las políticas internacionales. Fue director del Centro de Estudios y Documentación Internacionales de Barcelona (CIDOB) entre los años 2008 y 2012, y ello le ha servido para contextualizar cualquier causa que para los locales pueda parecer como fundamental y única. En una entrevista con Crónica Global, en su despacho de la Open Society, y a punto de iniciar un viaje por distintos puntos de Europa, Vaquer señala que no ve indicios ni en Cataluña ni en el resto de España que nos puedan hacer pensar que se acerca una ola de anti-inmigración populista. Ve positivos los primeros pasos del Gobierno de Pedro Sánchez, y pide que se valore lo que “ha hecho bien” España en los últimos años: “Creo que se debe poner en valor es que en España hay cosas que se han hecho bien, con políticas decentes sobre migración, sobre el estado de bienestar, con un buen discurso político y mediático sobre el tema, con la integración social y espacial de la inmigración, con una buena gobernanza. Se ha hecho mejor que en Italia o Grecia”, asegura.

Y precisa que en el caso catalán, con un proceso soberanista que sigue en pie, pese a la nueva situación que marca el cambio de Gobierno en La Moncloa, que es la lengua utilizada en casa la que define la posición respecto al independentismo: “Sabemos que la lengua está correlacionada con la renta, pero lo que explica más la defensa de un proyecto independentista es el catalán, como lengua propia y lengua de los familiares directos”.

--Pregunta: ¿Cómo actúa Open Society?

--Respuesta: Es una organización filantrópica grande, pero el impacto final de lo que hagamos siempre será modesto. Lo importante es elegir dónde concentramos los recursos. Un criterio fundamental es la situación de marginalidad o vulnerabilidad. Aportamos, por ejemplo, recursos para mejorar la situación del pueblo gitano en Europa del este, y a grupos que defienden los derechos de diferentes colectivos vulnerables por su religión, discapacidad, problemas de adicción, orientación sexual, etnia, u otros. Un segundo criterio es la capacidad de generar soluciones nuevas, que no han sido probadas en otros lugares, para incentivar una mayor participación democrática, una mejor rendición de cuentas, y la utilización de tecnologías para la participación democrática y la protección de los derechos. Y el tercer criterio es generar acciones pequeñas que puedan provocar reacciones sistémicas, como la denuncia de los vuelos extraordinarios de la CIA con la connivencia de países europeos. Rumanía ha sido recientemente condenada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por esa cuestión en una demanda que hemos apoyado. También incidimos con campañas directas, por ejemplo contra los campamentos oficiales a los que muchas familias gitanas han quedado confinadas en Italia que pueden provocar un efecto multiplicador. Estados Unidos es el país donde más recursos destinamos, y por regiones le siguen África, y luego Europa.

--¿Qué mensaje cree que ha lanzado el nuevo Gobierno de Pedro Sánchez a la Unión Europea?

--La formación del Gobierno tuvo una potente lógica de mensaje, porque era evidente que no será posible desarrollar un pleno programa de gobierno, que sería difícil de aplicar, dadas las circunstancias y el peso del PSOE en el Congreso. La elección de personas y los primeros pasos apuntan a tres prioridades. Una, recuperar para España la posición de vanguardia en la liberalización social. En España ha habido una transformación muy grande en valores, es uno de los países más abiertos, a poca distancia de Escandinavia u Holanda, pero el avance en políticas se había estancado. Se trata ahora de recuperar la hegemonía en el campo de la izquierda con este tema. Otro mensaje claro ha sido el de diferenciarse de Italia con una apuesta europeísta clara, con ministros de Asuntos Exteriores, Economía, y Agricultura fuertemente conectados con Europa por su carrera profesional. Por último, veo una narrativa que tiene que ver con la competición partidista interna: mostrar que se tiene acceso a más gente preparada que los partidos nuevos, más capacidad de atraer talento, con ministerios que habían desaparecido, como Cultura. El objetivo sería posicionar al PSOE ante la derecha y ante los nuevos partidos. La cuestión catalana, en cambio, creo que ha tenido menos importancia, a pesar de la presencia de ministros como Josep Borrell y Meritxell Batet. No parece haber sido un elemento determinante en la formación de gobierno.

--Usted dice que España es una sociedad más abierta que otras en Europa y el mundo. ¿Se trata ahora de recuperar algunos valores que habían quedado en un segundo plano?  

--España es una sociedad excepcional en el contexto europeo y occidental. En valores sociales liberales, como los de igualdad de género, en política de drogas, acogida de inmigrantes, derechos de la comunidad LGTB, o solidaridad internacional se ha abierto cuando otros, como Holanda o Francia, se cerraban. España mantiene un camino, que también han seguido países como Portugal, Irlanda o Malta, pero que no deja de ser excepcional en el contexto europeo. Esto, que es un movimiento de fondo, no quiere decir que haya otros problemas en el funcionamiento del sistema democrático, como la corrupción. Otro tema grave, a mi entender, es el ciclo de  degradación institucional y erosión de la tolerancia respecto a la discrepancia política en el que estamos.

--¿En qué medida, como gran observatorio de esos valores, desde la Open Society, el factor de Cataluña ha sido determinante en ese último fenómeno?

--Creo que debemos mencionar algunas cosas previas. Con la lucha contra ETA, que se saldó en una victoria del Estado, y también, aunque menos, con la lucha contra el terrorismo islámico, ha habido una degradación que parece que ha quedado vindicada, precisamente, por esa victoria final. Ante una amenaza terrible y resistente, se cometieron errores, hubo malas prácticas e ilegalidades, se cerraron periódicos y se prohibieron partidos políticos. Algunos de los abusos resultaron en condenas a España del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. El segundo ámbito en el que hubo y hay problemas es en el control migratorio, no sólo en frontera, sino en los Centros de Internamiento de Extranjeros, con abusos muy graves. Y el tercer ámbito hace referencia a los movimientos de extrema izquierda, anarquista o altermundialistas, con represión a veces desproporcionada. Una buena parte de la sociedad convivió sin problemas con esos abusos. A partir del movimiento del 15M se endurece mucho la actitud del Estado, y ocurren hechos graves como la aprobación de una ley muy poco garantista, la conocida como Ley Mordaza (Ley de Seguridad Ciudadana). El cuarto momento, efectivamente, es el caso catalán. Por eso pensar que los problemas de derechos y libertades empiezan con el procés es pecar de falta de perspectiva. No empiezan los problemas a partir de lo que sucede en Cataluña con el movimiento independentista. Además, en mi opinión hay abusos en  los dos lados, desde el Gobierno central y desde la Generalitat. Por ejemplo, me parece grave la utilización de unidades de la Policía Nacional, pero también de los Mossos d’Esquadra, para espiar a adversarios políticos.

--¿Considera, entonces, un abuso en las dos direcciones?

--Sí, pero no hay simetría y es artificial buscarla. Ha habido intimidación en el espacio público, con más violencia por parte de la extrema derecha española, algo que no es nuevo. Se han multiplicado las pintadas en las calles y otros actos menos violentos pero no neutros, por parte de la sociedad, desde los dos bandos. Lo que está claro es que las actuaciones del Estado cuestionadas por su incidencia en las libertades públicas han ganado en Cataluña mayor notoriedad por el contexto del procés. El momento coincide además con la dura aplicación de  la reforma del código penal y de la ley de seguridad ciudadana. Cuesta comprender los procesos, en algunos casos con penas de cárcel a titiriteros, raperos, publicaciones humorísticas, o tuiteros. No creo que estos problemas entronquen directamente con el franquismo, como señala el independentismo y la izquierda alternativa, sino que son resultados de carencias propias de la democracia española, gestadas durante gobiernos democráticos y acentuadas en los últimos tiempos. Otras democracias europeas occidentales, como Italia o Francia, tienen también sus puntos negros en derechos y libertades.

--Pero se trata de un proceso común dentro de la Unión Europea, con un endurecimiento de medidas por la lucha contra el terrorismo islámico. Lo que sucede en España, ¿en qué medida está condicionado por Europa?

--Cabe interpretar que lo que pasa en España es parte de un proceso europeo, con la crisis del euro, con una crisis económica, que habría provocado un rechazo a los valores que sustentan la separación de poderes y el respeto a las libertades. Pero a mi entender esta hipótesis no vale para  el caso español. No hay una correlación clara entre crisis económica y éxito de una extrema derecha o de movimientos que pongan en cuestión los valores democráticos. Si vemos otros casos, la extrema derecha se ha manifestado con claridad en un país como Italia, uno de los más afectados por la crisis, o en países de Europa del Este fuertemente afectados. Pero también vemos al populismo xenófobo triunfar en las urnas y condicionar a los gobiernos de países como Suiza, Dinamarca, Bélgica o Finlandia, que no son los que más han sufrido. En cambio, los que más han resistido a esos movimientos, como Irlanda, España, o Portugal, han sido muy castigados por la crisis del Euro. ¿La crisis económica es importante? Sí, no le diré que no, pero no lo explica todo.

--¿En Cataluña, en qué medida ha influido ese factor económico?

--En Cataluña decir que la crisis económica ha llevado a un repliegue identitario con todos los síntomas que se han dado en otros países, en particular anti-inmigración y anti-EU, no es cierto. No se verifica. En España tampoco ocurre. No pasó con el 15-M, con el Procés, ni con Ciudadanos, ni pasa con Podemos: son todo reacciones al sistema anterior, que no han apostado por un proyecto antieuropeo ni antiinmigración. En el caso catalán, la correlación clara con el apoyo u oposición a la independencia, es la lengua de uso en casa. Sabemos que la lengua está correlacionada con la renta, pero lo que explica más la defensa de un proyecto independentista es el catalán, como lengua propia y lengua de los familiares directos. Ni en España ni en Cataluña se ha producido esos fenómenos anti-inmigración que sí se han dado en Europa. Nadie ha querido inspirarse en Orban ni en Trump, nadie se quiso asociar al éxito del Brexit, ni desde la izquierda ni desde la derecha. No ha habido un nacional-populismo antiinmigración, lo cual no significa que no haya habido un claro rebrote nacionalista e identitario.

--¿Por razones históricas, porque la inmigración es más reciente?

--Eso es un factor importante, pero en Italia, sin embargo, también con una inmigración reciente, sí se ha producido un fenómeno populista antiinmigración. No, lo que creo que se debe poner en valor es que en España hay cosas que se han hecho bien, con políticas decentes sobre migración, sobre el estado de bienestar, con un buen discurso político y mediático sobre el tema, con la integración social y espacial de la inmigración, con una buena gobernanza. Se ha hecho mejor que en Italia o Grecia.

--¿Eso se explica?

--Se debería explicar más. Lo que pasa en España es que se dan explicaciones contraintuitivas y, a mi juicio, poco sólidas. Se dice que España, en comparativa europea, no es intolerante con la homosexualidad, no es sexista, no es antiinmigrante, porque con el franquismo se vacunó. ¿Pero cuánto dura la vacuna? Porque siguiendo ese argumento se podría explicar lo contrario. Se podría decir que es poco tolerante, que va contra los homosexuales, que es machista, etc, porque tuvo el franquismo y pesa esa herencia. Cuando se puede explicar una cosa y la contraria con el mismo argumento , hay que buscar otras explicaciones. Porque podríamos decir que Hungría o Polonia, por ejemplo, tras sufrir un pasado autoritario, también deberían estar vacunadas. La explicación sobre el franquismo no es irrelevante, pero lo realmente importante es ver la evolución posterior. Una de las cosas frustrantes es la explicación binaria: o somos una democracia casi perfecta, homologada en el entorno europeo e internacional y a salvo de críticas, o no somos una democracia real y vivimos todavía con la mácula del franquismo. Y lo que se debe decir, porque los datos así lo corroboran, es que en independencia judicial, en pluralismo mediático, en cuestiones de institucionalidad, no somos tan estupendos. Pero sí  estamos comparativamente bien en tolerancia social, gestión de la diversidad, y otros temas. Si no sabemos salir de esa dialéctica binaria (o somos estupendos, o somos un desastre) no se podrá avanzar. En la oposición izquierda-derecha se ha ido superándola, pero en la oposición  independentismo-constitucionalismo cuesta más salir de ahí.

--Pero deberá salir para poder llegar a acuerdos

--Yo creo que ya está saliendo, pero hay obstáculos. Creo que la banalización del lenguaje es contraproducente. Cuesta recular en el uso del lenguaje más contundente, en particular para el independentismo, por tener políticos en prisiones. Pero es indispensable. Lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo tiene que ver con ese lenguaje abusivamente utilizado. Decir, por ejemplo, que lo que ocurrió el 6 y 7 de septiembre fue un golpe de estado fue un elemento que deslegitimó la crítica que se iba formulando al proceso soberanista. Y decir que la represión policial al referéndum ilegal  del 1-O es la prueba irrefutable de que España es un estado fascista también es contraproducente. Creo que se debería rebajar el tono, como ya han hecho, por ejemplo, Podemos, el actual Gobierno, o el diario El País. El lenguaje beligerante no es nuevo: no podemos olvidar otras legislaturas, como la primera legislatura de Rodríguez Zapatero, en las que se abusó del lenguaje de gran calibre. La ligereza con la que se tilda al adversario de supremacista, fascista, franquista, terrorista, nazi, golpista y otros calificativos similares me parece una peligrosa e imperdonable frivolidad.

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