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Albert Solé, en su productora audiovisual, con el póster de Els records glaçats, sobre Josefina Castellví

Albert Solé: "Ha habido una actitud asustadiza y pacata de los poderes económicos"

El autor del documental 'Federal' señala los empresarios sabían que Cataluña caminaba "al abismo" con el proceso independentista y que reaccionaron tarde con una estampida de empresas

12 min

Albert Solé Bruset (Bucarest, 1962) cree en una alianza de la izquierda que pueda gestionar mejor, tanto en Cataluña como en el conjunto de España. Periodista y cineasta, autor de documentales como Al final de la escapada, sobre el luchador antifranquista Miguel Nuñez González, o Els records glaçats –como aparece en la imagen--, sobre la figura de la científica Josefina Castellví, Albert Solé señala que la idea de la independencia es un “absurdo total”, y entiende que los poderes económicos no quisieron asumir el problema que podía suponer el proceso soberanista. “Ha habido una actitud asustadiza y pacata de los poderes económicos cuando veían que nos íbamos de cabeza al abismo y no quisieron reaccionar a tiempo”. Y recuerda el prefacio del polémico libro de su padre, Jordi Solé Tura, que se acaba de reeditar: Catalanisme i revolució burgesa, cuando explica que “la historia del nacionalismo catalán es la historia de una revolución burguesa frustrada”.

--Pregunta: El presidente Torra ha escrito textos que se califican de racistas. Puede ser minoritario en el conjunto del catalanismo, pero ¿por qué el independentismo es tan poco permeable a esas críticas?

--Respuesta: Es una de las virtudes mágicas del nacionalismo​. Todo es culpa de otro. Y siempre se encuentra el argumento del ‘y tu más’. No hay capacidad de autocrítica. El empobrecimiento de la calidad democrática es tremendo.

--¿Cuándo se inicia ese deterioro?

--Yo creo que uno de los problemas está en la composición de los partidos. En España, la izquierda tiene manzanas podridas pero en la derecha suele estarlo casi todo el cesto. El franquismo fue la continuidad de una España milenarista, ultraconservadora y moralmente corrupta que siempre ha estado ahí. Ya en democracia se baja fuertemente un escalón con la victoria electoral del PP de Aznar por mayoría absoluta, que reivindica la derecha “desacomplejada” y recentralizadora. Allí se acaba con la llamada cultura de la transición y se empieza a reabrir la caja de los truenos.

--¿Y el caso catalán?

--Los catalanes votaron masivamente por la Constitución del 78, pero los nacionalistas empezaron ya a jugar con los dobles discursos y las lealtades, un juego que les reportaba pingües beneficios políticos y, como se ha visto, también económicos. Se suele decir que el procés es el estado avanzado del pujolismo, pero creo que es más complejo. Lo que se ha producido exige más análisis, porque se ha creado una alianza extraña entre las clases medias urbanas empobrecidas y asustadas por la crisis y el ala más carlista y rural del nacionalismo. Eso ha pasado, con el concurso indispensable de medios de comunicación públicos y privados azuzados por unos líderes políticos y sociales irresponsables. Ha sido sorprendente también ver cómo antiguos votantes del PP que en su vida habían hablado catalán salían a la calle con lazos amarillos. Ha habido una actitud austadiza y pacata de los poderes económicos cuando veían que nos íbamos de cabeza al abismo y no quisieron reaccionar a tiempo. Creo que es oportuno recordar el prefacio del libro de mi padre, Catalanisme i revolució burguesa, cuando explica que “la historia del nacionalismo catalán es la historia de una revolución burguesa frustrada”. Es una burguesía especuladora y posibilista, miedosa. Es la imagen de La escopeta nacional. La estampida de empresas después de esa especie de golpe de estado postmoderno que fueron los hechos del 6 y 7 de septiembre del 2017 en el Parlament de Catalunya es la más clara demostración.

--¿Entonces?

--Creo que quien se tenía que haber enfrentado, porque se jugaba el mercado, no lo ha hecho, y ahora reacciona de forma precipitada. Es una conjura de necios, en que nadie ha demostrado estar a la altura, y todos se han refugiado en un Frankestein muy extraño que es el llamado procés.

--Volvamos a Ibarretxe y a esa idea de perder el poder.

--En El País Vasco perdieron el poder, porque no tenían ningún plan B. Aquí tampoco, ni B ni C ni nada, como ha quedado sobradamente demostrado. Lanzaron a la gente a la calle, buscaron y obtuvieron la foto de la reacción chapucera de los poderes del estado el 1 de octubre…y Dios proveerá. Lo que creo que debería pasar ahora es que afloraran las contradicciones internas en el independentismo y unos cuantos miles de votantes les penalizaran por tanta ineptitud política. En el independentismo hay gente solvente: que den un paso al frente y hagan política de verdad: que resuelvan los problemas cotidianos de la gente en vez de prometer soluciones quiméricas y simplistas a problemas complejos.

--Por tanto, ¿defiende la propuesta del Círculo de Economía de buscar un acuerdo sobre el autogobierno que permita a una parte significativa bajarse del autobús independentista, aunque sea desde un punto de vista pragmático?

--Si, desde un punto de vista pragmático, creo que es una posibilidad muy realista. Hay muchos votantes legítimamente enfadados que han votado al independentismo como reacción ante el inmovilismo de los gobiernos de PP, pero que cambiaría en sentido del voto si notan una mejoría del autogobierno y del clima político con el gobierno central.

--Pero no se debe ser determinista, ¿no? Se puede apostar ahora por la independencia, y mañana no, como ha pasado en Quebec.

--Exacto, no se puede ser determinista, pero los odios enquistados cuestan de bajar. Si se desactivan, si se restaura la confianza y el diálogo baja el suflé de la intolerancia y la gente cambia de opinión. Y no olvidemos que federalismo viene del latín “fides”, confianza. De eso va nuestra propuesta. El problema, creo, será desactivar el factor demográfico: una parte del independentismo prefiere bajar las revoluciones del motor y esperar a que los jóvenes, que se han radicalizado mucho estos últimos años, alcancen la mayoría de edad y puedan desequilibrar el empate electoral a su favor. Me parece una apuesta arriesgada porque muchos de estos jóvenes residen también en un cinturón metropolitano de Barcelona bastante polarizado en sentido contrario.

--Pero, ¿cree que es el momento de formular una propuesta como la del Círculo, por ejemplo?

--Mejorar la financiación yo creo que ayudaría mucho. Introducir la ordinalidad en la Constitución sería una buena medida. Creo que muchos independentistas podrían aterrizar, estoy convencido. Ciudadanos lo ve como una cesión, pero volvamos a 1978. Mi padre, un comunista, fue capaz de pactar con Fraga, exministro franquista. Entonces, señores de Ciudadanos, ¿qué quieren: más tensión o intentar desbloquear esto? Al mismo tiempo, se debe aprovechar que el soberanismo catalán tiene ahora mismo un mal gobierno y se ha quedado sin discurso.  Su único recurso será calentar el otoño con efemérides y sobre todo el juicio al Procés. ¿cuánto tiempo van a poder aguantar esta estrategia sin aportar soluciones positivas?

--¿Entiende que la izquierda se equivocó desde la transición al jugar en el terreno del nacionalismo, con Josep Benet, por ejemplo, como candidato del PSUC, que había criticado a su padre, Jordi Solé Tura por el libro mencionado, Catalanisme i revolució burgesa?

--No, porque se buscaron caminos para evitar lo que nos ha pasado ahora. El catalanismo transversal tenía como objetivo evitar que nadie monopolizara la senyera, fomentar la cohesión social y evitar también el frentismo de la II República. Ha funcionado durante muchas décadas. No lo critico. Y es cierto que Benet, que era un hombre de Pujol, reprochó con todas sus fuerzas ese libro de mi padre y lo que conllevaba. Lo que no supieron ver es que en un cierto momento todo podía colapsar, sobre todo si se dejaba en manos de líderes irresponsables, como así ha sucedido. La estrategia de Mas fue claramente expulsar del catalanismo al PSC e ICV y monopolizar este sentimiento que perdía así su carácter transversal. Y casi lo consigue.

--¿Ha habido una traición?

-- Desde luego, se ha traicionado ese espíritu transversal, pero cada partido ha aportado su granito de arena a esa traición: los socialistas se dividieron ante el maragallismo y el nuevo Estatut, CiU jugó un juego muy peligroso en la negociación de ese estatut, ERC jugó a dos bandas…. Creo que, en general, la tradicional izquierda catalanista tardó en entender los cambios y no supo reaccionar ante la explosión de los puntos cardinales de la política catalana. La crisis económica y política la pilló con el pie cambiado, la rápida mutación al independentismo y la ofensiva brutal del nacionalismo la dejó desamparada. Toda una lección histórica que debería servir para las próximas  generaciones.

--¿Le ve posibilidades a Manuel Valls para ser alcalde de Barcelona?

--Creo que la candidatura “paracaidista” de Valls sólo tendría sentido si delante tiene a otro paracaidista que intentara unificara al independentismo. Si además Albert Rivera no hubiera cometido el error de votar en contra en la moción de censura contra Rajoy su partido no habría bajado tantos enteros de golpe y, con ello, las hipotéticas posibilidades de Valls a la alcaldía de Barcelona. Sinceramente, no le veo opciones a Valls, porque además de la pérdida de glamour de Ciudadanos difícilmente podrá conectar con el votante de los comunes ni con una parte del voto popular del PSC en Barcelona. Si el independentismo se une y encuentra un candidato potente la única opción sería organizar un espacio fuerte entre los comunes y el PSC.