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La politóloga Antonella Marty, autora de 'El manual liberal' / CG

Antonella Marty: “El populismo de izquierdas y el de derechas se vencen con libertad”

Marty, autora de ‘El manual liberal’, señala que Madrid ha logrado ser un “oasis que se debe celebrar” con su apuesta por la “empresa y los bajos impuestos”

12 min

Antonella Marty (Rosario, 1992) habla con celeridad. Mantiene un silencio de unos segundos, tras interiorizar la pregunta, y muestra con convicción su posición. Es autora de El manual liberal, (Deusto) con la participación de ilustres liberales, como Vargas Llosa, Johan Norberg, Mauricio Rojas o Carlos Alberto Montaner. Marty, que se considera libertaria, es directora asociada del Center for Latin America de Atlas Network en Estados Unidos y directora del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Fundación Libertad en Argentina. Con la mirada puesta en el continente americano, pero también en España, Marty es contundente: “El populismo de izquierdas y el de derechas se vencen con libertad”, y niega que el liberalismo haya sido el causante “de todos los males” en los últimos años, asociándolo a una idea, a su juicio, equivocada: “El liberalismo no es la derecha, ni defiende sólo una apuesta económica determinada, es mucho más, es un conjunto de valores a favor de la libertad”.

--Pregunta: ¿Por qué un manual sobre liberalismo con colaboraciones desde tantos ángulos? ¿Hay una confusión sobre qué es el liberalismo?

--Respuesta: Hay una cuestión importante y es que el liberalismo es algo humano, profundamente humano y a veces se cae en una batalla de ‘ismos’ que lleva a esa confusión. Con todos los autores que participan me une una relación de amistad, de relación personal, y lo que pretendía es que cada uno ofreciera una visión complementaria, para lograr una obra de conjunto, desde Mario Vargas Llosa a Mauricio Rojas, pasando por María Blanco y su idea del feminismo liberal. La cuestión central es que el liberalismo se asocia siempre a su vertiente económica, pero es mucho más, es un conjunto de valores que ahora se ponen en cuestión, desde muchos lugares.

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Portada del libro 'El manual liberal'

--¿Por qué esos equívocos?

--Bueno, es un error del propio liberalismo también, al exponer con mucho convencimiento la libertad económica. Frente a los enemigos de la libertad se ha expuesto la libertad económica, pero se trata de otra cuestión más importante. Hay más cuestiones que se defienden desde el liberalismo. El liberalismo es la separación de poderes, es el principio de que todos somos iguales frente a la ley, y es también la libertad de comercio, que ha sido la medida más cooperativa que ha existido. El liberalismo, además, tiene enemigos que se disfrazan de defensores de la libertad, como es el conservadurismo. Y el liberalismo defiende una cuestión central, como apunta Deirdre N. McCloskey en el epílogo del libro, que es la base del principio de no agresión: ‘Mi libertad de mover las manos termina donde comienza la nariz del otro’. Y luego, claro, el liberalismo permite la vida contractual, da vida a sociedades contractuales, con contratos voluntarios.

--¿En estos momentos, ser un revolucionario es ser liberal?

--Claro, eso depende de la concepción que se tenga. Lo digo yo que en Rosario ha habido por todas partes homenajes al Che Guevara o se ha utilizado el nombre para el callejero o para instituciones o lo que fuera. Se ha considerado como revolucionarios a gente que ha asesinado, que ha fusilado a otros. Se trata de personajes que han tenido mucha influencia, referentes como Chavez que también han llegado a España, de la mano de Podemos. Frente a todo eso y en un momento como el actual, sí creo que el liberalismo tiene algo de revolucionario, de rebeldía frente a las autoridades institucionales, que quieren aplicar una moral específica y una manera de vivir la vida. Y sí, creo que los principios liberales, los que nos llegan de figuras como John Locke y de la revolución norteamericana, pueden ser vistos ahora como revolucionarios.

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Antonella Marty, autora de 'El manual liberal' / CG

--¿Es lo que ha experimentado Madrid, a su juicio, en las últimas elecciones?

--Lo que ha pasado en Madrid en esas elecciones, con la victoria de Díaz Ayuso, no se puede separar del Gobierno de Pedro Sánchez y de la salida de Pablo Iglesias del Ejecutivo. El manejo paternalista de la pandemia, por parte del Gobierno, creyendo y señalando qué es lo mejor para los ciudadanos, fue determinante. Se presentó como una especie de Dios. Dejó a los ciudadanos como si fueran incapaces. Y hubo una reacción. Nos mostró esa especie de socialismo vegano, que se puede transformar en un socialismo carnívoro, que es el que conocemos en Latinoamérica. Es decir, un socialismo light, que puede ser integrado por un socialismo muy intervencionista y de carácter populista, como es Podemos. Luego hemos visto ese populismo de derechas, que te quiebra las piernas y luego te da una muleta y te dice que sin ellos nos puedes caminar, que es Vox. Es un fenómeno de carácter global, y al que hay que hacerle frente. Hay un populismo de izquierdas que combate a un populismo de derechas. Pero el populismo de izquierdas y el de derechas se vencen con libertad. Desde la premisa de que el liberalismo no es derecha. El conservadurismo sí es derecha. Y hay que estar atentos, porque los enemigos de la libertad se disfrazan, precisamente, de defensores de la libertad.

--¿Lo dice por Vox? ¿Puede estar al lado del PP?

--Vox es un partido nacionalista, patriótico, homófobo, conservador, no tiene nada que ver con un partido liberal. Recuerdo que en Madrid Vox se había unido a Podemos para rechazar una rebaja de impuestos. Hoy ni siquiera es liberal en lo económico. Es un movimiento cercano a lo que ocurre en Hungría, con Orbán; próximo a la ultraderecha austriaca o finlandesa. Es arrogante, cree ¡en la ‘familia natural’!, rechaza la adopción homoparental…

--Por tanto, ¿qué debería hacer el PP?

--No creo en la alianza entre conservadores y liberales. Lo explicaba Hayek, cuando decía por qué no era conservador, cuando te alías con lobos conservadores disfrazados de liberales. El liberalismo combate con el conservadurismo, sea de derecha o de izquierda. En todo caso, hemos podido ver en Madrid un lugar de libertad, un oasis a favor de la empresa y de la bajada de impuestos, algo para celebrar.

 --Sin embargo, ese liberalismo que usted defiende, sus excesos, han provocado sus detractores. Y me refiero a ese liberalismo económico que ha traspasado las reglas.

--Le decía que el liberalismo se ha olvidado de su parte más humana. Pero cuando se señala al neoliberalismo, nadie del mundo liberal se ha etiquetado así. Es un concepto peyorativo, que ha utilizado la izquierda. Y, en todo caso, han sido prácticas que van en contra del liberalismo, con un aumento de gasto, con un capitalismo de ‘amiguetes’. Al liberalismo se le acusa de cosas que jamás ha hecho. Se habla mal de la globalización y del liberalismo, cuando han constituido un autobús hacia el progreso.

--La cuestión de los impuestos, ¿hasta qué punto los libertarios han influido en los liberales, y perjudican al propio liberalismo, con una idea de que el impuesto por sí mismo siempre es confiscatorio?

--Creo que la influencia e incluso la retroalimentación es muy interesante, mucho más en un mundo como el actual, donde pareciera ser que los gobiernos tienen cada vez más "derechos" sobre lo que los individuos generan, crean y producen. No creo que esto perjudique a ningún movimiento, por el contrario, creo que mostrar la naturaleza de los impuestos acabará beneficiando a lo que Ayn Rand llamó la "minoría más pequeña del mundo": el individuo.

--La entrada de Biden, que es un liberal, ¿perjudica o beneficia a la causa liberal? Se habla de que el neoliberalismo ha muerto por el plan fiscal que plantea Biden.

--A mi me parece que Biden está muy lejos de ser definido como liberal. De hecho creo que si es por poner etiquetas, podríamos catalogarlo como "socialdemócrata". Quien propuso un modelo liberal en las últimas elecciones no fue ni Biden ni Trump, sino Jo Jorgensen, la cantidata por el Libertarian Party. Biden en su plan económico destaca aspectos como el aumento del tamaño del gobierno (algo que también hizo Trump) e incluso el aumento de la deuda (algo que también hizo el expresidente), el aumento de impuestos y el tóxico crecimiento del Estado de bienestar. Lo que me parece importante es que los norteamericanos entiendan que tienen que cuidar siempre su libertad y el modelo de país que los llevó a ser una de las naciones más prósperas y exitosas del mundo desde sus orígenes basados en los tres pilares de los Padres Fundadores: la vida, la libertad y la búsqueda de la propia felicidad.

--¿Puede el liberalismo aplicarse en todo el planeta, como un corpus ideológico que cree en los valores universales, y que va asociado a la democracia que se ha desarrollado en Occidente?

--La libertad es universal. La libertad es un rasgo esencial del individuo y espíritu individualista. Como decía Ayn Rand, la filosofía es necesaria porque marca el destino de una nación. Mientras el mundo siga adoptando modelos que apuesten por el colectivismo, el altruismo, el dogmatismo y la irracionalidad, no lograremos maximizar la libertad. Por eso debemos apostar por la importancia de la razón, del capitalismo, la libre empresa, la propiedad privada, las libertades civiles, la seguridad jurídica y una defensa cabal de la libertad en su más amplio sentido.

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