Conversaciones con una independentista

Mercè Vilarrubias
8 min

Desde hace unos meses estoy teniendo un diálogo con una colega independentista. Trabajamos en la misma escuela y pese a que cada una sabía de las posiciones de la otra, no habíamos hablado nunca de la independencia. Hace un tiempo, sin embargo, que por diversas razones salió el tema y ella me dijo que quería oír argumentos sólidos en contra de la independencia ya que -sorprendentemente- no había oído ninguno hasta entonces.

En una democracia, Castilla y León, que vota mayoritariamente al PP, tendría el mismo derecho que Cataluña a pedir la independencia de España cuando gobierne el PSOE porque no les gusta este partido

Yo me ofrecí a proporcionárselos. Desde entonces mantenemos un diálogo oral y sobre todo, por mail, lo cual es un ejercicio muy importante para mí para refinar mis argumentos y, además, un reto importante ya que ella es una persona muy inteligente que no rehuye el debate.

Después de un tiempo de intercambio de ideas generales, le pregunté cuáles eran los argumentos centrales a favor de la independencia. Me dijo que los principales eran dos: el primero era que la independencia implicaba la posibilidad de crear un país nuevo, donde todo iría mejor ya que se gestionaría todo aquí. Se priorizaría la educación y la sanidad, la economía estaría al servicio de las personas, se harían políticas ambientales sostenibles y se reforzarían los servicios sociales. El segundo argumento era que no se podía vivir en una España gobernada por el PP, el cual era reaccionario e implicaba una involución y un ataque permanente a los derechos de los ciudadanos. Reflexioné sobre el segundo argumento y decidí dejar todo el wishful thinking del primero para más adelante.

Respecto al segundo argumento, le dije que el sentimiento de no querer estar en España porque gobierna el PP es muy legítimo. El tema es si es un argumento político que justifica una demanda de independencia desde un punto de vista objetivo. No es un argumento por una sencilla razón: en una democracia, a los partidos que no le gustan a una persona o a un colectivo se les gana en las urnas. Si no se les puede ganar en las urnas, se debe insistir, pero son partidos que han sido votados por los ciudadanos.

Su argumento llevaría a un caos en las democracias. A ella (como a mí y a muchos otros) no nos gusta el PP y nos preocupa su deriva, especialmente en ciertas leyes como la Ley de seguridad ciudadana o la Ley del aborto. Pero a muchos conservadores no les gusta el PSOE. Cuando gobernaba Zapatero, entrevisté al presidente del colectivo E-cristians, quien me dijo que Zapatero era "un radical". Me quedé muy sorprendida porque nunca había pensado que Zapatero fuera un radical. Luego comprendí que así es como lo veían muchos conservadores.

En una democracia, Castilla y León, que vota mayoritariamente al PP, tendría el mismo derecho que Cataluña a pedir la independencia de España cuando gobierne el PSOE porque no les gusta este partido.

El Estado de Nueva York también se podría haber sentido legitimado a pedir la independencia cuando gobernaba George Bush. La región de Yorskshire detesta mayoritariamente a los conservadores británicos, actualmente en el gobierno. Podría pedir la independencia.

De vuelta a Cataluña, ERC es un partido que yo, personalmente, tengo en muy baja estima. Si ganan las próximas elecciones, a mí también me gustaría independizarme de ellos.

No acabaríamos nunca.

Si lo que mueve a los independentistas es un sentimiento, tendremos que enfrentar este sentimiento y preguntarnos por su naturaleza. Hasta entonces, tenemos un largo camino que recorrer

Por eso, lo que ella dice del PP es un sentimiento pero no un argumento. Sin duda, los sentimientos son centrales en la vida de la mayoría de personas pero pertenecen a la vida personal. La política es otra cosa. La política es deliberación racional con fines colectivos en el ámbito público, y se basa en datos y argumentos objetivos, no en sentimientos.

Su respuesta fue sorprendente: me contestó que evidentemente no es una razón racional, cuando ella la había esgrimido como el segundo argumento central pro-independencia. Me dijo que es un sentimiento de impotencia que tiene cuando ve que el PP no sólo gobierna con mayoría absoluta sino que sigue siendo mayoritario en intención de voto. Que todo esto le hace desear sentimentalmente separarse de un país que vota mayoritariamente por un partido que representa exactamente todo aquello en lo que ella no cree.

Dijo que no era un argumento para esgrimir en un debate serio, pero que pone sobre la mesa porque le hace reflexionar sobre el peligro que representa esta derecha, con una gestión reaccionaria y una incontinencia legislativa en contra de los derechos ciudadanos.

Bueno, uno puede criticar el gobierno del PP hasta pasado mañana pero esto no puede, de ninguna manera, ser esgrimido como un argumento pro-independencia. Fue una gran satisfacción para mí poder encontrar los argumentos para mostrarle esto.

Su aceptación que sí, que era un sentimiento y no un argumento, me hace pensar que quizás, si buscamos y conseguimos dialogar con los independentistas -con los que son receptivos y están abiertos al diálogo- podremos mostrarles que más allá del sentimiento, no hay ningún argumento. Sería muy importante poder llegar a este punto porque esto nos permitiría identificar el sentimiento como el gran motor de la adhesión al proyecto independentista, si efectivamente esto es así, como parece ser.

Debemos hablar, hablar y hablar. El diálogo es posible con algunos independentistas convencidos pero lo suficientemente inteligentes como para aceptar que en democracia se ha de debatir. Con los fanáticos no se puede hacer nada, evidentemente, pero estos, a pesar de que hacen mucho ruido, no son mayoría. La creación de Sociedad Civil Catalana, con toda la proyección que esperamos que vaya cogiendo, es una gran oportunidad para mostrar, a un nivel colectivo, la debilidad de los argumentos independentistas.

Otra cuestión es el sentimiento. Si, a un nivel más general, se acepta que, en el fondo, lo que mueve a los independentistas es un sentimiento, tendremos que enfrentar este sentimiento y preguntarnos por su naturaleza. Hasta entonces, tenemos un largo camino que recorrer: conseguir hacernos escuchar, ser capaces de argumentar bien y dirigirnos al otro con respeto. En eso estamos. Las conversaciones con mi colega quieren ser un grano de arena en esta dirección.

Artículos anteriores
¿Quién es... Mercè Vilarrubias?
Mercè Vilarrubias

Catedrática de inglés en la Escuela Oficial de Idiomas Barcelona-Drassanes y autora del libro 'Sumar y no Restar. Razones para introducir una educación bilingüe en Cataluña' (Editorial Montesinos). Es miembro del colectivo Puerta de Brandemburgo.

Comentar
Olegario 25/08/2015 - 11:28h
Loable y sobresaliente la iniciativa constructiva de Mercè; sin embargo, estando muy lejos del tronco de pensamiento y de intereses del PP, debo recordar el bochorno imborrable sembrado en Cataluña por los partidos sedicentes democráticos, cuya descalificación permanente del PP, como fuente de todos los males, y como blanco de todos los calificativos que puedan generar repudio consciente e inconsciente. Esta conducta tomó cuerpo histórico y se institucionalizó en el "Pacte del Tinell" y representa el juego sucio del que muchos parece que se sienten orgullosos. También conviene señalar que calificar un partido conlleva una cierta calificación de quienes le votan. En nuestro caso, los partidos catalanes, especialmente los autocalificados progresistas de izquierda, deben EXPLICAR porqué las capas populares que votaban preferentemente PSC y PSUC han cambiado en buena parte para votar PP. ¿También son fachas, españolistas, anticatalanes..., estos catalanes de Nou Barris, Santa Coloma, etc?
fereyes 25/08/2015 - 11:28h
Coincido con Olegario en la valoración de la iniciativa de Mercè, sin embargo, mucho me temo que estamos muy lejos de convencer a una gran masa de ciudadanos intoxicados por los medios de comunicación y la estrategia nacionalista que lleva 30 años inoculando este sentimiento de forma muy sutil. Este mensaje de que todo lo catalán es bueno y lo que viene de España es malo, se lleva repitiendo machaconamente desde hace muchos años y ha creado un sentimiento de superioridad e incluso de asco con respecto a lo español, en varias generaciones. Va a ser muy dificil eliminar este sentimiento y pienso que sólo la gente que viaje un poco y vaya por ejemplo a Madrid y viva durante un tiempo, se dará cuenta que no es una ciudad llena de demonios como la pintan aquí sino una ciudad joven, dinámica, trabajadora y crítica. En fin, yo creo que la semilla del odio o desprecio sembrada con alevosía durante años por el régimen de CIU, va a ser muy complicado de contrarrestar.
jojasoclliure 25/08/2015 - 11:28h
Coincido con Olegario y fereyes, pero con los sentimientos hemos topado : las relaciones sociales no se pueden basar en ellos, eso queda para la vida privada de cada cual, es la RAZÓN el elemento que hace posible vivir en sociedad, hasta ese nivel de degradación política y social nos ha llevado el nacional-catalanismo, hasta ese nivel de infantilismo nos conduce la ideología romántico-carlista del separatismo identitario.............si más allá del sentimiento, no hay ningún argumento, querida Mercé, no hay nada que hacer más que la aplicación de la democracia, esto es, la aplicación de la ley, que es lo que nos está salvando de la jungla a la que nos llevan los secesionistas.............por la misma razón que la independentista amiga de Mercé (el PP gobernando en España), pero aplicada aquí (CiU gobernando en Cataluña) yo, y creo que la mitad o más de catalanes nos querríamos independizar de Cataluña...........algún día, algún sociólogo o algunos sociólogos deberían investigar a fondo
jojasoclliure 25/08/2015 - 11:28h
.....algún día, algún sociólogo o algunos sociólogos deberían investigar a fondo, como es posible que unas gentes (los catalanes) que se toman a sí mismos por progresistas, avanzados, europeístas, vamos, la ostia en vinagre, han sido capaces de votar para que les gobierne durante generaciones a un partido similar al PP (carca, cutre, meapilas, favorecedor de lo privado en detrimento de lo público), solo (parece) porque hablaban en catalán.........
MCL 25/08/2015 - 11:28h
Dos cuestiones: 1º CiU es infinitamente mas conservador que el PP, ya que procura privilegios territoriales ahora que hemos superado los personales ( "hijo de....") 2º El nacional/separatismo es un sentimiento. pero nadie nace nacionalista, ni menos secesionista. Los sentimientos se educan 3º Mientras siga la Educacion de los jóvenes catalanes en manos de gobiernos nacionalistas la secesión estará siempre tras la puerta
RS 25/08/2015 - 11:28h
Señora Villarrubias, una mezcla de argumentos racionales y sentimentales es cosa de ambos bandos. No podrá usted negar que uno de los argumentos del españolismo para quedarse en España es, simplemente, el amor a este país, sus símbolos, y su cultura. También dicen que España nos quiere mucho. Un argumento que, como usted sabe, funciona bastante poco en Cataluña.
¿Quiere hacer un comentario?
Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Más información