Contra Rajoy vivían mejor

Jordi García-Soler
7 min

Cada vez son más comprensibles las razones por las que el sector más duro del independentismo catalán se opuso a que los diputados de ERC y del PDeCAT apoyasen la moción de censura contra Mariano Rajoy, que conllevaba la investidura de Pedro Sánchez como nuevo presidente del Gobierno de España. Tanto Carles Puigdemont y Quim Torra como su núcleo de seguidores incondicionales no solo se resistieron a avalar aquella votación de los diputados secesionistas, sino que hasta el último momento intentaron vetarla. La firmeza de Marta Pascal y la joven dirigencia actual del PDeCAT, así como la inteligencia de Oriol Junqueras al transmitir consejos inequívocos a los dirigentes actuales de ERC, evitó que el independentismo catalán se convirtiera en cómplice de la continuidad del Gobierno del PP presidido por Mariano Rajoy.

Para los sectores más radicales e intransigentes del secesionismo catalán tener enfrente al PP, y en concreto a Rajoy, ha sido siempre una bendición. Sobra un dato para explicarlo: el crecimiento exponencial del voto independentista se ha producido en Cataluña cuando el PP ha gobernado España, primero ocho años con Aznar y estos seis últimos años con Rajoy. Para el nacionalismo catalán PP no ha sido solo un contrincante o un adversario; ha sido un enemigo. Y esto ha tenido y tiene su correlato: para el PP el nacionalismo catalán​ no ha sido nunca un contrincante o un adversario, sino un enemigo, como mínimo desde que la antigua CDC se subió al carro del independentismo.

La llegada de Pedro Sánchez a la Presidencia del Gobierno de España, la composición de su gobierno y las reiteradas manifestaciones públicas de voluntad de diálogo rompen por completo con el discurso intransigente de los sectores más radicalizados del secesionismo catalán. Desconcertados ya desde hace unos meses, incapaces de asumir que en Cataluña no existe una mayoría ciudadana a favor de la independencia, atenazados por el temor a un deterioro aún mayor de la convivencia social y a una todavía más importante pérdida de peso económico y prestigio internacional por parte de Cataluña, muchos de los dirigentes del movimiento independentista se han ido distanciando de las posiciones de Puigdemont, Torra y sus acólitos, todos ellos al parecer todavía inasequibles al desaliento y partidarios de la adhesión incondicional a un liderazgo cada día más desconectado de la realidad social catalana.

El penoso espectáculo vivido estos últimos días acerca del acto de apertura de los Juegos Mediterráneos de Tarragona ejemplifica muy bien todo esto. Como con Rajoy vivían mucho mejor, porque les resultaba cómodo y fácil presentar al PP y a su máximo dirigente como un enemigo declarado de Cataluña, aunque para ello tuviesen que ocultar la muy elevada cuota de responsabilidad política que le corresponde al secesionismo en todo este conflicto, ahora el presidente Torra, diligente delegado del huido Puigdemont, ha decidido centrar todos sus ataques institucionales y políticos en Felipe VI. Pero lo ha hecho solo a medias, de mentirijillas, en un espectáculo vergonzoso y vergonzante, primero con un anuncio solemne de que no asistiría al acto inaugural de los Juegos Mediterráneos, para pasar luego a anunciar que sí iría pero que la Generalitat rompía sus relaciones con la Corona, aunque asistió a la ceremonia casi al lado mismo del monarca pero no sin antes marcarse unos pasos en una concentración antiborbónica junto a las murallas tarraconenses, poco antes de aplaudir el himno español desde la tribuna presidencial minutos después de dar al rey unos informes sobre la represión policial del pasado 1-O.

He hecho muchos esfuerzos para intentar hallar al menos algún elemento racional en esta sucesión de despropósitos ocurridos en un solo día y en muy pocas horas, y no he conseguido encontrarlo. Lo único que tengo claro es que el núcleo más duro, radical, intransigente y obsesivo del independentismo catalán, que se había acostumbrado durante estos últimos años a vivir muy bien contra Rajoy, se ha apresurado a crearse un nuevo enemigo en la persona de Felipe VI. Se equivocan una vez más. Su desconexión con la realidad social catalana es cada día más evidente. Gastan su pólvora en salvas y siguen, como llevan haciendo siempre, jugando al póker y yendo de farol.

Más pronto que tarde se impondrá la necesidad del diálogo y el acuerdo, del abandono definitivo de un unilateralismo vacuo y ya se ha demostrado fracasado, del retorno al terreno de la multilateralidad. Y ello ocurrirá no desde un supuesto irreal y quimérico “exilio” sino desde un interior pegado a la realidad y que cada vez se ve más urgido a dar respuestas eficaces, posibles y pragmáticas a los innumerables problemas de toda clase que afectan al conjunto de la ciudadanía de Cataluña, tanto a la minoría que vota a favor de la independencia como a la mayoría que se opone a esta opción desde posiciones muy diversas. Porque nadie vive de simbolismos, y mucho menos cuando estos son meros juegos de artificio, burdas trampas de trileros. Contra Rajoy vivían mejor, pero ahora deben regresar a la realidad y hacer política de verdad, suponiendo que sepan y quieran hacerla.

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¿Quién es... Jordi García-Soler?
Jordi García-Soler

Periodista de 70 años y con más de 53 de ejercicio profesional en prensa, radio, televisión y comunicación política.