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Las consecuencias del teatro del absurdo

Roberto Giménez
4 min

Este artículo lo escribí ayer martes al mediodía, antes de que se levantara el telón de la presentación de la obra de teatro del absurdo, que no fue dirigido por Ionesco, ya le gustaría al bufón de Puigdemont tener su arte en la representación del segundo acto; el primero fue el inicio (la fuga del expresident errante). El segundo, el nudo (la ausencia del errante en el Parlament); y la única duda del tercer acto, el desenlace, es si será la cárcel del errante o el fantasma veinte años errante. En esta pieza del teatro del absurdo se está.

Los que siguen la fe de esta religión política indepe que ya no es la cruz sino la cara estelada del huido, dicen que el Estado ha vuelto a violar la democracia en Cataluña al no reconocer el resultado del 21D. Simplemente porque España no se deja burlar por la estratagema de un alucinado somiatruites que en su delirio de la república virtual no deja de hacer el payaso, con todo el respeto para el gremio.

Si esta aventura fuera escrita por Miguel de Cervantes, el hijo del pastelero no sería Don Quijote, ni su escudero Sancho Matamala, ni su posada el cuatro estrellas de Gaspart en Bruselas... El huido en tierra extraña representa a Amadís de Gaula porque el manco de Lepanto, preso en Argel, quiso burlarse de los delirios del alucinado matagigantes.

Si Junqueras fuera Superman y pudiera mover la Tierra para atrás, rectificaría y empujaría al huido para que convocara unas elecciones que Oriol hubiera ganado de calle

En este sainete, en el lado indepe, el único que tiene razón es Joan Tardà, el Joan de Serrallonga destinado en la cuesta de San Jerónimo, cuando dice que un hombre tiene que sacrificarse por un pueblo, y no revés. El Serrallonga de Madrid, que tiene a Rufián como escudero, le gusta hablar con ampulosidad y ditirambo, pero la realidad es que el hijo del pastelero no es que se esté sacrificando por sus electores sino que, para salvar el trasero, está sacrificando a los restos del pasaje de Convergència.

ERC hace el papelón de la triste figura de haberse cambiado los papeles con el PDeCAT: porque así como a veinticuatro horas de la proclamación simbólica (la Forcadell dixit) de la República catalana, Oriol Junqueras, el preso de Estremera, evitó que el huido convocara las elecciones y puso patas arriba el Estatut de Autonomía y la aplicación del 155, por el que lleva penando tres meses...

Si Junqueras fuera Superman y pudiera mover la Tierra para atrás, y quedarse como estaba, entonces rectificaría y empujaría al huido para que convocara unas elecciones que Oriol hubiera ganado de calle. Pero como no es Superman, nadie puede cambiar el pasado sino cargarlo a cuestas.

Cuando quede en libertad, saldrá como un potro domado, con la cerviz baja y hecho un figurín...

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¿Quién es... Roberto Giménez Gracia?
Roberto Giménez

Durante treinta años ha sido director del Vallés, era el segundo semanario más antiguo de Cataluña, y fue director de Honor de El Vallès del siglo XXI. Ha escrito diez volúmenes de la serie 'Casi treinta años y un día' -en Sant Jordi de 2017 se publicó el último: 'Mis Enemigos Íntimos'-. Son las memorias del director del semanario comarcal más leído en Cataluña, que desapareció seis meses después de que lo dejara. Cada Sant Jordi publica una edición de 100 ejemplares que se agotan el mismo día. ¿Por qué no hace más? "Son para mis amigos", responde. Retirado antes de tiempo, con 55 años, por culpa de una bala traidora en la médula... También se le puede seguir en Facebook -cada día laborable publica 'La libreta azul'- y en Twitter. No es el capitán Araña. Sus amigos dicen que es honesto y leal, pero eso se lo dicen porque son sus amigos. Para entrar en su cofradía exige Derecho de Admisión. Vale quien sirve, pero no sirve cualquiera.