El condenado por cuñado

Guillem Bota
07.06.2021
5 min

En los ágapes familiares de los Torra, al expresident le va a tocar hacer el papel de cuñado pelmazo y listillo, es decir, va a continuar ejerciendo su mismo papel, pero ahora con mayor motivo. En los últimos años, Quim Torra era el cuñado paliza que nadie quería tener sentado al lado, ya que empezaba durante los entremeses a echarse pisto diciendo lo listo que es, él, que fue capaz de subirse sueldo y pensión en plena pandemia, y a escasos minutos --como quien dice-- de ser inhabilitado, y lo estaba repitiendo todavía después de los postres. Eso si no había copa y puro que le proporcionaran tiempo extra. Con la reciente condena de su cuñado a cuatro años y medio de cárcel por defraudar al fisco y simular insolvencia, Torra se habrá venido todavía más arriba.

--¡Cuñaaao! Pero mira que eres burro. A quién se le ocurre una chapuza así para ganar dinero. Haberte metido en política, como yo. Mírame: sueldo estratosférico, pensión vitalicia, oficina y secretaria por la jeta. Y encima, me hacen reverencias por la calle. Que vayan diciendo que he sido el peor president de la historia, que vayan. ¡Cuñaaao! En Cataluña si quieres prosperar, hay que meterse en política, te lo repito siempre y no me haces caso. Siendo político, si te pillan en un renuncio, con decir que es un ataque a Cataluña, tema solucionado.

No ha de ser fácil, no, ser el cuñado condenado de Torra. Lo más probable es que, llegado el caso, el pobre hombre renuncie al tercer grado para evitar compartir mesa con su muy honorable familiar. Mucho mejor pasar la tarde del domingo en compañía de chorizos y maleantes, que aguantando lecciones de Quim Torra sobre cómo enriquecerse sin que le trinquen a uno.

Si el familiar del expresidente hubiera sido uno de tantos empresarios catalanes que se enriquecen estafando a Hacienda, no habría nada que objetar, más bien al contrario, sería un digno representante de la clase industrial catalana, quizás incluso Torra habría hecho valer los contactos que todavía posee para auparle a algún cargo oficial. Raro sería no encontrar en Cataluña cargo para un familiar, y si no lo hay, se crea. Pero habiéndole pillado, ha caído en desgracia, eso es un baldón en la familia Torra.

De puertas afuera, no hemos de tardar en escuchar que se trata de un caso claramente político, y que al honrado empresario se le ha perseguido por el solo hecho de ser familiar del expresident, así de malvado es el Estado español. De tal forma, a la vez que se proclama la inocencia del condenado, se hace creer que Torra tiene todavía suficiente importancia para que alguien se ocupe de castigarle a él y a sus familiares. Todo mentira, por supuesto, en especial la importancia de Torra, que no la tenía cuando ejercía y menos la tiene ahora. De puertas adentro, en cambio, el condenado va a tener que soportar durante mucho tiempo las burlas de su cuñado Torra, que si ya le tenía por un panoli antes, después de ser juzgado va a ser motivo de burla y escarnio en cada ocasión que se presente, por fortuna es de esperar que pocas en los próximos cuatro años y medio.

Es mala suerte caer en la familia de un líder independentista, aunque siendo familiar político hay que reconocer que algo ha puesto de su parte para tener esa mala fortuna. Si te pillan robando, eres objeto de burla por dejarte pillar. Pero peor es si en tu familia se enteran de que eres persona honrada, incapaz de estafar ni robar, alguien que jamás se aprovecharía de los demás para engordar su fortuna: entonces sí que has caído en desgracia, y serás objeto de escarnio por siempre jamás.

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¿Quién es... Guillem Bota?
Guillem Bota

Guillem Bota quiso ser siempre torero, pero haber nacido en un pueblecito de la provincia de Gerona (Fornells de la Selva, 1970) sin plaza de toros, le dificultó la vocación. No se rindió el maletilla, y embarcó en un carguero rumbo a América, con un hatillo y un viejo jersey de su madre que hacía las veces de capote, como único equipaje. Quiso la mala fortuna que el carguero atracara en Buenos Aires, ciudad en la que abundan las porteñas mas no los morlacos, con lo que desvió su atención de éstos a aquéllas, con desigual fortuna y algunas cogidas. A orillas del río de la Plata empezó a colaborar con distintos periódicos e incluso se atrevió con dos libros de relatos -le marcó conocer en persona a Roberto Fontanarrosa-­, siempre bajo seudónimo que ocultara a sus allegados el fracaso en la lidia. Regresó a su tierra más viejo pero más sabio y con cinco hijos allende los mares. Se instaló en el Ampurdán con la vana esperanza de que se le pegara algo de Josep Pla y de que no lo localizaran las madres de sus retoños.