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Bizarras palabras

Ignacio Vidal-Folch
4 min

El profesor de francés en mi colegio se llamaba Valero. Llevaba flojo el nudo de la corbata sobre una camisa de color amarillo o verde claro, lo cual en aquel colegio en blanco y negro era una rareza simpática y hasta diría que una bandera de alegre desenvoltura. Era Valero un hombre dinámico, entusiasta, un gran profesor. Décadas después aún a veces recuerdo el día en que preguntó a la clase el sentido de la palabra bizarre. Me precipité (“¡Yo, yo, profesor!”) a responder: “Bizarre quiere decir bravo, valiente.” O sea: bizarro. Pero no: bizarre quiere decir extraño, raro. Como en Vous êtes plutôt bizarroïde dans vos renseignements, mon cher: Proust, Sodoma y Gomorra, “Es usted más bien extrañoide en sus informaciones, querido amigo.”

Hoy mucha gente, sobre todo en círculos de la infracultura, ha adoptado para bizarro el sentido que la palabra tiene en francés y en inglés. Para ellos, pues, un hombre bizarro es un tipo difícil de comprender en razón de su rareza. Y si la gente se obstina en usar la palabra en este sentido, la RAE no tardará en recogerlo en su diccionario.

Pero a qué extrañarse de lo “bizarra” que es la deriva semántica de la palabra “bizarro”, cuando ya “Valero” tampoco remite a un profesor entusiasta y cabal, sino a ese concejal del PP en Novallas, Zaragoza, que en su página Facebook dice cosas horribles y vulgares contra los ministros comunistas: “Ojalá los asesinen a la vista de sus mujeres e hijos”, etc. Este Valero denota un alma más bien tosca y primitiva, poco evolucionada, que deshonra al partido en que milita. Es de esperar que cuando se publiquen estas líneas ya lo hayan despojado de sus cargos, por una temporada al menos.

Claro que las groserías de Eloy Valero, o ese “divertido” fusilamiento en efigie de algunos ministros del Gobierno por un tipo que ayer también levantó gran escándalo e indignación podemita, se hicieron en las redes sociales, que es como escribir grafitti en la puerta de un retrete. No tienen la gravedad simbólica de los fusilamientos que practica TV3% por mano de sus asalariados-portavoces Toni Albà y Jair Rodríguez: porque TV3% será una vergüenza nacional, de acuerdo, pero también es una cadena pública y tiene un deber de ejemplaridad que conculca sistemáticamente…

Pero a mí todo eso me importa poco, no por esas cosas me voy a desgarrar yo la mascarilla. No, aquí lo grave es que se ha mancillado un apellido, Valero, que para mí fue muy querido, como puerta de entrada que fue a la lengua y la cultura francesa para mí y todos los de mi clase. ¿No merece eso un respeto?

En señal de contrición, concejal Eloy Valero, vístete con un saco de esparto, echa ceniza sobre tu cabeza e intérnate en los Monegros a hacer ayuno y penitencia, de manera que no se sepa nada de ti en cierto tiempo. Luego, ya limpiada el alma gracias a la meditación en la soledad y el viento frío que de noche sopla en esos páramos, podrás volver a tu pueblo. Convertido, a lo mejor, en un hombre de provecho y bienhablado, o al menos no tan bizarro, de manera que no vuelvas a mancillar nunca más tu glorioso apellido.

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¿Quién es... Ignacio Vidal-Folch?
Ignacio Vidal-Folch

Por desgracia nací huérfano, ya que mis padres fueron aplastados por un aerolito un par de años antes de que yo naciese. Esta tragedia me obligó a formarme como autodidacta. De joven lavé platos en el Soho, fuí maquinista en un ballenero, croupier en un casino, músico callejero en la estación Sebastopol del metro de París, y dí tres veces la vuelta al mundo como inspector de hoteles para la cadena Savoy. Enriquecido por tantas experiencias volví a Barcelona, donde he publicado varias novelas y libros de relatos y colaboro con el diario El País y las revistas Tiempo, Jot Down y otras.