Compensar las donaciones de plasma en España, una necesidad

Anna Carleno bw
28.10.2021
4 min

Las donaciones de plasma son esenciales para tratar un gran abanico de enfermedades crónicas como las inmunodeficiencias o la hemofilia. Además de los beneficios conocidos, la investigación de nuevas áreas terapéuticas como el alzhéimer abren la puerta a una nueva era de la medicina.

Este año en Cataluña se harán 27.000 donaciones, el doble que hace cinco años, pero son necesarias 60.000 donaciones para poder garantizar los tratamientos necesarios a nuestros pacientes. Desafortunadamente la llegada de la pandemia ha agravado el problema, ya que ha dificultado a la población el acudir a los centros de donación.

El principio del altruismo en la donación de plasma ha demostrado ser bastante ineficaz en España. En concreto, y según datos de un informe reciente del Institut Ostrom, solo el 33,6% del suministro de plasma proviene de donantes no remunerados, de modo que los dos tercios restantes son recolectados de donantes compensados, mayoritariamente en Estados Unidos. En otras palabras, a pesar de reivindicar un modelo altruista, el sistema se mantiene a flote gracias a la compensación de los donantes en otros países.

La demanda de productos plasmáticos como la inmunoglobulina se prevé que siga creciendo al 6-10% en los próximos años, de modo que vamos a necesitar una mayor oferta de éste. Llegado el momento, nos quedarán dos opciones: la primera, consistente en replantear nuestro sistema de donación de plasma; y la segunda, en seguir dependiendo de otros países, como Estados Unidos, Alemania o Austria. De optar por la primera, podría plantearse un sistema mixto, como el la República Checa, en el que ambas vertientes, altruista y comercial, en vez de substituirse, se complementan. Según el Institut Ostrom, a pesar de tener una población cuatro veces menor que la española, la República Checa envía casi el doble de volumen de plasma a fraccionar que España.

El debate plantea dilemas éticos, como, por ejemplo, la posible explotación de los donantes más desfavorecidos. Para mitigar esta cuestión podría regularse que la compensación ofrecida por el plasma donado no sea suficiente como para constituir una fuente principal de ingresos y, en este mismo sentido, la frecuencia de donación también debería ser regulada con mayor precisión para velar por la seguridad de los donantes más habituales.

No debería ser difícil la transición hacia un sistema de donaciones de plasma mixto. Si bien en ningún caso la remuneración de plasma es aceptada legalmente en nuestro ordenamiento jurídico, no existe ningún impedimento constitucional para impulsar una reforma. En concreto, en la actualidad la gratuidad en la donación de plasma en España se regula en el Real Decreto 1088/2006, de 16 de septiembre, y en Cataluña en el Decret 298/2006, de 18 de julio. Como puede apreciarse, ambas regulaciones tienen naturaleza reglamentaria, por lo que podrían ser modificadas ágilmente para poner solución a esta situación.

Sin embargo, falta lo más importante: la voluntad política. Si no reformulamos con cierta rapidez nuestro sistema de recolección de plasma, el legislador simplemente va a ser un cómplice más de la escasez de hemoderivados y vamos a seguir dependiendo de terceros países, cuyo sistema igualmente se basa en la remuneración del plasma. Tenemos la opción de mejorar esta situación y las herramientas necesarias. Esta vez, ¿se atreverá el legislador a dar el paso? Está por ver.

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¿Quién es... Anna Carlero?
Anna Carlero

Anna Carlero i Guerrero. Graduada en Derecho por la Universidad Pompeu Fabra. El último año del grado lo cursó en la Università Cattolica del Sacro Cuore de Milán, realizando un itinerario de derecho público. Actualmente ejerce la abogacía en materia de urbanismo y ordenación del territorio y es investigadora asociada del Institut Ostrom.Anna Carlero